Fue un poco menos dramático que en otras ocasiones. Las decisiones clave no fueron sobre la hora. El cierre de listas de la elección presidencial de este año fue decantando por goteo en sus puntos centrales. Sin embargo, hubo heridos de último momento, negociaciones al filo del plazo legal, giros inesperados y pactos firmados con los dedos cruzados en la espalda.

Las principales sorpresas las dieron con la composición de las fórmulas los dos líderes políticos que representan el debate de fondo de la Argentina, el presidente Mauricio Macri y la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner. El resto del tablero se fue acomodando a partir de ahí.

Frente de Todos

Durante los tres años y medio que han transcurrido del gobierno de Macri, la posibilidad de que CFK buscara un tercer mandato ocupó un lugar central del debate. Lo impulsaba el oficialismo y también se daba en el seno del peronismo: si podía romper su techo de respaldo o no; si era la adversaria perfecta que garantizaba la reelección del oponente. Toda la polémica se dio en el marco de una persecución judicial sin precedentes desde 1983 sobre un exjefe de Estado.

Lo que nadie vio venir fue la sorpresa de que la expresidenta se ubicara como compañera de fórmula de Alberto Fernández. El anuncio se hizo la Semana de Mayo. Más que la fecha patria, el momento de la decisión sugiere otras cuestiones. Entre ellas está la necesidad de instalar el original esquema con tiempo.

Alberto Fernández asumió el lugar del liderazgo operativo, el armador, el constructor de las alianzas necesarias. En ese rol su logro más importante fue haber cerrado el acuerdo con Sergio Massa. El trabajo de acercamiento lo venían realizando hace meses Máximo Kirchner y Eduardo Wado de Pedro, entre otros, mientras Alberto había vuelto a la mesa chica de Cristina y ni en sus pensamientos más remotos imaginaba el lugar que le deparaba el destino, competir en una elección con chances ciertas de transformarse en el próximo presidente.

El Frente de Todos se cerró con Massa como candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. El tigrense estiró al máximo la soga de la negociación, cobró el peso en oro de cada uno de los votantes que tiene. Fue un partido de póquer, en el que no tenía mucho margen. Toda su estructura política, de jefes comunales, diputados nacionales y provinciales, le pedía que cerrara con los Fernández. Uno de los operadores políticos más cercanos a Massa definía este reclamo con total sinceridad: «Estamos cansados de perder».    

La postulación de Axel Kicillof para gobernador acompañado por Verónica Magario fue un escenario novedoso. Se construyó con la road movie protagonizada por el exministro recorriendo la provincia en un auto modesto, con un par de parlantes y un micrófono. Se sumó la popularidad de base que tiene Kicillof. Los sondeos lo muestran como uno de los referentes con capacidad de fidelizar a casi todos los adherentes de CFK.

Los intendentes peronistas del Conurbano, algunos que aspiraban a competir por la gobernación, como el lomense Matín Insaurralde, aceptaron la decisión de la dupla Fernández, que traía consigo el componente mágico del pragmatismo electoral.

En Ciudad, un distrito mayormente refractario al peronismo, la oposición puso a una figura de afuera de la política, el presidente de San Lorenzo,  Matías Lammens. Hasta dónde podrá ampliar Lammens la base electoral, junto con Fernado Pino Solanas, Victoria Donda y otras figuras nuevas para el armado del PJ Capital, es algo que se verá.  


El macrismo

Desde las oficinas de Marcos Peña dejaron trascender en su momento que la decisión de proponerle a Miguel Pichetto la candidatura a vicepresidente fue tomada de modo personalísimo por Macri. El presidente venía buscando sumar un peronista. Le había hecho sin éxito la propuesta a Juan Schiaretti y a Juan Manuel Urtubey.

La figura de Pichetto rompió el esquema de campaña que venía desplegando el afilado equipo de comunicación de Juntos por el Cambio, la idea de que la elección había que plantearla como una batalla de «lo nuevo» contra «lo viejo». Pichetto es el jugo concentrado de un político de carrera y por lo general oficialista. Lo fue incluso durante estos años en los que condujo un bloque opositor. Su figura hace imposible construir ese relato, que ahora parece virar a una supuesta disputa de república versus populismo y, forzando aún más la realidad, en una dialéctica sacada de la máquina del tiempo, de capitalismo contra comunismo, algo que el propio Pichetto sostuvo.

El resultado del binomio sigue siendo difícil de medir. El senador no ha logrado sumar figuras de peso del peronismo y en la Rosada  saben que no trae votos consigo.

En Provincia, María Eugenia Vidal sufrió la decisión de su jefe político de no permitirle ninguna de las tretas electorales que podían ayudarla a garantizar su reelección. La primera y más importante fue el intento de desdoblar la elección bonaerense de la nacional. Esto hubiese roto una tradición histórica, pero le hubiera permitido a Vidal quitarse la mochila de la mala imagen y la baja intención de voto que Macri tiene en Provincia.

Lo mismo ocurrió con las colectoras, que Peña sugirió habilitar sobre la hora del cierre de alianzas y quedó en la nada.

Horacio Rodríguez Larreta construyó un blindaje en la Ciudad. En primer lugar sacó de la competencia a Martín Lousteau, que hace cuatro años estuvo a punto de arrebatarle el distrito. Lousteau se resignó y aceptó ir de candidato a senador nacional. El «sacrificio» fue orquestado y cobrado con creces por el radicalismo capitalino con lugares en el resto de las listas. Rodríguez Larreta sumó también a su armado al socialista Roy Cortina.


Lavagna, en sus trece

Roberto Lavagna nunca se sumó formalmente a Alternativa Federal. Sin embargo, los otros exmiembros de la coalición lo culpan de la dispersión que se produjo. El exministro se postuló a la presidencia con una condición que nunca modificó, no se sometería a una primaria. Es algo que sostuvo hasta el final. Esa posición fue un catalizador más que un causante de la disgregación del frente político que Schiaretti imaginaba articular.

Hubo uno de los cuatro fundadores de AF que aceptó la postura, el salteño Juan Manuel Urtubey, que por su cuenta podía quedar por debajo de los cuatro puntos. Jugar de vice, finalmente, le permite seguir instalando su figura a nivel nacional, más allá del resultado.

Lavagna corre con las dificultades de cualquier dirigente que no tiene anclaje en un gran partido. La disputa por los espacios en provincia de Buenos Aires tuvo la singularidad de que no era por ser candidato a gobernador sino por no serlo. Margarita Stolbizer y Graciela Camaño se pelearon por encabezar la lista de diputados nacionales. La batalla la ganó Camaño.

El diputado Eduardo Bali Bucca, exintendente de Bolívar, asumió el desafío de disputar con María Eugenia Vidal y Axel Kicillof, y en la Ciudad, quedó el economista Matías Tombolini, que ya había competido en el distrito de la mano de Massa.

La Izquierda y los Libertarios

El Frente de Izquierda (FIT) logró mantener su cohesión, sin poder sumar a Luis Zamora, a quien Néstor Pitrola denominó «el Lavagna de la izquierda». El candidato presidencial del FIT es el mismo que en el 2015, Nicolás del Caño, que tiene un alto nivel de instalación nacional y está acompañado por Romina del Plá.

La mayoría de las encuestas que circulan muestran que el FIT está sufriendo las consecuencias de la polarización entre Macri y CFK. Le está costando, por ahora, ampliar su base más allá del núcleo duro y repetir el caudal de 2015, en el que superó el millón de votos a nivel nacional en la primera vuelta.

El acuerdo de unidad también repartió los territorios, en Provincia encabezará la lista a gobernador el dirigente histórico del PTS, Christian «Chipi» Castillo, mientras en Capital liderará el referente de Partido Obrero Gabriel Solano.   

En el otro extremo político, por derecha, el economista ultraliberal José Luis Espert le come votos al macrismo. Su compañero de fórmula es el periodista Luis Rosales, que no es justamente un moderado. Sobre el cierre de la inscripción, el oficialismo le birló a su aliado en Provincia, de origen peronista, Alberto Asseff, que dejó a Espert. En Ciudad ubicó a otro ultraliberal, y economista mediático, Javier Milei. 

El otro frente que se presenta por derecha es Nos, encabezado por el exjefe de la Aduana Juan José Goméz Centrión, acompañado por la abogada anti despenalización del aborto, Paola Miers. «