La prohibición a Sputnik y RT por las autoridades de la Unión Europea, el bloqueo a sus canales y redes sociales, y las etiquetas a periodistas individuales en sus cuentas personales de Twitter como “medios controlados por el gobierno ruso” son parte de un ataque nunca visto contra la libertad de expresión.

Sputnik ha cerrado sus oficinas en España, Francia, Alemania y Grecia, ante la imposibilidad de trabajar. Las cuentas de TikTok e Instagram de estos medios rusos ya han dejado de funcionar en la UE y Google ha eliminado de sus catálogos las aplicaciones relativas a Sputnik y RT.

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Y lo que es peor, han decidido etiquetar a periodistas en sus cuentas personales en redes sociales, lo cual ha sido denunciado por numerosas organizaciones periodísticas del continente, entre ellas, la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPAL), capítulo de la Federación Internacional de Periodistas (FIP).

En medio del grave conflicto en Ucrania, EEUU y la UE intentan acallar las únicas voces que muestran el otro lado de los acontecimientos, y no solo la realidad, en muchas ocasiones fabricada, que pintan los medios occidentales.

No es la primera vez que Sputnik y RT sufren este tipo de censura. Ya desde hace tiempo, Twitter y Facebook colocan una etiqueta: «Medios afiliados al gobierno, Rusia».  Esto no lo hacen con otras agencias estatales. Estas transnacionales privadas de la comunicación se arrogan el derecho de censurar a su antojo al servicio de los intereses de EEUU y la UE.

Además, durante estos días la página web y los servicios de Sputnik se han visto interrumpidos con frecuencia en muchas otras partes del mundo. Por ejemplo, en Uruguay, la telefónica estatal Antel quitó a RT de la grilla de su plataforma de streaming Vera, en un hecho tan grave, que hasta el senador Guido Manini Ríos de Cabildo Abierto, un partido de derecha aliado del Gobierno de Luis Lacalle Pou, se pronunció en contra. El propio presidente uruguayo tuvo que aclarar que no estaba de acuerdo con la medida, aunque no se levantó. En América Latina, donde hemos dejado atrás las terribles dictaduras totalitarias, y en Argentina, único país del continente a quien la OTAN le ha dirigido una guerra, la tradición de la libertad de expresión debe ser defendida a toda costa.