“Las chicas del cable” y un final que articula drama y épica

La quinta y última temporada de la telenovela con perspectiva de género de Netflix tiene como trasfondo la Guerra Civil. En el marco de una España devastada, las protagonistas ganan profundidad y llegada.
12 de julio de 2020

Que el largo de los brazos extendidos en forma paralela al piso mida un metro con 55 centímetros, tener entre 18 y 27 años de edad, no usar anteojos y ser solteras eran las condiciones para ser telefonista a principios del siglo pasado. Las chicas del cable es la primera serie española original de Netflix y se ocupa del mundo laboral de las telecomunicaciones de principios del siglo XX a partir de un elenco de mujeres protagonistas que le imprime cierta perspectiva de género. Con cuatro temporadas de ocho capítulos, llega a su fin en una quinta entrega presentada en dos partes de cinco episodios.

La historia se centra en Lidia, Ángeles, Carlota y Marga, cuatro mujeres que deben hacerse un lugar en el mercado de trabajo. Sus diferentes relaciones con los hombres y el enfrentamiento a los mandatos sociales son los ejes centrales de la trama. Es asimismo, una serie dramática que retoma muchos recursos de la telenovela: una historia de época, la grandilocuencia de mansiones, vestuario sofisticado y demás lujos de una clase acomodada, apelando a marcados roles de malos y buenos y a las imposibilidades para estar juntos que enfrenta la pareja principal. El triángulo amoroso tiene lugar entre Lidia, la heroína, Francisco, el director de la empresa, y Carlos, el hijo del dueño. Desde ahí también, en lo temático, transita los grandes elementos del culebrón: el engaño, la mentira, el desencuentro, como también un relato policial de ocultamiento y complicidad entre las protagonistas.

Como trasfondo de la quinta temporada, el devenir de la historia española durante la década del '30 tiene como escenario ineludible la Guerra Civil. Pasados siete años, Lidia debe dejar Nueva York y volver a Madrid para buscar a Sofía (la hija de su amiga Ángela que quedó a su cuidado), cuando la joven huye para enlistarse en las milicias. Al dejar a Francisco en EE UU, Lidia se reencontrará con Carlos para pedirle ayuda. El peligro, las conspiraciones y la búsqueda de Sofía vuelve a unir a las chicas del cable, para enfrentar a sus enemigos de siempre, esta vez en una Madrid devastada. La segunda parte de esta temporada comienza con Lidia en el campo de reeducación comandado por Doña Carmen, su peor enemiga, mientras Francisco planifica una forma de liberarla.

El crecimiento de los personajes y de la complejidad en sus relaciones se da en un marco diferente al de las temporadas anteriores. La consolidación de la empresa telefónica y los cambios tecnológicos repercuten en los puestos laborales que dejan de existir y en los diferentes roles de género que emergen a fuerza de disputas.

Con el prisma del siglo XXI también podemos ver en la serie el desarrollo de una primera ola del feminismo reconociendo problemas que hoy asumen otro nombre. Aunque no se la menciona de ese modo, la imposibilidad de crecer en el mundo laboral habla de la tiranía del patriarcado, también se focaliza en las violencias machistas que cada una debe padecer, de la falta de libertades, el derecho gremial, el voto femenino y hasta la posibilidad de ser candidatas a alcaldesa. Por otra parte, las disidencias de género se encarnan en el personaje de Sara/Oscar: para ese momento, manifestarse como un hombre encerrado en el cuerpo de una mujer era una auténtica osadía, incomprendida por gran parte de la sociedad, pero que se desarrolla apoyada en la sororidad de sus amigas. En ese sentido se puede trazar una genealogía entre series que trabajan estas dimensiones desde diferentes épocas.

Se trata finalmente de una ficción entretenida donde hay acción en cada episodio, al tiempo que recurre a una buena reconstrucción del momento histórico. Las actuaciones son destacables y los temas que trata, aunque no los trabaje en profundidad, pintan trazos de hechos y una época lejana para quienes transitamos la contemporaneidad, lo que también siempre oficia como un condimento interesante. «


Otras series que retratan desigualdades de género


Mad Men

Ubicada en la década de los sesenta, esta historia de publicistas neoyorquinos cuenta también los cambios socioculturales y políticos de la época. Peggy Olson representa el sueño cumplido de ser ejecutiva de una empresa, en contraste con Betty Francis, que se presenta como ama de casa, madre y esposa en un marco de avances en materia de género, liberación sexual, derechos reproductivos y laborales.

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Mrs. America
Se focaliza en la biografía de una dirigente política conservadora, quien en la década de los setenta se opone a la enmienda por los derechos de la mujer enfrentándose al feminismo. Asimismo, también se reflejan contradicciones internas del movimiento feminista constituido por mujeres blancas y de clase media, con tensión entre el lesbofeminismo y las mujeres heterosexuales, el racismo y la clase.

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Orange Is The New Black

En una cárcel para mujeres, desde un elenco coral se retratan dimensiones del feminismo interseccional de la tercera ola, que no solo se preocupa por la identidad y roles de género sino que también aborda las problemáticas que permiten describir la identidad de manera más compleja. Desde diferentes mujeres se abordan los cruces de clase social, orientación sexual, origen étnico y creencia religiosa.

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