Aunque la inflación desaceleró en abril y la tendencia indica que sigue en esa línea en lo que va de mayo, el consumo de la población no se recupera.

Todo lo contrario, las familias se siguen ajustando porque el salario se evapora y fuerzan estrategias impensadas para llegar a fin de mes, incluyendo el salvavidas de plomo del endeudamiento, que se disparó hasta convertirse en uno de los grandes dramas del momento, sin solución a la vista.

El presidente Javier Milei festejó esta semana el último Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec como un logro de su administración camino al objetivo último de la inflación cero.

Pero el ciudadano común no comprueba en la experiencia cotidiana que los precios bajen, según consignan recientes estudios de opinión. Al contrario, se afirma la sensación de que vivir cuesta cada día más y que la política del gobierno de La Libertad Avanza no está orientada a la solución de los problemas más elementales de las familias.

Negatividad

El informe “El quiebre de la promesa libertaria”, de la consultora Sentimientos Públicos, basado en consultas realizadas este mes a 1500 personas de todo el país, reveló que el 75% de los argentinos está en contra de la continuidad del proyecto libertario, consecuencia de la crisis generalizada.

El 45,5% de los consultados consignó que achicó gastos que le generan algún tipo de placer en la vida cotidiana; el 40,3% reconoció que se endeudó por el apremio económico; el 14,9% contó que empezó a tomar medicación psiquiátrica para paliar su malestar; un 2,9% afirmó que empezó a trabajar con una aplicación para complementar o generar ingresos; y un 2,8% reconoció que tuvo que cambiar de colegio a su hijo obligatoriamente.

El informe también arrojó guiños al gobierno, pero por cada persona que aprobó algún aspecto de la gestión tres dijeron que ajustaron gastos.

Los servicios fueron el gasto que más dolió, con el 58% de las respuestas; y la comida fue el segundo, con el 41% de las consultas.

La relación es interesante porque la retirada de clientes del comercio minorista tiene mucho que ver con la presión que ejercen los servicios sobre el salario: cada vez se destina más recursos para pagar la energía, el transporte o internet y, en consecuencia, se reduce más el margen para gastar en artículos de consumo masivo, que también hacen a la necesidad básica, en el híper, en el súper y en los comercios del barrio.

Por los ingresos bajos, familias se autoaplican la motosierra para llegar a fin de mes

En la calle

El Indec lo confirma: en los primeros cuatro meses de 2026, mientras la inflación total acumulada fue del 12,3%, la variación de los servicios fue del 14,6 por ciento.

La tendencia es una constante desde la asunción de Milei, pero los comercios de barrio aseguran que está más firme que antes y, si bien los precios de los alimentos no estuvieron entre los más inflacionarios en los últimos meses, sigue habiendo aumentos, como los de los lácteos (13% en el primer cuatrimestre) que perjudican la demanda.

Desde el otro lado del mostrador, Fernando Savore, referente de los almaceneros bonaerenses, definió la situación del poder adquisitivo de los trabajadores como “muy debilitada”, por lo que las segundas marcas de empresas pymes “cada vez se imponen más en las góndolas beneficiadas por las diferencias con los productos de primera, que son muy importantes”.

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Pauperización

La racionalidad forzosa del consumidor promedio quedó de manifiesto en el Índice de Ventas Minoristas de la CAME de abril, que arrojó una caída de las operaciones del 3,2% respecto del mismo mes de 2025 y una variación negativa del 1,3% en relación con marzo previo.

La caída de las ventas se explicó directamente por la pauperización de los ingresos. El estudio analizó que los clientes, obligados por la escasez, reforzaron sus estrategias de racionalización del gasto, impactando negativamente en las ventas de alimentos y bebidas, lo más elemental de lo elemental.

A su vez, la concentración en consumo básico resintió las ventas del rubro Bazar y decoración, porque el público prefiere postergar cosas como el recambio de mobiliario o el gasto en calzado, porque ante la duda se impone la reparación del material usado. En abril también decayeron las ventas de las ferreterías, debido al congelamiento de la pequeña construcción privada, que también pasa a lugares de necesidad secundarios en el marco de la crisis.

Comportamiento

En el primer trimestre, el estudio Social Mood de la consultora Moiguer registró que 6 de cada 10 personas redujo gastos del presupuesto mensual de su hogar, superando el nivel del mismo período de 2025 en cuatro puntos porcentuales. Consideró que ello fue en respuesta a la erosión y la falta de recomposición del salario. Desde el punto de vista del comportamiento, los consumidores abandonaron las grandes superficies y llevaron sus compras a los barrios. Asimismo, buscan marcas más baratas en las góndolas y, por último, la racionalidad económica apunta a los productos importados cuando suman menos precio con calidad.