¿Cómo es tener 18 años y temer, saber que te van a matar?

¿A quién te acercas, en quién confías, quién te ayuda? ¿Cómo se vive, o sobrevive, sabiendo que el inminente asesino fue tu pareja? ¿Cómo son los días y las noches bajo amenaza y pánico? ¿Cómo huyes? ¿Quién te protege? ¿Qué pasa por la cabeza, el cuerpo y el alma de una adolescente asustada? ¿Qué siente cuando ninguna de las instituciones a las que acude una, dos, tres, decenas de veces, la auxilia? ¿Por qué tienen que convocar: “Si un día no vuelvo, hagan mierda todo”?

¿Por qué el policía Matías Ezequiel Martínez mató a Úrsula Bahillo?

¿Por qué seguía siendo policía a pesar de su largo historial criminal? ¿Qué hacemos con todos los sumarios por violencia machista en contra de policías que no se resuelven, que no avanzan, que no sancionan ni previenen?

¿Qué sienten las y los funcionarios de toda la cadena estatal que falló para que esto ocurriera? ¿Sienten vergüenza, responsabilidad? ¿O solo temen por los costos políticos o por la posibilidad de perder su trabajo? ¿Qué piensan las funcionarias de verdad feministas que tienen que dar respuestas a la falta de perspectiva de género arraigada en una burocracia en la que predominan la falta de recursos, de preparación, de conciencia?

¿Qué hacemos con las personas que todavía niegan el machismo, el patriarcado, los femicidios?

¿Y con los que se burlan de los femicidios o los usan según sus filias y fobias políticas?

¿Cómo explicamos la represión policial a las y los amigos de Úrsula que marcharon en Rojas para denunciar al Estado y exigir justicia? ¿Cómo justificamos que varios de esas y esos jovencitos hayan sido detenidos? ¿Por qué a su edad, en medio de su duelo rebelde, tienen que conocer y padecer de primera mano la violencia institucional solo por repudiar el aceitado sistema de violencia machista que le quitó a una amiga? ¿Cómo están ahora sus amigas, tan adolescentes como ella? ¿Por qué tienen que atravesar este desasosiego? ¿Cuándo van a dejar de temblar? ¿Lo lograrán? ¿Cómo nos disculpamos con ellas? ¿Cómo las cuidamos?

¿Qué les decimos a la mamá y al papá de Úrsula? ¿Quién les va a pedir perdón? ¿Cómo abrazarles en el desconsuelo? ¿Qué hacemos con su dolor?

¿Cuándo dejarán de matarnos a las mujeres? ¿Después de Úrsula, quién?

¿Por qué tenemos que saber de Ángeles, Micaela, Chiara, Melina, Lucía, Araceli, Nicole, Daiana, Anahí, Natalia, Marina, Laura, Brenda, Valentina, Brisa, Navila, Bianca, Solange, Sofía, Agustina, Daiana, Candela, Paula y miles de niñas, adolescentes y adultas más que deberían seguir en el anonimato, es decir, vivas?

¿Qué hacemos con el hartazgo, con la impotencia, con la bronca? ¿Cómo conciliamos el grito ni una menos cuando sabemos que en la Argentina seguirá habiendo una mujer más asesinada todos los días? ¿Qué hacemos con los altares improvisados, las velas, las lágrimas, las marchas, los gritos, los lemas, los hashtags?

¿Seguimos?