Algodón chaqueño, lana patagónica, fibra de llama, guanaco, mohair, seda misionera y hasta una de las fibras más valiosas del mundo, la vicuña. Todas forman parte del universo productivo que durante décadas estudió, certificó y acompañó el Centro de Investigación y Desarrollo Textil del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). Hoy, trabajadores y especialistas advierten que esas capacidades podrían quedar seriamente afectadas por el proceso de reestructuración impulsado por el Gobierno nacional.

La preocupación aumentó cuando comenzó a circular la nueva estructura proyectada para el organismo y trabajadores del área descubrieron que el Centro Textil ya no figuraba entre las dependencias previstas. Aunque la medida, que contemplaba la eliminación de unos 900 servicios brindados por el organismo, quedó frenada por una cautelar impulsada por la Asociación Trabajadores del Estado (ATE).

“La cautelar sigue vigente. Hasta ahora no fuimos notificados de ninguna apelación. El próximo lunes vamos a participar en una actividad organizada por los trabajadores para celebrar este triunfo judicial”, confirmó a Tiempo el secretario general de ATE nacional, Rodolfo Aguiar. Según el dirigente, se espera la participación de más de 500 trabajadores en el encuentro que se realizará en la sede central del INTI.

Un centro único para una industria federal

Patricia Marino conoce el Centro Textil desde adentro. Fue su directora durante casi treinta años y continúa vinculada al organismo a través de proyectos internacionales. Para ella, la discusión excede largamente una cuestión administrativa.

Del algodón a la vicuña: qué perdería Argentina si desaparece el Centro Textil del INTI

“El sector textil parece que fuera una actividad tradicional, pero nada más alejado de la realidad. Es un sector de tecnología del futuro, donde las innovaciones se trasladan rápidamente a los productos, los procesos y la organización industrial”, sostuvo en diálogo con este medio.

Creado a fines de los años sesenta, el Centro de Investigación y Desarrollo Textil funciona en el Parque Tecnológico Miguelete, partido de San Martín, y actualmente cuenta con unos 35 trabajadores especializados. Desde allí se presta asistencia tecnológica a empresas de todo el país y se desarrollan ensayos sobre materias primas, procesos industriales e indumentaria técnica.

Marino destaca que Argentina posee una característica poco frecuente en el mundo: dispone de prácticamente todas las fibras textiles naturales relevantes. Algodón en el NEA y parte del NOA, lana en la Patagonia, fibras de llama y vicuña en el norte, mohair en Mendoza y Neuquén, además de nuevas experiencias vinculadas a la producción de seda en Misiones.

“Argentina es un país textil intrínsecamente. Nosotros acompañamos a esos productores, analizamos las características de las fibras y ayudamos a industrializarlas. Muchas tienen un enorme potencial exportador”, explicó.

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De la camiseta de la Selección a la ropa para minería

La actividad del Centro Textil abarca mucho más que la confección de ropa. Entre sus tareas se encuentran los ensayos para indumentaria de protección utilizada en la minería, el sector petrolero, fuerzas de seguridad, bomberos y Fuerzas Armadas. “Hay laboratorios muy específicos para evaluar el comportamiento de estos productos. Son capacidades únicas en el país”, afirmó Marino.

La especialista mencionó incluso el caso de una empresa nacional que fabrica la indumentaria oficial de la Selección Argentina bajo licencia internacional. Según explicó, las multinacionales exigen certificaciones de calidad que actualmente se realizan solo en el INTI. “Si nuestro centro no funciona, esas empresas tendrían que mandar a evaluar sus productos a Panamá o México, con costos muchísimo más altos”, advirtió.

Además de los ensayos tradicionales, el área trabaja en textiles inteligentes, nanotecnología, biomateriales elaborados a partir de residuos agrícolas y sistemas de trazabilidad para exportaciones. Uno de los proyectos más avanzados está relacionado con el llamado “pasaporte digital” que exigirá la Unión Europea a partir de 2027 para que determinados productos textiles puedan acceder ese mercado.

Entre otros trabajos, la especialista hizo hincapié sobre un reciente «estudio antropométrico nacional, que está a punto de publicarse, que midió a alrededor de 14.000 personas de todo el país para que las empresas de indumentaria puedan optimizar su proceso a partir de una mejor y más eficiente desarrollo de moldería y del corte». 

La resolución que encendió las alarmas

Las preocupaciones de trabajadores y especialistas se vinculan con la Resolución 42/2026, mediante la cual el Gobierno nacional de Javier Milei dispuso una profunda reorganización de la oferta tecnológica del INTI y la eliminación -según el Ejecutivo- de unos 600 servicios, aunque los trabajadores sostienen que serían más de 900, argumentando que muchos de ellos tenían escasa demanda o podían ser ofrecidos por el sector privado.

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Entre los servicios alcanzados por la medida -que figuran en el Anexo de la resolución- aparecen numerosos ensayos vinculados a materiales textiles, fibras, hilados, tejidos, etiquetado, resistencia al calor, comportamiento frente a llamas y otras prestaciones técnicas utilizadas por empresas de distintos sectores productivos.

La aplicación de la resolución quedó suspendida por una cautelar de la Justicia Federal de San Martín, que ordenó preservar las funciones, programas, equipamientos y capacidades técnicas del organismo mientras se analiza el fondo de la cuestión.

Para Marino, el riesgo principal no pasa únicamente por la continuidad de una dependencia administrativa, sino por la posible pérdida de conocimientos acumulados durante décadas. “El equipamiento es importante, pero también las personas. Formar especialistas lleva muchos años. Y construir la confianza con las empresas, más todavía. Eso no se recupera de un día para el otro”, señaló.

“Las empresas no pueden multiplicar laboratorios ni tener equipos de investigación para cada necesidad. Por eso recurren al INTI desde hace décadas. Lo que está en juego es una infraestructura de conocimiento que le pertenece a todo el país”, concluyó Marino.