En 2011, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un tercio de la producción mundial de alimentos se desperdiciaba. Una década después y pese a las políticas que se intentó impulsar desde entonces, el panorama es aún peor. Un informe del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) calculó que el 40% de los alimentos nunca son consumidos y terminan cada año en la basura.

Se trata de alrededor de 2.250 millones de toneladas de alimentos producidos que se pierden anualmente, 950 millones de toneladas más de lo que se creía en 2011. La novedad del informe es que pone el foco no sólo en las instancias de comercio y consumo, sino también en la producción agropecuaria, contemplando las etapas de transporte, almacenamiento, fabricación y procesamiento.

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“De los 2250 millones de toneladas de desperdicio, casi la mitad se considera que está en los establecimientos productivos. Eso es lo que más refuerza el informe: una mejor práctica agrícola y mayor presencia de organismos de control podría reducir gran parte de esto”, advirtió Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina, que difundió los resultados del informe a nivel local.

“Más allá de más control, tiene que haber incentivos y desincentivos. Por ejemplo en los caminos rurales o rutas hay mucho grano tirado. Hay un tema de transporte y la ineficiencia no se mejora: pareciera ser que sale menos perder toneladas de grano”, apuntó Jaramillo sobre una de las áreas a trabajar. Y destacó “no solo la falla ética de tirar alimentos cuando hay tantas personas sin comer; a su vez estamos convirtiendo ambientes naturales que son la base para la producción actual y futura para generar algo que se tira. Eso hay que cambiarlo, en un contexto de cambio climático cada vez más acuciante”.

Esta semana, de hecho, se conoció el último y alarmante informe de los expertos de la ONU sobre clima (IPCC), que advirtió sobre la rapidez, intensidad e irreversibilidad del calentamiento global. El informe sobre desperdicio de alimentos también apunta que esa suba se traduce en más emisiones de gases de efecto invernadero generadas por los alimentos que no se consumen. Las estimaciones previas indicaban que esto representaba el 8% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero. A partir de este estudio ese cálculo se acerca al 10%.

El informe traza un panorama a nivel mundial. A nivel local, según Jaramillo, el tema pasa desapercibido. La Argentina no está entre los 11 países de los 192 que presentaron planes climáticos incluyendo el factor de la pérdida y desperdicio de alimentos en el marco del Acuerdo de París. Pese a que a nivel local se dan situaciones vinculadas al desperdicio de alimento como el descarte ilegal de merluza, denunciado por Vida Silvestre: se calcula que la industria pesquera descarta anualmente más de 110 millones de kilos de merluza en buen estado al mar.

“A veces la gente no entiende por qué una organización ambientalista se mete con el tema de los alimentos. Básicamente, porque nuestra alimentación tracciona la frontera agrícola”, remarcó Jaramillo. Es decir, implica más deforestación y desmonte, en un momento en que el avance del cambio climático y sus consecuencias obligan a ir en sentido contrario.

El documento sobre desperdicio de alimento apunta a la necesidad de mayor concientización sobre el tema y cambios en las prácticas de comercio y consumo, pero sobre todo al rol de gobiernos y a instancias nacionales e internacionales que pongan como eje revertir el descarte de toneladas de millones de comida. Tantas, que alcanzarían para alimentar más de siete veces a la población que pasa hambre en el mundo.