La bandera que lleva Marta Salazar la hizo Marianita, la hija de Adriana, dice. Es otra de las viajeras que en la marcha del miércoles por las calles de Moscú llevó el reclamo por Santiago Maldonado. Ella, docente jubilada, viene juntando peso sobre peso y se sumó a un tour para recordar el centenario de la Revolución Rusa que le permitió estar en ese acontecimiento histórico pagando en cuotas. De otra manera, recalca, hubiese resultado imposible.

Además de sostener una punta de la más grande de las banderas que llevaban los militantes que conmemoraron aquel histórico 7 de noviembre de 1917, tenía una wipala, la insignia de los pueblos originarios. Pero lo que más la movilizó fue llevar ese reclamo argentino hasta la capital rusa para que todos los ojos del mundo lo vean.

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Junto a ella estaba Nora Castillo, también docente y trabajadora estatal. Ella, más modesta, llevaba un cartel con el rostro del joven desaparecido en la Lof de Cushamen el 1 de agosto pasado. También ella tiene para más de un año de cuotas por el viaje, pero dice que valió la pena.

“Eso si, estoy sorprendida por la forma en que convive el pasado con la actualidad”, dice Nora. Y detalla: las imágenes de Lenin y la iconografía soviética con las grandes marcas internacionales y los Mercedes Benz que se muestran en la ciudad.

Marta, en cambio, asegura no estar sorprendida porque ya estaba al tanto de cómo había cambiado el país desde la caída de la Unión Soviética. “Quise ver si se había cumplido lo que alguna vez dijo el Che”, resalta.

Y piensa en el lujo de los palacios que recorrió y en eso que le dijeron, de que muchos habían quedado destruidos luego de la guerra civil y el gobierno popular los reconstruyó fielmente. “¿Para qué habran gastado esa plata?” se pregunta.