El desprecio universal que recoge Israel por el genocidio del pueblo palestino de Gaza y las masacres de Líbano e Irán se trasladó esta semana a territorio europeo, al ámbito de la cultura. En la casi coincidente inauguración de dos expresiones artísticas de añeja trayectoria, el gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu estuvo en la mira de todos. Los gestos de condena se hicieron sentir en el 70° Festival Eurovisión de la Canción, en la capital austríaca de Viena, y en la 61° Bienal de Arte de Venecia. Por primera vez, ambos acontecimientos fueron boicoteados. Se están realizando, pero bajo el signo de un rechazo que lleva a suponer que para las próximas ediciones los organizadores deberán revisar las reglas de juego si quieren retener a los artistas que siempre les dieron brillo.
El derrumbe de la Bienal estaba preanunciado desde el 30 de abril, cuando en un gesto nunca visto en una manifestación artística de estas características, el jurado internacional renunció al honor que supone tal designación y se retiró, no sólo de la premiación sino del proceso final de selección de los artistas y las obras. En cuanto a Eurovisión, empezó a desmoronarse cuando se filtró que, tras una despreciable campaña de marketing y compra de votos, el jurado podría volcarse por el cantante israelí Noam Bettan. En una primera señal, ya lo había dejado entre los diez mejores. Mientras esto pasaba en el mundo de la cultura, Israel movía sus piezas como si nada. Proseguía con sus matanzas y su campaña de hostigamiento a la población palestina.
Eurovisión arrancó con una marca negativa: cinco países –España, Irlanda, Eslovenia, Países Bajos e Islandia– que sin rodeos se retiraron del evento negándose a compartir escenarios con Israel. La decisión más impactante fue la de la RTVE, la cadena pública de España que, además, sacó de su programación la transmisión del festival, una medida que fue acompañada por sus iguales de Irlanda y Eslovenia. Si bien la medida fue tomada por cada cadena, independientemente, a todas las impulsó una causa común: el repudio a las matanzas en Gaza y la participación de la cadena estatal israelí KAN. La ausencia de la RTVE abre incógnitas sobre el futuro, puesto que con las cadenas estatales de Alemania, Francia, Italia y Reino Unido integra el llamado Big Five, grupo de los cinco grandes financistas de Eurovisión.
La RTVE actuó en consonancia con el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, que con la consigna de “No a la guerra” prohibió el uso del territorio ibérico y sus cielos para todo movimiento militar orientado a agredir a Irán y Líbano. Los directivos de la cadena recordaron el caso de Rusia, expulsada de Eurovisión apenas iniciadas las hostilidades en Ucrania, en febrero de 2022. Coincidieron con Sánchez, que se preguntó “por qué agarrarse la cabeza ahora, cuando ante una situación similar nos ocupamos de cepillar a Rusia sin miramiento alguno”. El presidente español fue terminante: “Debemos actuar igual con Israel, no podemos permitirnos dobles estándares en la cultura. El no a la guerra no admite el doble discurso”.
Sin que existiera coordinación alguna, la Bienal de Venecia corrió la misma suerte que el festival de Viena. El martes, en su apertura, 27 pabellones aparecieron cerrados como primer efecto de una exitosa huelga convocada por la organización Art Not Genocide Alliance (ANGA). La consigna, breve y directa: excluir a Israel. En total, 64 artistas, incluidos 22 representantes de pabellones nacionales (oficiales) se retiraron de la competencia por el “León del Visitante”, un invento de último momento creado por las autoridades de la Bienal para reemplazar al histórico “León de Oro” que debía otorgar el jurado que ya no existe. El premio de ocasión sería conferido por el voto de los visitantes. La debacle quedó coronada con una furibunda carta pública de ANGA firmada por 236 personalidades de la cultura, artistas, curadores y trabajadores del sector.
Pese a que los hechos –desprecio a las decisiones emanadas de las Naciones Unidas, burla a las disposiciones de la Corte Penal Internacional, violación de todos los acuerdos de cese el fuego esbozados tanto para Gaza como para el Líbano e Irán– muestran en el día a día que para Israel el relacionamiento internacional no corre por las mismas vías que para el resto del mundo, el desprecio expresado en Europa por los actores culturales occidentales parece haber animado a los sectores internos que se expresan críticamente sobre el gobierno de Tel Aviv. Pero no más que eso. Si los misiles de Hamas e Irán sólo le han hecho algunas ronchas, menos le harán las denuncias y los loables gestos de repudio surgidos en Eurovisión y la Bienal de Venecia.
Negociados en las Colinas de Hebrón
En coincidencia con esas manifestaciones del mundo de la cultura, la ultraderecha civil israelí respondía groseramente, con un guiño cómplice de Netanyahu, encausada por la Corte Penal Internacional de La Haya, y de su ministro de Defensa, Israel Katz.
Honrando la consigna oficial, colonos de los territorios ocupados de las Colinas de Hebrón, en el extremo sur de Cisjordania, impiden que los niños palestinos que integran el colectivo infantil de una de las 30 aldeas de la región puedan jugar al fútbol en un predio deportivo construido en el marco de un programa de las Naciones Unidas, impulsado con la bendición de la FIFA. Los ocupantes reclaman la destrucción de la canchita porque hay que “preservar espacios para entrenamiento militar en una región de alto valor estratégico”, tal como reza la resolución judicial en la que los colonos sustentan su militancia.
Entre tantas –decenas, cientos– acciones de ese tipo, la sinagoga Park East, del Upper East Side de Manhattan, en Estados Unidos, abrió una exposición para promover la venta de propiedades en Israel, concretamente en asentamientos palestinos de Cisjordania. La oferta está orientada a residentes en Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña. La muestra, que es itinerante, responde a una iniciativa del relacionador público Gideon Katz, un sujeto que al igual que el presidente argentino Javier Milei se referencia en el rabino Menahem Mendel Schneerson, un líder ortodoxo conocido como el Rebe de Lubavitch. Una de las 15 inmobiliarias que participan en el show room ofrecen parcelas en las Colinas de Hebrón, exactamente donde los colonos impiden que los niños palestinos jueguen al fútbol.