En medio de una crecida de casos de coronavirus, a partir de un brote en Río Grande, un animal es el centro de la atención de los habitantes de Tierra del Fuego. Se trata del conejo, que acaba de ser declarado como  “especie exótica e invasora de la provincia” –tras un intento de erradicación de un centro científico–, y dictaminaron la necesidad de controlarlo por los daños que genera al ambiente.

El conejo de Castilla (Oryctolagus cuniculus) fue introducido desde el Viejo Continente por los primeros colonos. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la considera una de las cien especies invasoras más dañinas del planeta, y en la provincia más austral del país es la segunda con mayor potencial nocivo, después del castor. «Ha causado daños ecológicos irreversibles como la destrucción del suelo y eliminación de especies animales y vegetales autóctonas”, subrayó el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC) semanas atrás en un comunicado, cuando revelaron la intención de erradicarlos mediante la colocación de fosfuro de aluminio en sus cuevas. «Eso mata a los animales. Este tratamiento se emplea en la zona más afectada en el CADIC, es un método aprobado en el país para el tratamiento de los cultivos, es inocuo para los humanos, porque además la sustancia, pasadas unas horas, se descompone en sus constituyentes naturales. Después con los residuales, se los elimina de forma manual. La verdad es que no es agradable como suena, pero hay que matarlos”, se sinceró el doctor Daniel Ferreyra, director del CADIC, en diálogo con El Sureño.

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La novedad generó protestas de organizaciones animales, y el juez Federal de Ushuaia, Federico Calvete, hizo lugar a una medida cautelar presentada por la Asociación de Abogados y Funcionarios para la Defensa de los Animales (Afada) y la Asociación Amigos del Reino Animal Fueguino (Araf), en la que le prohibió al CADIC llevar adelante la erradicación de los conejos mediante la fumigación con gas fosfina. En su lugar, convocó a una audiencia multisectorial para implementar un plan alternativo (propuesto por las organizaciones) cuyo objetivo es capturar los animales, esterilizarlos y trasladarlos a un predio especial. Sin embargo, el que apareció en escena fue el Consejo Provincial de Medio Ambiente, un organismo multisectorial que integran desde funcionarios hasta miembros de organizaciones no gubernamentales, al suscribir por consenso un predictamen que enfatiza la necesidad de controlar al conejo como “especie exótica e invasora de la provincia”. Nancy Fernández, de la asociación Manekenk, una de las que participó del Consejo Provincial, sostuvo que en el pre dictamen solicitaron a la Justicia “que tome en serio la situación de especie exóticas en la provincia. El conejo es una especie exótica, debe ser controlada y erradicada».

Desde Araf enfatizaron que el gas fosfina «está calificado por la OMS en categoría IA como extremadamente tóxico». Y agregaron que la acción de amparo fue presentada «hasta encontrar una alternativa para el control ético de la población de conejos y que el medio ambiente no sufra un daño irreversible. El eventual envenenamiento de conejos no sólo generaría que mueran de una manera cruenta, generando un daño irreparable, sino que además afectaría todo el equilibrio natural y tendría consecuencias en toda la naturaleza”.

En CADIC apeló el fallo del juez, al que calificaron como «un esbozo de idea con contenido y precisiones extremadamente básicos y carentes de sustento biológico, lo que demuestra ignorancia en el manejo de animales no domesticados, y constituye “un precedente jurídico lesivo para el desarrollo e implementación de las políticas públicas en todo el territorio nacional para controlar o eliminar el daño producido por las especies exóticas invasoras a la salud, a los ecosistemas y a la agroindustria».

La ministra de Producción y Ambiente de la provincia, Sonia Castiglione, relató tras el encuentro que “se buscó suscribir un documento de consenso respecto al control de especies exóticas en el predio del CADIC y en relación al concepto y las prácticas necesarias para estas especies en toda la provincia. Como la intención es trabajar, y de hecho también en sintonía con la Autoridad Nacional de Biodiversidad del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Nación, pusimos sobre la mesa de trabajo el tema para poder llegar a una resolución”. Ahora la intención de asociaciones y científicos es que la Legislatura provincial sancione una normativa para que también se lo declare como especie invasora.

En la década del ’80 las poblaciones de conejos habían sido controladas, pero comenzaron a recuperarse hacia el 2000, sobre todo en Ushuaia, donde se encuentran las instalaciones del CADIC. Según afirman, en 2020 la explosión demográfica del conejo europeo fue exponencial, y encendió las alarmas de la institución, por los daños que genera en un arco amplio que abarca desde plantaciones y erosión de suelos en zonas de mucha lluvia, la desaparición de especies autóctonas o los hundimientos y derrumbes provocados por el sistema de túneles subterráneos de las madrigueras, hasta la destrucción de restos arqueológicos y el riesgo para las operaciones aéreas porque las turbinas de aviones podrían engullir a los conejos. “El problema es que hubo una temporada brutal de conejos este año. Es un tema que hace rato lo veníamos viendo, y este año empezamos a notar que hay efectos muy significativos en la estructura del CADIC. Nosotros tenemos que protegerlo porque es un predio de la Nación”, detalló Ferreyra.

El director del CADIC mencionó que cuando se introdujeron especies exóticas en la isla no se tuvieron en cuenta los factores de control: predadores, enfermedades, falta de alimentos en alguna temporada, que sí están presentes en los hábitats originarios de las mismas. Esto generó una competencia más exitosa en relación a las especies nativas: “El conejo europeo en Europa no produce los daños que produce acá, porque hay lobos, zorros, animales que se encargan de que no se produzca esa explosión demográfica. Lo mismo pasó con los castores, que se introdujeron desde Canadá, por el tema del cuero, pensando en la similitud de la geografía, sin tener en cuenta que las temperaturas nomás ya son muy diferentes y que tampoco tenemos predadores de castor acá, fíjate los estragos que ya ha causado en la isla”.

También reconoció que en el caso particular de los conejos, a diferencia de otros animales invasivos, se complica tomar cualquier medida por el factor emotivo de la población: “El problema con el conejo es que tiene buena prensa. Pero si pensamos en las ratas, por ejemplo, no hacen un daño tan grande como el que hacen los conejos, y sin embargo las envenenamos, las matamos sin miramientos. Pero como la rata en el Siglo XV fue vector para la peste bubónica, quedó como un bicho maldito para la humanidad. Con un animal icónico como el conejo, es complicado, hay mucha reactividad”.

Riesgo propio

El doctor Daniel Ferreyra, director del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC), aseguró que el fosfuro de aluminio no afecta la seguridad de otras especies animales y posee un impacto nulo para el ambiente. Y reconoció que si bien es una opción menos científica, la carne de los conejos sigue siendo comestible, aunque al estar habitando en forma silvestre, no se puede masificar su consumo, debido a que no cumple con las recomendaciones mínimas de salubridad, sobre todo en medio de una pandemia que trajo a luz el riesgo sanitario del contacto humano con especies silvestres: “Hay gente que los caza y se los come. El tema es que, no se puede hacer de manera comercial, porque no hay procedimientos bromatológicos y no está regulado por la ley. Es algo que quien lo hace tiene que hacerlo a riesgo propio”.