De pronto, la situación política venezolana salió de la portada de los grandes medios argentinos y regionales. Desde el seis de diciembre de 1998, cuando Hugo Chávez ganó su primera elección, hasta el 3 de enero de 2026, día en que Estados Unidos bombardeó Caracas para secuestrar a Nicolás Maduro, la realidad interna de Venezuela había sido tema recurrente en los medios dominantes. Los ataques al chavismo habían sido un ejercicio sistemático durante 27 años. Un día se desvanecieron como si un mago hubiera chasqueado los dedos.
Lo único que muestra este cambio repentino es el alineamiento absoluto de la mayoría de los medios de comunicación argentinos y regionales con la política exterior de Estados Unidos. No vuela una mosca sin un guiño de la embajada.
El historiador, consultor y analista político venezolano Sergio Rodríguez Gelfenstein, define la situación actual de Venezuela como un “protectorado de hecho”, impuesto por la fuerza. En el derecho internacional un protectorado es un Estado que mediante un acuerdo le cede a una potencia más fuerte su política exterior, de seguridad, defensa y manejo de los recursos estratégicos. La descripción de Gelfenstein se ajusta fielmente a la realidad.
La semana pasada, el jefe del Comando Sur, el general Francis Donovan, aterrizó en Caracas para coordinar las tareas de reconstrucción de las zonas afectadas por el devastador terremoto del 24 de junio. Donovan no fue a llevar un lote de ayuda humanitaria. Fue a organizar junto con el gobierno local cómo se iban a administrar los recursos.
Luego de más de una década de bloqueo económico y financiero, que produjo la diáspora de 8 millones de venezolanos, el secuestro de Maduro inauguró una nueva fase en la política de Washington hacia Caracas. Se la podría definir como un terrorismo de Estado quirúrgico. Una potencia que sin declarar una guerra utiliza su poder judicial para construir la excusa para la intervención militar. En este caso fue el famoso Cártel de los Soles que la propia Justicia estadounidense reconoció luego que no existía.
El golpe final se produjo el 29 de enero, tres semanas después del secuestro de Maduro. La Asamblea Nacional aprobó la reforma de la Ley de Hidrocarburos que le quitó a la petrolera estatal PDVSA, entre otras cosas, la potestad de controlar al menos el 51% de las acciones en cualquier proyecto de exploración. Las empresas extranjeras podían invertir, pero asociándose con PDVSA que mantenía el control. Esa ley había sido promulgada por Chávez el 1° de enero de 2002 y fue el corazón de la capacidad soberana del estado venezolano y de la posibilidad de distribuir el ingreso. Ahora las empresas extranjeras pueden exportar todo lo que quieran pagando un impuesto único del 15 por ciento.
Un cuarto de siglo después se enterró el motor material de la Revolución Bolivariana. Se hizo con una pistola puesta en la cabeza de la dirigencia chavista. Esto no es metáfora. Es literal. La política exterior de EE UU hacia Venezuela luego del secuestro de Maduro-se dijo-es simple: o hacen lo que decimos o los matamos uno por uno. No es la muerte política. Es el asesinato físico.
Estados Unidos controla todos los recursos de las exportaciones de petróleo venezolano. Luego del bombardeo de enero, volvió a ser el principal comprador, cerca del 45% de lo que Venezuela exporta. Los pagos por esas compras se depositan en una cuenta del Tesoro de estadounidense que se llama Fondos de Depósitos de Gobiernos Extranjeros (OFAC son las siglas en inglés). El Tesoro decide cuándo y cuánto transfiere al protectorado. Lo mismo ocurre con las ventas a la India y otros países.
¿No es hora de que el peronismo debata esta realidad que incluye a la Argentina? La prisión de Cristina es parte de la misma política exterior de Washington. Se dijo la semana pasada en esta columna y ahora se insiste. Estos son los temas para discutir y pensar. No tienen respuestas fáciles ni lineales. Las internas que parecen peleas familiares en una mala noche de Navidad generan la percepción social de que los dirigentes no están a la altura. Y seguramente no es así. «
