El ministro Marcelo Villegas no sólo tuvo que dar explicaciones por la quiebra de Protel S.A y la comisión de delitos por evasión. Además se vio involucrado en un escándalo por la compra, el 8 de marzo de 2004, de un departamento en la calle Guido 1601/11/21 y una cochera sobre Montevideo 1562/66/72/74/76 a una sociedad uruguaya denominada Alphine Home S.A.

Se trata de una sociedad creada en 2013 en la ciudad de Montevideo, Uruguay, cuyo representante y apoderado en Argentina, Juan Martín Punilla, dejó aclarado en el acta que la venta de los dos inmuebles se trababa de una “actuación aislada” de dicha entidad.

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Alphine no figuraba en el Registro Público de Comercio de la Ciudad de Buenos Aires por lo que su actuación el país era irregular. Punilla jamás respondió las citaciones e intimaciones de la IGJ, que lo convocó en más de tres oportunidades a dar explicaciones. El propio organismo sostuvo que “su inexplicable incomparecencia implica sin hesitación (sic) una grave presunción en su contra”. Punilla es quién firmó la escritura por la cual Alphine vendió el departamento y la cochera a Villegas.

El 27 de diciembre de 2004, la IGJ emitió la resolución 1620/04 en la que realizó un “pedido de explicaciones al apoderado de la sociedad extranjera por incomparecencia en el trámite”. Además, intimó a Villegas a presentar el título de propiedad del inmueble. Los inspectores Luciano Javier González y Néstor Damián Cotignola se presentaron en el domicilio el 27 de agosto de 2004. No encontraron a Villegas, por lo que fue el encargado quien informó que el inmueble era utilizado como “vivienda familiar” del ahora ministro provincial.

Al ser citado a comparecer ante la IGJ, Villegas presentó un escrito en el que aludió “imposibilidad de concurrir a la audiencia”, prevista para el 22 de noviembre de 2004. Adjuntó la escritura de su propiedad, para certificar que el departamento le pertenecía y aclaró, además, que él no tenía mayor relación con Alphine.

Sin embargo, cuatro días más tarde, el 26 de noviembre de 2004, Villegas sí se presentó en el organismo de control. Allí informó que adquirió la propiedad como vivienda, luego de haber regresado al país, en noviembre de 2003. Sostuvo, además, que la cochera le fue vendida por la sociedad uruguaya simultáneamente con el departamento.

Alphine había adquirido el inmueble de la calle Guido el 17 de enero de 2003, mientras que el 29 de septiembre de 2003 compró la cochera de la calle Montevideo. Seis meses después se desprendió de ambas propiedades, que, en un mismo acto, fueron compradas por Villegas. La escritura se realizó ante el escribano Martín Detry.

En la resolución, los inspectores de la IGJ alertaron sobre “los verdaderos alcances de la actuación de la sociedad extranjera ‘Alphine Home Sociedad Anónima’ en la República Argentina” e intimaron a Punilla. “Su reticencia a comparecer y exhibir la documentación requerida por este organismo de control sólo permite presumir su absoluta falta de voluntad de formular aclaraciones”, sostiene el informe. “Si éste calló, fue por alguna razón que prefirió omitir al Estado”. Ni Alphine ni su apoderado y representante Punilla se presentaron jamás ante el organismo y, mucho menos, se registraron para operar en el país.

Así las cosas, la sospecha es que la operatoria haya constituido una maniobra típica de lavado de dinero. El procedimiento, en efecto, corresponde a un ardid habitual para ingresar dinero negro al circuito legal: una sociedad offshore, de la cual se desconocen sus verdaderos dueños y que no está registrada en el país –por lo que no puede rastrearse el origen de sus ingresos– realiza una operación por la que adquiere dos inmuebles, los que, poco tiempo después, vuelve a vender, obteniendo dinero legal.

¿Qué vínculos hay entre Villegas y Alphine? ¿Los une algo más que la operatoria de los inmuebles? ¿Por qué Villegas compró dos propiedades a una sociedad que no estaba registrada en Argentina? Nuevamente, ¿Puede un abogado de empresas multinacionales desconocer que las sociedades extranjeras deben cumplir ciertas normas?

Éstas son algunas de las dudas que Villegas debería despejar.