La situación de las sequías en gran parte del país es dramática, y el Litoral es desde hace tiempo un epicentro de ese fenómeno climático extremo. Lo sufren las personas en su vida cotidiana, los servicios que generan más deficiencias a las que ya suelen tener, las empresas que no pueden producir con normalidad, y también las padecen los animales.

La zona de la laguna Juan de Garay de Santo Tomé, más conocida como Bedetti, hoy es roca y arcilla. Las imágenes la hacen parecer un desierto, pero ahí hubo agua, y mucha. La suficiente como para que las tortugas decidieran utilizarla como su hábitat. El cambio climático ahora las pone en una encrucijada vital para sobrevivir.

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Ante eso, el grupo Mesa Territorial Ambiental se dispuso a relevarlas, tanto a ellas como a otras especies que encuentren, y desde ayer empezaron el operativo rescate. Se dividieron en dos tunos, uno a las 10 de la mañana y otro a las 19. Las tareas las realizan junto a un rescatista que los guía por la zona porque, a pesar de la sequedad, la superficie agrietada tiene humedad por debajo, lo que puede generar que ceda el terreno. El equipo también habló con técnicos en higiene y seguridad, quienes les recomendaron que caminen con botas, porque al haber malezas puede aparecer algún anfibio.

«Nuestra intención es contactarnos con gente idónea para que nos diga si es posible rescatar esta parte de la fauna y a dónde se las puede llevar», explicó al medio santafesino Pamela Vicens, integrante de la agrupación. Contó que consultaron a una bióloga y «como las tortugas que están en el sitio son de río, se pueden llevar y liberar en el río Salado».

En Añapiré, los flamencos se quedaron sin laguna. Ubicado a 60 kilómetros de la Ciudad de Santa Fe, hasta hace poco era un humedal que recibía la visita de infinidad de aves, y los flamencos rosados eran las estrellas. No fue hace mucho, menos de ocho meses atrás las escenas filmadas por medios y especialistas los mostraban vigorosos y en un número amplio de ejemplares disfrutando del agua y el entorno. Ahora, según narra El Litoral que recorrió la zona, “apenas si se puede ver un manchón húmedo entre toda la tierra”.

La bióloga santafesina Caterina Barisón, contó que los flamencos en primavera y verano se encuentran en sitios de nidificación. Uno de los más importantes es la laguna de Mar Chiquita, en Córdoba. Allí buscan pareja, construyen los nidos, empollan y crían a los pichones. Con la llegada de las bajas temperaturas suelen desplazarse a otras lagunas, por ejemplo las santafesinas, donde también se podía ver a otros ejemplares que la elegían además para hacer sus nidos, algo que hoy se les vuelve imposible. “Sin embargo, los desplazamientos que realizan estas aves siguen siendo una gran incógnita a resolver por parte de los especialistas”, acotó Barisón. Desde el Caribe, bajando por todo el continente, los flamencos sufren de amenazas: las naturales son sobre todo los huracanes y las sequías. Y también están las producidas por el humano. En el caribe colombiano, por ejemplo, están en peligro de extinción, la gente consume sus huevos y los venden como aves exóticas, a pesar de estar prohibido desde 1964.

«Cuando las seguías son parte de una dinámica natural, por lo general, las plantas y animales silvestres están adaptados a ellas. Es decir, pueden resistirlas, refugiándose, disminuyendo su actividad vital o con estrategias reproductivas. Pero la situación actual es otra, porque esa diversidad de formas de vida enfrentan un abanico de factores humanos, desde el cambio climático global a la contaminación con agroquímicos, los incendios intencionales, el reemplazo de humedales por barrios privados, el aumento de la población humana, el déficit de reservas naturales y la impunidad con que se castigan los ilícitos ambientales», expresó a Tiempo Claudio Bertonatti, asesor científico de la Fundación Azara.

¿Adónde podrían ir los animales expulsados por las sequías? Responde Bertonatti: «El destino es incierto, porque los flamencos, como muchas otras aves acuáticas habitan en cuerpos de agua con condiciones particulares. En este caso (flamencos) prefieren aguas salobres. Y es allí donde se alimentan y pueden reproducir. Vale decir que no van a cualquier espejo de agua. Otras aves, por el contrario, prefieren el agua dulce. Pero estas sequías son más mortales para animales que no tienen la capacidad de desplazamiento de las aves. Pensemos en los peces, los anfibios y muchos reptiles. Lo que muchas personas (sobre todo, los legisladores) no computan es que todas estas especies son las que interactúan para que los humedales puedan brindar bienes y servicios ambientales a la sociedad. Bienes como peces que se comen o que son atractores del turismo por la pesca deportiva, aves que convocan a miles de observadores o «birdwatchers» de todo el mundo, bañados que regulan las inundaciones, escenarios recreativos para el goce de los visitantes… De ahí que el no tratar la ley de humedales es claramente un atentado contra toda la sociedad. Y si uno se pregunta sobre los motivos de esta postergación para algo que urge habría que investigar a los legisladores para saber a qué intereses responden. ¿Mineros…?».

Esta semana, El Litoral sobrevoló también la laguna de Paiva, en Santa Fe, con un drone. Captó algo “nunca visto”, según relataron: el espejo de agua estaba casi extinto. El lugar, ubicado a unos 35 kilómetros al norte de la ciudad capital de la provincia, vive un escenario inédito. “Hasta hace ocho años atrás la laguna tenía un murallón que contenía y le daba el nivel de agua necesario para poder disfrutar del lugar. Producto del paso del tiempo y la erosión misma que produce el agua, sumado a la falta de mantenimiento hemos perdido el control”, planteó el intendente de Paiva, Elvio Cotterli.

El mandatario agregó que si bien el panorama es desolador, “se están desarrollando las tareas y obras necesarias justamente para recuperar el espejo de agua. También estamos en medio de un proceso de sequía que hace mucho no vemos en la región. Esto también contribuyó a que se produzca esta triste imagen de la laguna”. 

El ‘azud nivelador’ que necesitan para que funcione a modo de murallón y otorgue nivel al agua tuvo su licitación en junio, a cargo del gobierno provincial, y una empresa ya lo está construyendo. Claro que demandará 16 meses. “Paradójicamente –explicó Cotterli–, es el momento de hacer la obra porque hay sequía, lo que permitirá avanzar más rápidamente a la empresa”.

Otras víctimas: los incendios en el sur

Los fuegos al norte de Puerto Madryn y en cercanías a Península Valdés dejaron otro paisaje de desolación. “La pérdida de animales es imposible de estimar en la superficie de hectáreas que se quemaron. El fuego arrasó la flora”, sostuvo Fernando Bersano, director de Flora y Fauna de Chubut.

Aún están esperando la habilitación para ingresar al área y hacer un relevamiento para tener un estimativo de mortandad de animales: “Diferenciamos los animales en dos grupos, los que fueron alcanzados por el fuego y murieron y el grupo afectado por el incendio. “Los animales rescatados han sido muy pocos. La velocidad con la que avanza el fuego, más el calor y el humo, no dan posibilidades. Para estimar números necesitamos el ingreso al área y las atenciones se harán cuando se vayan informando”.

Bersano agregó: “Lo que llama la atención es la desolación. Lo que es flora se arrasó, kilómetros de nada. Lo más preocupante es la pérdida total de cobertura. Hay un grupo que se ofreció a la recolección de semillas y hacer un desarrollo de plantas. Son proyectos a mediano y largo plazo, pero es a lo que hay que encarar porque la fauna y los animales que perecieron representan un problema mayor de los que ya hay por la pérdida de cobertura. Va a llevar muchísimo tiempo la recuperación de la flora perdida. El ecosistema de vegetación en Patagonia es bastante frágil. El planteo a largo plazo será la recuperación de cobertura vegetal”.