Afuera, en el país gobernado por la dictadura genocida, era de noche y se había desatado una tormenta. El viento sacudía las ventanas y puertas de la ESMA, ese infierno en el cual estaba detenido, chupado, secuestrado, desde hacía varios años. Los represores que lo mantenían con vida lo obligaban a confeccionar documentos. Se trataba de un trabajo esclavo que debía realizar para los marinos que lo habían torturado y asesinado a sus compañeros. Los mismos que habían elegido quiénes serían los prisioneros arrojados al mar en los vuelos de la muerte.
Esa noche, en medio del eco de los truenos que resonaban por todo el edificio, el detenido se escabulló por los pasillos, logró hacerse con la llave de una oficina y abrió un archivador. Con una cámara de fotos que portaba tomó imágenes de represores, documentos y listas de detenidos. Había decidido dar testimonio y volverse un “Ojo en la Tormenta”.

En ese pasaje de su obra, Pablo Corso justifica el título de su biografía sobre Víctor Basterra, militante del peronismo de base secuestrado en la ESMA en 1979 y que durante su cautiverio retrató a sus captores, confeccionó registros que luego aportó a los organismos de derechos humanos luego de ser liberado, en los últimos días de la dictadura cívico militar.
Esa información sería ventilada en el Juicio a las Juntas de Comandantes, donde Víctor declararó, y en posteriores procesos por delitos de lesa humanidad que se desarrollaron tras la anulación de las leyes de impunidad y los indultos presidenciales de Carlos Menem.
“Trabajé en reconstruir la vida y la historia en base a testimonios de sus familiares y compañeros. El aniversario 50 del último golpe de Estado era una buena oportunidad para recordar la figura de alguien que eligió contar lo que vivió como una forma de honrar quienes no pudieron sobrevivir”, señala Corso en diálogo con Tiempo Argentino, al referirse a las motivaciones que lo llevaron a escribir “El Ojo en la Tormenta”, un libro publicado por Editorial Marea.
Docente y periodista que publicó numerosas investigaciones y crónicas en medios como Rolling Stone, Brando, Lugares, Caras y Caretas, Newsweek, Playboy, Reporte Publicidad, La Nación y Página/12. Produjo biografías de Diego Maradona y el Papa Francisco y en la actualidad Escribe sobre temas sociales, ambientales y científicos para medios nacionales e internacionales como SciDev y Dialogue Earth.
A lo largo de más 300 páginas, Corso compone un relato ágil, versátil y conmovedor sobre la vida de Basterra (fallecido en 2020) , su nacimiento en el seno de una familia humilde; su infancia en Mariano Acosta al cuidado de su abuela y tíos paternos y su educación en un Patronato administrado por una monjas severas que educaban bajo el mandato que rezaba que “la letra con sangre entra”. Al terminar la primaria, Víctor no pudo seguir con los estudios y el trabajo se convirtió en el único horizonte posible, en el contexto de un país en el cual el peronismo estaba proscripto y la persecución estaba a la orden del día.

Basterra tuvo varios oficios terrestres hasta que se empleó en la industria gráfica donde se formó como un obrero calificado. Corso repasa también la militancia de Basterra en el peronismo de base y su adhesión a las FAP (Fuerzas Armadas Peronistas) en los años ’70 y su trabajo en los barrios carenciados del Gran Buenos Aires, donde la resolución de problemas concretos de los vecinos y los laburantes era una forma de entender el peronismo más allá de las grandes consignas.
En medio de la semiclandestinidad que sobrevino tras el golpe genocida, y cuando trataba de confeccionar publicaciones para difundir los conflictos y luchas que permanecían soterrados por la represión ilegal, se produjo su captura en el invierno de 1979, en momentos en los cuales el terrorismo de Estado empezaba a hilar fino y enfocarse en quienes mantenían la vocación por resistir.
En la ESMA, Víctor padece la tortura hasta límites inimaginables que lo empujaron la delación de un compañero. Conocía las historias de gente que era arrojada al Río de La Plata y el Océano Atlántico desde las alturas. Los represores lo mantuvieron con vida y sacaron provecho de su manejo del oficio fotográfico. Lo obligaron a elaborar documentos y pasaportes con los cuales se daban otras identidades.
Con paciencia y decisión, Basterra guardó fotos y materiales de los asesinos y esos registros permitieron identificar a los genocidas ante la sociedad y la justicia.
Para reconstruir la historia de este militante y sobreviviente, el autor habló con sus hijas, su antigua compañera y compañeros de militancia y cautiverio.
“Estuvo en el centro de la maquinaria de la muerte y luchó con las imágenes que lo perseguían. Es allí donde encontró su vocación por contar lo que había visto. Sentía que los represores no podían llevárselas de arriba”, afirma Corso.

Al recuperar la libertad, Basterra debió luchar con la culpa del sobreviviente y la desconfianza de los familiares de las víctimas, que en más de una oportunidad lo sindicaron como un colaborador.
Ese fue un dolor con el cual debió convivir al recuperar la libertad, tras permanecer cuatro años secuestrado en la ESMA, no le impidió narrar la verdad y testimoniar en los juicios, pese a las vacilaciones y pesares que debió sobrellevar.
“El legado de Basterra es una lucha contra la injustica que ilumina nuestro presente”, remarca Corso, al evocar la trayectoria de ese sobreviviente que hizo un aporte fundamental al proceso de Memoria, Verdad y Justicia.
