La situación sigue siendo crítica en La Guaira, en las zonas costeras del centro de Venezuela, muy cerca de la ciudad de Caracas. Allí las afectaciones fueron muy importantes, hay decenas y decenas de edificios totalmente colapsados, algunas viviendas multifamiliares, edificios muy grandes, de la Misión Vivienda, otros más antiguos. Están desplegados desde el viernes varios grupos de rescate de varios países, especialmente de México, República Dominicana y El Salvador, que son especialistas en búsqueda y rescate bajo escombros. También trabajan equipos de EE UU, España, muchos otros países.

Se restringió el acceso a la zona, lógicamente. El viernes muchísima gente bajó a La Guaira. Aquí decimos bajar porque viniendo del centro, Caracas está más alta, en un valle en la montaña y uno baja a la costa. Muchísima gente bajó a llevar lo que pudiera, la solidaridad que había juntado en su barrio, en sus zonas, todo con esfuerzo. Pero terminó colapsando la autopista e incluso hasta las mismas zonas de desastre. Ya el sábado se restringió casi totalmente el acceso: solo pueden transitar vehículos autorizados para favorecer lo que sería el último día efectivo de búsqueda de personas aprisionadas bajo los escombros, según los códigos internacionales: más o menos tres días en los que puede haber esperanzas ciertas de vida, aunque puede extenderse. Algunas estructuras no colapsaron por completo y puede haber personas atrapadas.

La reacción del gobierno: se reacciona con lo que se tiene, que es bastante. Hay estructura de salvamento de rescate importante. Los ministerios, protección civil. Se trabaja en los lugares afectados, de mayor colapso. O sea, hay reacción, pero todo será menos de lo que requiere la dimensión de la tragedia, dos terremotos devastadores. Es muy difícil reaccionar, por eso también es muy valorada la ayuda internacional.

Y hay cierta prensa que, como siempre, jamás va a dejar tranquila a Venezuela y se insiste con que el gobierno no puede reaccionar o no tiene reacción, que no estaban preparados. Yo preguntaría: ¿quién está preparado para un desastre de esta magnitud? Además, por supuesto que los efectos del bloqueo influyen en la capacidad de respuesta. El bloqueo hizo que toda la estructura del Estado se resintiera mucho durante tanto tiempo, casi una década, desde el 2014. Influyó, aunque hubo una recuperación. La reacción es importante si lo valoramos en términos de que es un Estado golpeado.

Otro tema importante: estamos a menos de seis meses del bombardeo de EE UU y del secuestro del presidente Maduro. O sea, es un país; Caracas es una ciudad que soportó un bombardeo una potencia extranjera, una potencia nuclear. Nunca había sucedido en América Latina y la misma ciudad, la misma gente, las mismas personas que viven cerca de los urbanismos atacados son los que sufrieron ahora este terrible terremoto.

Es una Venezuela doblemente castigada. En lo político por EE UU y también con estos eventos naturales. Hay que dimensionarlo, porque desde Occidente central se divide los dos temas. Y es un proceso único. Acá se olvidaron de lo que pasó el 3 de enero y esto que está pasando ahora. Cómo lo siente el pueblo venezolano: hay que ponerlo en la misma línea de tiempo.

Así, las sensaciones son fuertes. Lo charlamos con compañeros estos días: ¿qué más nos va a pasar? ¿Qué más le va a pasar a los venezolanos, a los que vivimos acá? Desde lo personal, puedo decir que he estado en tragedia, cubrí el terremoto de Haití, muchísimo peor, muchísimo más devastador. Eso era lo más parecido al infierno en la tierra. Aquello fue terrible, esto no llega a esas dimensiones, aunque es trágico y terrible también.

Claro, cuando estás cubriendo eso en otro lado, sabes que siempre vas a poder volver a tu casa. Que es terrible, te solidarizas, puedes empatizar más o menos con la gente, pero sí, en algún momento me voy a ir de acá, a mi casa. Eso acá no pasa. Nuestra casa está acá, mi casa está acá. Es la gente con la que vivo de hace 20 años, las víctimas hablan con un acento conocido, todos estamos entre los periodistas, los colegas preguntándonos “tu casa está bien, tu familia está bien”. No es una pregunta, es un saludo. “¿Cómo está la familia?». Me ha pasado hablando con colegas que, bueno, sí, parte de mi familia sí, pero no encontramos a fulano, a mengano, no encuentro a mi primo. Yo estoy contento porque pude encontrar a mis hijas. Es la sensación terrible cuando te pasa a vos, cuando tu casa es acá.

Eso es lo que debe pensarse en Venezuela. Y la necesidad de la empatía internacional, más allá de estar impresionados, consternados por la tragedia. La empatía con Venezuela. Hay que sacarle un pie encima de la cabeza a Venezuela.

Por supuesto, no digo que este evento natural tenga que ver con lo político, no lo tiene, pero se conecta. Entonces, hay que sacarle el pie de encima a Venezuela, hay que dejar de juzgarla, de señalarla. Desde la derecha y desde la izquierda, desde donde también hubo mucho señalamiento: pedían que nos inmoláramos quizás el 3 de enero, que resistiéramos contra EE UU. Lo siguen pidiendo.

Entonces, hay que dejar de señalar con el dedo a Venezuela. «