El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, atraviesa el momento más crítico de su breve gobierno. Las movilizaciones indígenas paralizan al país y el mandatario pierde apoyo político tras la ruptura con el exalcalde de Guayaquil y líder del Partido Social Cristiano, Jaime Nebot. La Asamblea busca destituirlo, pero Lasso se respalda en las Fuerzas Armadas, como dejó en claro el ministro de Defensa, Luis Lara, tras acusar a los manifestantes de “atentar en contra de la democracia”.

Las protestas confluyeron esta semana en la capital, Quito, por lo que el presidente decidió extender el estado de excepción de tres a seis de las 24 provincias de Ecuador. Lasso también sugirió que Leónidas Iza, titular de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), al frente de las manifestaciones, buscaba derrocarlo. En tanto, Iza, que fue detenido unas horas al inicio de la movilización, dijo que el mandatario no quería resolver el aumento de los precios del diesel y la nafta, la principal demanda.

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Por otra parte, el expresidente Rafael Correa aseguró, mediante su cuenta de Twitter, que se deberán reunir firmas para la revocatoria de mandato a Lasso, y su vicepresidente, Alfredo Borrero, quienes enfrentan tres pedidos de revocatoria de mandato que están en trámite en el Consejo Nacional Electoral.

El conflicto con el movimiento indígena está consumiendo a Lasso, que teme terminar como sus antecesores Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez, cuyos gobiernos cayeron por la presión de las calles. La Conaie y las organizaciones sociales pusieron en jaque a Lenín Moreno en octubre de 2019 a través de una movilización masiva, que acabó con once muertos y más de mil heridos, otro antecedente que preocupa a Lasso.

Foto: Rodrigo Buendia / AFP

La Conaie es un actor de peso en la vida política ecuatoriana y el de Lasso es un gobierno que lleva poco más de un año en funciones. Frente a una crisis existencial, el presidente optó por seguir ignorando el tema de los combustibles y propuso respuestas parciales: aumentó el bono de desarrollo humano, una prestación social que será de 55 dólares, prometió créditos y una moratoria para los pequeños agricultores y dijo que incrementará los presupuestos en salud y educación. A continuación, militarizó Quito y levantó una fortaleza alrededor del palacio presidencial.

“Un primer momento de la protesta estuvo centrado en que Lasso dejara el poder. Y desde el martes se busca entrar en un diálogo para conseguir algunas de las demandas. No hay votos suficientes para la salida de Lasso a través del Legislativo. La salida viable del conflicto es entonces la negociación. Este gobierno no ha dado ninguna respuesta seria a los problemas”, dice el politólogo ecuatoriano David Chávez. “El paro actual se puede leer en el plano de las demandas específicas, como la de los combustibles, y en el plano de una disputa contra el modelo neoliberal por parte de los sectores populares”, agrega.

Sin embargo, Lasso “termina fortalecido” en medio de las protestas, ya que “podría ayudarle a recomponer los apoyos de los sectores inconformes o derechizados”.

“Superar una movilización de estas proporciones puede ser un triunfo para el gobierno. También destacaría que desde Moreno para acá se ha constituido una alianza sólida de grupos de poder económico, político y mediático que no se había visto en el Ecuador por décadas, para un acuerdo implícito de sostener un proceso a largo plazo y superar la inestabilidad política”, explica el académico de la Universidad Central del Ecuador.

De hecho, Nebot rebajó las críticas al presidente y el gobierno recurrió a la represión para frenar al movimiento indígena. Amnistía Internacional alertó sobre una “crisis de derechos humanos” y comparó la situación con la respuesta de Moreno a las protestas de 2019. Por su parte, la Alianza de Organizaciones por los Derechos Humanos cuenta seis muertos y más de 90 heridos. Iza pide un diálogo sin intermediarios, pero después de que un grupo de manifestantes intentara asaltar la Asamblea el jueves, el ministro de Interior, Francisco Jiménez, dijo que al movimiento indígena no le interesaba negociar.

Foto: Martin Bernetti / AFP

“Pareciera que hay una tensión entre la gente que está en la calle y las dirigencias”, señala Chávez, en alusión a las bases, que mantienen una posición más intransigente y busca la salida de Lasso. Algunas organizaciones sociales se mantienen al margen de las movilizaciones, como el Movimiento Campesino Ecuatoriano y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), vinculada al correísmo. Para Chávez, la Conaie tiene una “legitimidad muy alta al interior del campo popular” y el paro es la respuesta a un deterioro de la “institucionalidad estatal y de los servicios públicos”. “Sus efectos son severos. El retiro acelerado del Estado ha redundando en el crecimiento del crimen organizado. Ecuador está viviendo una crisis de seguridad y de delincuencia muy grave”, dice. En el movimiento indígena se pregunta hasta cuándo podrá mantener el pulso en las calles, sobre todo cuando Lasso se resiste a discutir las cuestiones de fondo. «

La Conaie, una «referencia en la lucha social»

Richard Intriago, dirigente del Movimiento Nacional Campesino, explica a Tiempo que “en 2019 hubo un colapso social en Ecuador y todas las organizaciones nos movilizamos, pero su liderazgo fue cooptado por la Conaie”.

 “Se sentaron a dialogar con el gobierno de Moreno y terminaron con la movilización. Pero aceptaron el decreto de aumento progresivo del costo de los combustibles. Esto dejó a muchas organizaciones molestas. Actualmente, Izas cree que eso se puede volver a repetir”, afirma.

Además, asegura que la Conaie “es una institución muy respetada históricamente y siempre ha sido una referencia en la lucha social”, pero resalta que “no agrupa a todas las comunidades indígenas” del país. Puede coincidir con las demandas, no con el liderazgo que “en 2019 negoció a espaldas de las organizaciones sociales”. “En 2019, los sectores populares terminaron poniendo presidente en los países de la región que se habían movilizado. En Ecuador, no fue así”, afirma. La respuesta está, según sostiene, en la conducción de la Conaie.

Según Intriago, “una lucha mal llevada, con malas estrategias que generan el caos”, fortalecerá a Lasso. El paro “está afectando mucho a la alimentación. Esas cosas causan un malestar enorme en la población. El desabastecimiento de alimentos hace sufrir a la gente más pobre. No es una lucha social efectiva. El gobierno y la Conaie están en una guerra total”.