Lo dijo el Che Guevara a poco de que la guerrilla hubiera tomado el poder, tras aquel ingreso triunfal en La Habana, el 1 de enero de 1959, junto a Fidel Castro. “La Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros”. Estados Unidos fue desde entonces el primer escollo para que el nuevo gobierno pudiera asentarse y desarrollar el proceso revolucionario. El presidente republicano Dwight Eisenhower presionó primero políticamente y después amenazó con limitar la compra de azúcar, el principal producto de exportación.

Los revolucionarios respondieron con una reforma agraria, la expropiación de multinacionales y el acercamiento a la Unión Soviética. En represalia, ya en octubre de 1960, Eisenhower, héroe de la II Guerra Mundial, anuncia el bloqueo económico a la isla y en enero de 1961, poco antes de entregar el poder, rompe relaciones diplomáticas. Miles de cubanos de las clases más acomodadas se trasladan a Miami.

El 16 de abril de 1961, ya con John Kennedy en la Casa Blanca, un grupo de estos exiliados a los que se sumaron mercenarios con apoyo de la CIA, intenta la invasión a través de Playa Girón, en la Bahía de Cochinos, al centro de la Isla. Castro se pone a la cabeza de la defensa y logra un triunfo aplastante sobre esas milicias armadas por Washington.

La fallida invasión, según coinciden muchos historiadores, habría dado origen a una conspiración contra Kennedy de los grupos más exaltados de cubanos exiliados y con apoyo de la CIA y el FBI que en noviembre de 1963 acabó con la vida del presidente estadounidense en Dallas. Para los cubanos, Playa Girón es el símbolo de la resistencia contra el imperio que busca recuperar su joya más preciada, donde se enseñoreaban los capos de la mafia a media hora de avión de Nueva York, 90 millas náuticas de Miami.

Tras esa ofensiva, Fidel proclamó el carácter marxista-leninista de la Revolución Cubana y, a través de la “Segunda declaración de La Habana”, y alineó a su gobierno con la política exterior de la Unión Soviética. Al mismo tiempo, eliminó a los funcionarios liberales con los que se había aliado al llegar al poder y unificó a los grupos políticos que apoyaban este proceso en un único Partido Unido de la Revolución Socialista.

Cuba fue el primer Estado socialista de Latinoamérica y sobrevivió incluso a la URSS, aunque a un precio que demuestra la voluntad, tanto de Fidel como de quienes lo acompañaron en el gobierno y del pueblo cubano.

Cuba se convierte en ejemplo para generaciones de latinoamericanos que veían al imperialismo estadounidense como el mayor obstáculo para la democracia y el crecimiento armónico en la región.

Estados Unidos busca desesperadamente desde entonces derrotar a esos barbudos que se rebelaron a apenas 90 millas de sus costas y mostraban al mundo que, con voluntad y patriotismo, se podía. La guerra de Vietnam estaba en pleno auge, como para tener en cuenta el significado de la gesta cubana.

Fue así que el 31 de enero de 1962, y con la presión de EE UU, la OEA expulsa a Cuba de esa organización. Cuba era mala palabra y varios gobiernos fueron destituidos por no seguir esa línea de enfrentamiento radical, entre ellos el del Arturo Frondizi, luego de saberse que había mantenido una reunión con Guevara.

Este viernes, además de recordar aquella gesta, comenzará el VIII Congreso del Partido Comunista (PCC), la cita política más importante en la isla, con una agenda en la que sobresale el relevo de Raúl Castro – el hermano de Fidel-  la respuesta a la pandemia, la profundización de las reformas económicas, el impacto del mayor acceso a Internet y la formación de nuevos cuadros políticos.

Alrededor de mil delegados participarán del encuentro, programado hasta el 19 de abril -fecha en que se recuerda el fin de esa batalla contra el invasor- en el Palacio de Convenciones de La Habana, bajo el título “El Congreso de la continuidad histórica de la Revolución Cubana”.

En la ocasión también se eligirá a las nuevas autoridades del PCC. El actual presidente, Miguel Díaz-Canel, de 60 años, ocupará formalmente el mayor cargo dentro del partido.