Carolina y Carina no sabían que se tenían. En distintos momentos de sus vidas, cada una emprendió el camino para averiguar su identidad biológica. Nacidas en 1978 y 1976, ambas iniciaron sus rastreos con Abuelas de Plaza de Mayo. Pero el cotejo de sus ADN con los del Banco Nacional de Datos Genéticos para saber si eran hijas de desaparecides dio negativo. Muchos años después, esos negativos se cruzaron y se concretó una hermandad inesperada, con 100% de certeza. Son hijas de la misma madre y el mismo padre. Siguen queriendo conocer su origen. Pero ahora Carolina y Carina saben que se tienen.

No es la primera vez que sucede y se trata de un fenómeno que crece: ya hubo por lo menos 14 encuentros entre hermanes –siete de ellos solo en lo que va del año–, y nueve entre madres e hijes a partir de búsquedas que habían dado negativo en el BNDG. El caso de Carolina Sangiorgi y Carina Rosavik fue el último, y ellas decidieron salir a contarlo.

«Estamos empezando a instrumentar para que se dé en forma más masiva. Aparte de recibir a la gente que se presenta, tenemos que salir a la campaña para buscar madres», dice Claudia Carlotto, titular de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi), que desde el año pasado cuenta con el Programa Nacional sobre el Derecho a la Identidad de Origen, al que puede acceder cualquier persona para conocer quién es, aun si su historia no se vincula con las prácticas de apropiación sistemática de menores de la última dictadura cívico-militar.

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Analía Lanza, a cargo del área de Presentaciones Espontáneas de Conadi, aclara que «el hecho de que sean hermanas no quiere decir que no sean hijas de desaparecidos. En la medida que no esté resuelta la identidad de esas personas, sigue en el Banco».

Carolina y Carina

Como en un espejo

Carolina siempre supo que era adoptada. Que quienes la criaron la buscaron en la Casa Cuna de La Plata, cuando tenía dos meses. Con esa familia creció en San Cayetano, al sur de la provincia de Buenos Aires. Su mamá adoptiva siempre le dijo que la acompañaría cuando quisiera buscar su identidad biológica. En 2005, tras mudarse a Mar del Plata y con el sostén de su compañero, inició ese periplo. «Fui a la sede de Abuelas y me dieron un turno para la entrevista, después analizaron mis papeles y me dijeron que me llamarían cuando hubiera gente de Buenos Aires para tomar la muestra. Ese día me acompañó mi mamá adoptiva. Al mes o dos meses, me avisaron el resultado negativo. En ese momento fuimos 15 chicos de la zona. Todos dimos negativo. Ahí me quedé en el molde. Dije ‘si tiene que ser, será’, y no seguí la búsqueda», relata a Tiempo.

Carina, criada en Córdoba, recién se enteró a los 23 años. Quienes decían ser su mamá y su papá no lo eran. Lo hizo cuando Abuelas la fue a buscar a su casa. Sospechaban de que podía ser hija de desaparecides, pese a que años antes, y por orden judicial, ya habían cotejado su ADN con el de una familia. Tanto ese resultado como el del cotejo con todo el Banco dieron negativos. Como Carolina, Carina también dejó de buscar. Pero en 2014 empezó a militar la causa. No por su propia historia, sino por otras y otros que ansiaban conocer sus orígenes. Desde entonces integra el colectivo Nosotros-Buscando Identidades Biológicas. «Yo había dejado de insistir. Militaba para buscar al resto, para ayudar a compañeros, pero mi búsqueda estaba archivada».

Ni Carolina ni Carina se imaginaban lo que vendría. A una la contactó la Conadi por Facebook, porque los teléfonos que había dejado en Abuelas estaban desactualizados. A la otra le avisaron desde la Secretaría de Derechos Humanos. «Tenés una hermana», les revelaron a ambas, sin que pudiesen creerlo. Con tres palabras les modificaban la vida.

Se vieron por primera vez por videollamada esta semana. Hubo silencio de shock, risas, sollozos. Y una conexión casi inmediata. El encuentro en persona ocurrió por fin ayer, luego de tener que postergarse debido a un aislamiento por Covid. Desde el primer llamado no pararon los intercambios de preguntas y fotos. Y el descubrimiento de los parecidos. Como dice Carolina: «Nos mirábamos y nos veíamos como en un espejo».

Los cruces pendientes

Ni Carina ni Carolina saben por qué se hizo el entrecruzamiento de sus datos en el BNDG. Pese que hay agrupaciones que lo reclaman, no hay un cruce sistemático entre todas las más de 14 mil personas que dieron negativo al buscar sus orígenes.

«En principio tanto Conadi como el Banco estaban enfocados en la búsqueda de padres desaparecidos de las personas que se presentaban. Es lo que establece la ley y teníamos como norma. Transcurriendo los años y con nuevos avances y nuevas formas de trabajo, cuando venía alguien que se había analizado y decía ‘creo que encontré a mi hermano o hermana’, hacíamos que se presente y pedíamos un entrecruzamiento entre esas dos personas. A veces pasaba que mientras se estaban realizando tipificaciones y estudios había una alta probabilidad de que tal persona fuera hermana de tal. Eso saltaba aleatoriamente y los científicos nos decían y así informábamos», detalla Carlotto. Y sigue: «Después vino un grupo de personas (que tenían una partera en común en sus historias) que estaban ya analizadas y daban negativo, y nos pidieron el entrecruzamiento para ver si había hermanos. Consultamos en el Banco si se podía entrecruzar a todos con todos y nos dijeron que no pueden a nivel técnico».

En tanto, unas tres mil personas ya se presentaron ante el Programa Nacional sobre el Derecho a la Identidad de Origen, que aún se está terminando de conformar. «Como no nos dieron ningún contrato para ahorrarle al Estado, tuvimos que hacer búsquedas en los ministerios, pedir pases y hacer capacitaciones. Ahora tenemos el equipo», cuenta Carlotto, y detalla que se conformará una base de datos interactiva para que las personas puedan volcar las piezas de su rompecabezas. Donde haya puntos en común, se ordenará el estudio de ADN.

Carina celebra los cambios en Conadi para que el Estado también se ocupe de la búsqueda de verdad de quienes dan negativo en el BNDG: «No tenemos por qué pagar, si es un derecho nuestra identidad. Se está peleando por una ley que nos avale el acceso al banco genético, que lo abran para toda la sociedad. Es mucha plata la que hay que invertir y no se puede en este momento, pero en algún momento se logrará. Además dependemos de ser buscados y buscadas. Si una parte sola busca, es más difícil el encuentro». «

Foto: BNDG
El próximo paso: buscar madres

El próximo paso del programa abocado a la búsqueda de identidad de origen de la Conadi es
salir a rastrear madres. “Hay tres mil y pico de casos ya presentados en Orígenes, pero hay
pocas madres (262) que digan ‘estoy buscando a mi hijo o hija’. Vamos a hacer una campaña
por todo el país hablando de este tema: impulsando a toda persona a que se acerque”, cuenta
Claudia Carlotto. Y agrega que se está armando “una base de datos interactiva donde va a
poder entrar la gente, llenar la información y nosotros chequear coincidencias para mandar a
hacer ADN cuando corresponda”.

A fines del año pasado se conoció uno de los encuentros concretados a partir de una madre
que se animó a buscar. El cruce con quienes habían dado negativo en el Banco le permitió
hallar a su hija.

Nélida Soria, la madre, se acercó el año pasado al BNDG, cuando supo que también podían
dejar sus muestras de sangre mujeres que buscan hijos o hijas nacidos entre el 1° de julio de
1974 y el 31 de diciembre de 1983. El cotejo con los datos previos la unió con su hija, Lourdes
Icoff, después de 43 años.

“Ya hubo nueve encuentros de este tipo entre personas que habían dado negativo. Ahora
queremos hacer algo superador: juntar más madres y hacer entrecruzamiento de datos –no
genético- en una base interactiva”, dice Carlotto. “Hay casos de madres que tienen distintas
fechas de nacimientos, pero hay un recorte de algunas que denuncian el robo de sus hijos en
el mismo período de la dictadura. Ingresar las muestras de esas madres es importante porque
quizás entre los casos nuestros pueda haber hijos de ellas”, completa Analía Lanza.

La ley de Provincia para quienes tengan dudas

En mayo entró en vigencia en la Provincia de Buenos Aires la Ley de Identidad de Origen, que apunta a dar herramientas estatales para que personas adoptadas irregularmente, apropiadas o con dudas sobre su identidad biológica más allá de las fechas, puedan encarar sus búsquedas. La norma 15.329 fue sancionada por la Legislatura el 22 de abril. La impulsaron organizaciones con la campaña «Todos tenemos derecho a saber de dónde venimos», a partir del reclamo y la iniciativa de Buscadores de identidad. Según estiman, son más de tres millones de personas en todo el país. No nacieron durante la última dictadura cívico-militar, pero tienen dudas sobre su identidad.

La ley establece que ya no es necesario que quien busca su historia tenga representación de un abogado o deba pagar para encarar el rastreo. Postula los principios de «Informalidad, Gratuidad y de Celeridad», y la «Confidencialidad, la Tutela Efectiva, Máxima información, Buena Fe, No discriminación y No revictimización» en el abordaje estatal de estos casos.

Así, podrán acceder (entre otras cosas) «a los datos contenidos en registros de hospitales, historias clínicas de parturientas, libros de partos, de nacimiento, de neonatología y de defunciones de establecimientos sanitarios de gestión pública o privada como así también en la Dirección Provincial del Registro de las Personas de la Provincia de Buenos Aires».

En su momento, la activista por el derecho a la identidad Laura Louzau, referente de la campaña «Mamá, te estoy buscando» y el grupo Víctimas de identidad sustituida, remarcó: «Ya se abrió la puerta y eso es clave».

Dónde contactarse

Quienes dudan sobre su identidad pueden contactarse con el Programa Nacional sobre el Derecho a la Identidad Biológica de la Conadi. También pueden acudir madres y/o familiares. Para contactarse: [email protected] o (011) 5300-4140 / 11-2756-8330, con partida de nacimiento (no es excluyente) y DNI.