El cine argentino debe contar con una estrategia política que le permita liberarse de la condena impuesta por el gobierno actual. Ya no es una sorpresa para nadie que Milei y sus secuaces, entre los cuales está el mismísimo presidente del INCAA, Carlos Pirovano, han venido a destruir el espejo donde nuestra sociedad se reconoce a sí misma: el cine nacional.
Sólo basta con chequear el cinismo de las opiniones públicas vertidas por este funcionario sobre el rédito que lograría la producción de cine argentino de aumentarse las horas del trabajo infantil, contrariando con sus planteos todas las normativas laborales que regulan el trabajo de menores en nuestro país.
Afortunadamente, han surgido proyectos de Ley como el de la Diputada Nacional Gabriela Pedrali, que buscan poner un límite a la acción devastadora de este funcionario que está en la presidencia del INCAA, reforzando claramente el rol de los órganos de cogobierno que la entidad posee, tanto en el Consejo Asesor (miembros representantes de todo el sector audiovisual) como en la Asamblea Federal (secretarios de Cultura de todas las provincias); ámbitos donde se elaboran todas las políticas y acciones que deben llevarse a cabo para el fomento del cine.
Resulta bochornoso ver cómo a plena luz los funcionarios gubernamentales caranchean inescrupulosamente los recursos que genera toda la industria audiovisual. En dos años y medio, este gobierno ha impedido de todas las formas posibles la producción de películas argentinas. Es clarito que pretenden arrasar la industria nacional, no dejar nada en pie, y la cinematográfica no es la excepción a la regla entre sus objetivos neocoloniales. Es por ello, que no hay muchas opciones para quienes realizan y aman el cine: o nos liberamos del yugo opresor para continuar produciendo o veremos prontamente los efectos devastadores del desfinanciamiento que esta banda de saqueadores ha diseñado como política de aniquilamiento del sector.
Esta es la razón de fondo por la cual la citada diputada de La Rioja, propone devolver el financiamiento histórico que ha tenido el INCAA. Es un proyecto de Ley reparador. Allí sostiene que el consumo audiovisual se ha desplazado de las salas tradicionales a las plataformas digitales. Por lo cual, aplicando el mismo criterio de financiamiento que emerge de la Ley de Cine, se habilita la posibilidad de sumar esa nueva fuente de recursos para generar más producciones nacionales y, desde ya, incorporar valor agregado (trabajo e inversión) a los filmes. Se cobraría de este modo un gravamen del 3% sobre los ingresos brutos que perciben y recaudan las plataformas de streaming (OTT/VOD) gracias a la explotación del cine que comercializan en Argentina. Más aún, el proyecto propone otorgar una visibilidad destacada a las películas nacionales a través de los algoritmos que estimulan el consumo de los suscriptores en el territorio argentino y le requiere a las plataformas que operan en nuestro país una “cuota de pantalla” en los catálogos. De este modo, se garantizaría un porcentaje de exhibición y visibilidad destacada para las películas argentinas. Se cobraría así, vía ARCA, a las grandes empresas que lucran con la explotación comercial del cine, estén o no sus casas matrices en el país. Todas estas medidas estimularán el trabajo, la producción y el acceso del público al cine argentino sin aumentar los costos para eventuales suscriptores.
Este valioso proyecto de Ley de la diputada Gabriela Pedrali al igual que otros elaborados por les diputados Sebastián Galmarini y Kelly Olmos poseen puntos de contacto que otorgarán el respaldo legal que el cine argentino necesita en esta etapa de su historia.
Los ideólogos de la destrucción como el economista Federico Sturzenegger y hasta el vocero ladrón de Manuel Adorni han puesto todos los palos en la rueda que les ha sido posible para que el cine argentino deje de producir. Generaron miles de desocupados con gran formación técnica en toda la cadena de trabajo (desde actores y actrices, técnicos y músicos, hasta transportistas, textiles, servicios contables y legales, personal de movilidad y logística, hoteleros, publicistas, cocineros o electricistas entre muchos otros oficios que participan en cada film).
“Por cada US$ 10 invertidos en la industria audiovisual, se generan entre US$ 6 y US$ 9 en el resto de la cadena de valor (preproducción, producción, posproducción y distribución).”*
La pérdida de puestos de trabajo duele en el tejido social como cada una de las Pyme que destruyen en otros ámbitos y ramas industriales. Todo está interconectado en el ecosistema laboral de un país. En la industria audiovisual, por cada 100 personas empleadas, se emplean indirectamente entre 50 y 70 personas en otros sectores económicos.
Esta industria que supo generar una parte valiosa del PBI nacional hasta antes de la llegada de Milei y Pirovano al frente del INCAA, representaba y posicionaba con orgullo a la Argentina en el mundo a través de sus filmes de ficción, series, documentales, animaciones o cortometrajes. Hoy, a duras penas, algunos productores han logrado surfear la ola aniquiladora gracias a las políticas previas al 10 de diciembre de 2023. Los pocos films que se estrenaron son producto de la inversión de las gestiones de gobiernos anteriores y, por supuesto, de la inversión realizada por las empresas que llevaron adelante los proyectos. Pues sí; no pueden ocultarlo más: hacer cine conlleva mucho tiempo de elaboración, mucha labor, riesgos y se hace tanto con inversión estatal como privada. El verso mendaz que impusieron a base de ensobrados comunicadores de medios masivos ha tocado fondo como cada mentira de este gobierno. Sépanlo de una buena vez: el cine argentino es producto de la inversión estatal y privada, y en cualquier etapa de cada proyecto cinematográfico hay inversión (desde la investigación, el rodaje, la postproducción, la distribución y hasta en la exhibición).
“Argentina, Brasil y México tienen la industria audiovisual más grande de Latinoamérica. Los ingresos del sector en estos tres países fueron de aproximadamente US$ 20.000 millones en 2021, de los cuales US$ 3.000 millones procedieron del cine. Argentina tiene un lugar relevante en este mapa regional por el rol desempeñado por el INCAA desde hace décadas.”*
La preponderancia actual de la industria audiovisual como generadora de bienes culturales, como retrato vivo de la identidad de nuestro Pueblo, de nuestras propias historias, son un reflejo cercano y particular de las costumbres y el humor de nuestra gente, de nuestras alegrías y tragedias. Esa labor de reelaboración de la identidad que se realiza en cada film es lo que desprecia este gobierno enemigo del Pueblo. Por eso combaten el cine y su Fondo de Fomento Cinematográfico, porque lo nutre de recursos, porque desprecian cada acto de soberanía que implica hacer una película argentina. Cada imagen visual o sonora de nuestro cine refleja nuestro país; el país que este gobierno cipayo odia y destruye a diario.
Cuando la generación de Luis Puenzo, Lita Stantic, Julio Raffo, Nemesio Juárez, Pino Solanas, Tato Miller, Diana Frey, Leonardo Favio y tantísimos otros/as colegas del sector lograban en 1994 consensuar la Ley de Cine con los votos del oficialismo y la oposición, no imaginaban que darían semejante soplo de vida al cine argentino. La unidad política de los diversos sectores y la participación generada por todas las entidades lo hizo posible. Vencieron los temores de las Cámaras Legislativas, persuadieron e impusieron un criterio que sentó las bases para producir y desarrollar el cine argentino por décadas. Hoy, los continuadores de aquella destacada generación, estamos ante el mismo desafío… y los diputados/as actuales de las diversas bancadas también. Hay que reconstruir esa unidad.
Es fundamental unificar criterios entre todas las entidades del sector en una mesa de trabajo participativa, con diputados y senadores de todas las fuerzas políticas, para elaborar un proyecto de Ley consensuado que impida inmediatamente el desfinanciamiento del cine argentino. Y para ello es valioso que, tanto diputados/as y gobernadores, sepan que “en Argentina más de dos tercios de los gastos que se realizan para producir una película o una serie se reinvierten en otros sectores de la economía.”*
Gran responsabilidad tienen las legisladoras que deben impulsar y sostener el financiamiento del cine argentino ya que no pueden desconocer que “el 45% de los puestos de trabajo del sector cinematográfico son ocupados por mujeres.”*
El empleo registrado de las empresas dedicadas a la producción, postproducción, distribución y exhibición de filmes y videocintas cuenta con un porcentaje de empleo de mujeres muy superior a otras áreas de la economía. Esta información se tomó de la base de datos de la Dirección Nacional de Estudios y Estadísticas Laborales, Encuesta de Indicadores Laborales, dependiente de la Secretaría de Empleo y Seguridad Social del Ministerio de Capital Humano de la Nación. Puede verificarse con los números aportados por el Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina en su publicación estadística correspondiente al año 2025.
En las últimas décadas la inclusión de mujeres en los principales roles de la industria ha mejorado notablemente. El Fondo de Fomento Cinematográfico del INCAA fue uno de los motores de esta mejora significativa. Según estos números, la cinematográfica es una actividad que está muy por encima del promedio nacional de participación de las mujeres sobre el total de trabajadores privados registrados. El porcentaje nacional de mujeres sobre el total del empleo registrado privado, en el último trimestre de 2025, es de un 37% de acuerdo con datos de la misma fuente.
Por otra parte, para dimensionar la inserción de la mujer en la producción cinematográfica nacional podemos tomar la información publicada por el INCAA sobre el porcentaje de participación de mujeres en el universo total de estudiantes de carreras de pregrado y grado relacionadas con el sector. Según estadísticas del sistema universitario público y privado del año 2022, del total de ingresantes en los estudios de pregrado y grado, 52,6% son mujeres. En ese mismo año, las estudiantes representaban 52,4% del total de personas que asistían a las carreras audiovisuales. El porcentaje de egresadas sobre el total de estudiantes que terminaron sus estudios en carreras relacionadas con el audiovisual es mayor: 55,3% son mujeres.*
Debe considerarse que las áreas constituyentes de las industrias culturales se interrelacionan estrechamente. El impacto negativo actual en el sector audiovisual conlleva también efectos recesivos en otras áreas: música, creación literaria, publicidad, editorial y teatro, entre otras. Indudablemente puede verificarse el retroceso provocado en cada provincia donde se impide la incorporación de nuevos talentos y la continuidad laboral, imposibilitando la mejora de los desempeños de los equipos técnicos y artísticos en lugares con producciones en desarrollo como CABA, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Tucumán, San Juan, Mendoza, Río Negro; entre muchas otras provincias que tienen una creciente inversión y producción cinematográfica regional.
Argentina no es el único país que tiene legislación dirigida a fomentar el desarrollo de la industria audiovisual. El fomento a la producción cultural e industrial cinematográfica está extendido en todos los continentes y toma formas diversas: devolución de impuestos, devolución de capital invertido, subsidios, créditos, becas, premios de concursos y otros modelos.
Los incentivos a la producción desempeñan un papel fundamental en la industria audiovisual mundial. ¿Por qué? Porque generan millares de empleos directos e indirectos y muchísimas divisas en cada lugar que se filma, ya que la creación audiovisual genera trabajo e inversiones globales que impactan en ramas tan diversas como el turismo y la construcción. Por ello, algunas ciudades buscan posicionarse como lugares competitivos para establecer servicios de producción fílmicos con incentivos que a menudo constituyen la base principal del plan de financiación de un proyecto y, por lo tanto, desempeñan un papel decisivo en la determinación de las locaciones de producción.
Por estas razones, tener leyes que auspicien la labor audiovisual es redituable y los gobiernos deben ser lo suficientemente lúcidos para comprender el impacto económico que genera esta industria. Deben los funcionarios elegidos impulsar políticas públicas activas para tener profesionales formados, que permitan capacitar a las generaciones de jóvenes y crear ventajas comparativas en el mercado ya que el sector crece a pasos agigantados en todo el mundo.
En un mercado global competitivo, los gobiernos reconocen cada vez más los incentivos como poderosas herramientas estratégicas para atraer inversión extranjera de alto valor, generando coproducciones, logrando así fortalecer la producción local, regional y desarrollar habilidades, empleo e infraestructura en una industria global orientada al futuro.
En Estados Unidos, por ejemplo, la Comisión de Cine de California (CFC) es una referencia ineludible de política estatal de fomento y desarrollo industrial.
33 países europeos otorgan ventajas impositivas y otros subsidios a la producción.
13 países de Asia / Oceanía tienen políticas de incentivos al audiovisual; 3 países en África; 11 en Latinoamérica; 12 provincias en Canadá y 39 estados en EEUU también poseen incentivos específicos.
Si en Argentina se protege el financiamiento del Fondo de Fomento Cinematográfico; si las plataformas audiovisuales comienzan a tributar bajo el impulso de la Ley de Cine como se le exige a otros exhibidores (salas de cine o canales de TV); si se garantiza por Ley una cuota de pantalla para que la producción nacional aumente el empleo, la inversión y la creación de contenidos locales; si los órganos de cogobierno del INCAA toman las riendas de las políticas cinematográficas, si se logran tales objetivos, podemos afirmar con total seguridad que el cine argentino renacerá con mayor vigor que nunca antes. Para ello, sólo nos falta fortalecer la unidad del sector audiovisual y generar políticas públicas que le permitan a nuestro cine resolver sus desafíos, ubicándose como uno de los protagonistas fundamentales para el desarrollo y la identidad de nuestro país. La continuidad y existencia del Cine Nacional es nuestro desafío como generación. Está en nosotros el poder para lograrlo.
*Datos relevados por el Observatorio Audiovisual UNTREF.
* Director y productor de documentales / Grupo Favio
