Las imágenes en la isla española de La Palma asombran. Ríos de lava que bajan de la montaña y se tragan casas y caminos hasta llegar al mar. Pero eso que ocurre muy lejos, al otro lado del océano, debe recordarles a los argentinos que este país también está en una zona de gran presencia volcánica: se estima que a lo largo de la Cordillera de los Andes existen 120 volcanes activos, 39 de ellos en territorio argentino o en la zona limítrofe con Chile.

La doctora en Geofísica Gabriela Badi, docente e investigadora en Sismología Volcánica en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad de La Plata, enfatiza que todo volcán activo genera algún tipo de señal. Si un volcán tiene instrumentación para su vigilancia y se realiza un monitoreo continuo, algún cambio en su actividad seguramente puede identificarse: “La cuestión es poder identificar cuáles son los cambios en las señales que anticipan la erupción. Esa es la tarea difícil, porque todos los volcanes son diferentes. Cada uno tiene su propio dialecto. Por más que haya muchas señales parecidas, hay detalles propios de cada volcán”.

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El monitoreo en la Argentina está a cargo del Observatorio Argentino de Vigilancia Volcánica (OAVV), dependiente del Servicio Geológico y Minero Argentino (Segemar). La Cordillera de los Andes, frontera con Chile, suma unos 120 volcanes activos. “En particular, hay unos 18 que se encuentran en la zona limítrofe, que son compartidos, y conocemos otros 21 volcanes activos que están totalmente en territorio argentino”, remarca Badi.

El Segemar elaboró un ranking de Riesgo Volcánico Relativo, teniendo en cuenta el tipo de volcán, la frecuencia y la magnitud de sus erupciones, los productos que ha generado en el pasado o si presenta en la actualidad alguna actividad superficial o sísmica.

El primer lugar se lo lleva el volcán Copahue, debido a que es el único en el país con población estable (Caviahue y Copahue, por ejemplo) y actividad turística a escasos 10 kilómetros. “Sin embargo, las erupciones históricas de este volcán han mostrado que su impacto perjudicial es localmente restringido. Por el contrario, hay otros volcanes de naturaleza mucho más explosiva con producción de lluvias de ceniza que han afectado fuertemente economías regionales alejadas, como el caso de Láscar Chaiten, Calbuco, Cordón Caulle, todos situados en Chile”, menciona Patricia Sruoga, geóloga, investigadora del Conicet y del Segemar.

“El volcán más peligroso es el Complejo Volcánico Planchón Peteroa, en Mendoza, debido a la explosividad de alguna erupción pasada y a las mayores distancias alcanzadas por los productos emitidos, flujos y cenizas”, completa Badi.

Sebastián García, titular del Observatorio Argentino Vigilancia Volcánica del Segemar, explica que se considera activo a todo volcán que ha tenido una erupción en los últimos 10 mil años aproximadamente: “Esto, en tiempos humanos puede parecer mucho, pero no es así en tiempos geológicos”. Los diez volcanes que presentan mayor riesgo para nuestro país son: Copahue (Neuquén), Complejo Volcánico Planchón Peteroa (Mendoza), Complejo Volcánico Laguna del Maule (Neuquén/Mendoza), Lanín (Neuquén), Tupungatito (Mendoza), Maipo (Mendoza), Complejo Volcánico Cerro Blanco (Catamarca), San José (Mendoza), Lastarria (Catamarca) y el volcán Tuzgle (Jujuy).

“A diferencia de los terremotos, que a la fecha no son posibles de predecir, las erupciones volcánicas se pueden pronosticar”, apunta García. Y acota: “El monitoreo se realiza mediante la instalación de equipamiento específico sobre el volcán, o también utilizando algunos sensores alejados o remotos. Y se analizan a lo largo del tiempo con la finalidad de detectar oportunamente cambios en la actividad volcánica”.

El problema de que un volcán entre en erupción no es solo la lava, las explosiones y la contaminación atmosférica con lluvia ácida, sino lo que queda después. Aún hoy se puede apreciar ceniza volcánica en sectores de Río Negro y Neuquén, por los volcanes Puyehue y Calbuco, que erupcionaron en Chile en los últimos diez años. Sruoga comenta que la incorporación de la ceniza volcánica en el suelo depende en gran medida de las condiciones climáticas: “En un extremo, la ceniza arrojada por el volcán Cordón Caulle en 1960 ha sido totalmente asimilada por el suelo en la zona oeste de Bariloche y Villa La Angostura. En el otro, tenemos la ceniza del volcán Quizapu, que aún permanece en superficie y a merced del viento en el sur de Mendoza, luego de 89 años de producida la erupción”.  «

Incendios en el norte cordobés

La escena se repite cada vez con mayor frecuencia: incendios en Córdoba. Esta vez afectan al norte de la provincia y ya provocaron tres muertes. El ministro de Ambiente, Juan Cabandié, volvió a reclamar celeridad a la Justicia con quienes provocan los incendios y envió más recursos para combatir las llamas, que comenzaron hace casi diez días y cuyo origen aún se desconoce. Nación envió cuatro aviones hidrantes, además de helicópteros, brigadistas y pick-ups. Recién entre el jueves y el viernes mejoraron las condiciones meteorológicas, aunque persistían un par de focos activos en la zona de San Pedro Viejo. Con la primavera recién comenzando, parece ser un anticipo de lo que será un verano con peligro ambiental latente.