¿Tiene algo para celebrar “el campo” tradicional el 1° de mayo? ¿Hay en ese modelo de campo sin campesinos y creciente tecnificación algún rasgo del esfuerzo campesino? El verdadero campo, el que alimenta las mesas argentinas, sí está sostenido en trabajo genuino y tiene demandas que quiere compartir.

El tema que más preocupa a todas las familias productoras del país es el acceso a la tierra. Generalmente, no son dueñas del suelo que producen o tienen la tierra, pero no su titularidad. El conflicto es permanente: grandes sojeros las amedrentan con las fuerzas policiales y la complicidad del poder político.

En los cinturones hortícolas -tanto de Buenos Aires como del resto del país- más del 80% de las familias arrienda la tierra. Esto genera una situación de búsqueda permanente de tierras más baratas para mudarse, de no poder construir una vivienda digna y establecerse en un lugar.

Las casas donde viven las familias productoras de alimentos son precarias, hechas de madera, compartiendo baños entre dos y tres familias. El avance de los countries, los barrios cerrados, la competencia por la tierra y el negocio inmobiliario, aportan a un cóctel que genera que una familia que produce alimentos lo haga en malas condiciones.

El trabajo de la organización es tratar de darles a las familias derechos jurídicos sobre la posesión de las tierras, y brindarles la posibilidad de vender su producción coordinadamente en los almacenes de la UTT.

En las provincias se da comúnmente la situación de producir primero para el autoconsumo, y luego vender el excedente en la misma localidad. A este perfil de campesinado se lo puede encontrar en Misiones, en Santiago del Estero y otras zonas donde las condiciones no están dadas para la producción intensiva.

Mientras, en algunos lugares se produce directamente para los mercados concentradores. Es el caso del tomate y del pimiento en Corrientes, Salta y Jujuy. Lo mismo pasa con la cebolla que se produce en el sur de la provincia de Buenos Aires, y de allí viene el 50% del consumo de cebolla de la Argentina y el resto de esa producción se exporta a Brasil.

La producción de alimentos en Argentina está bañada en agroquímicos a precio dólar. Por eso, desde la UTT promovemos la agroecología. Actualmente, hay más de mil hectáreas agroecológicas de la UTT en todo el país. Producir agroecológicamente ayuda al crisol del campesinado del interior del país.

Así producen y viven quienes producen los alimentos que abastecen a las familias argentinas. Es el sector que alimenta a millones y millones de personas. Hay otro campo diferente a aquel que se conoce como ‘el campo’, es el que produce realmente los alimentos que se consumen todos los días. Y el modo de hacerlo es con la agroecología y con el acceso a la tierra.

Desde 2016 promovemos desde la UTT la Ley del Acceso a la Tierra y esperamos que se pueda aprobar en los próximos meses. También, desde entonces, hemos generado varias colonias agroecológicas en distintas partes del país.

Somos parte de las organizaciones y cooperativas, ubicadas a la vanguardia de la producción, que todos los días luchamos para tener un campo mejor, para tener un país con mayor cantidad de alimentos, que estos alimentos sean sanos y nutritivos para la población, sin agrotóxicos, sin venenos y absolutamente naturales.