Bienvenidos a este newsletter de Tiempo, a estas cartas del Mundial, Postales del Norte, que Alejandro Wall y Andrés Burgo se intercambian desde Norteamérica. Hoy Burgo, desde una Ciudad de México todavía en estado de fiesta, le escribe a Wall, recién aterrizado en Estados Unidos.

Cómo va Wall.

Aterricé en México ayer, el día después de su debut 2-0 contra Sudáfrica, y justo vos te fuiste a Estados Unidos, el día de su debut 4-1 contra Paraguay. No nos cruzamos entre los alebrijes del aeropuerto Benito Juárez por un par de horas. Por cierto, no debe haber ningún periodista argentino en Canadá, el hermano desheredado del Mundial, que también debutó, 1-1 contra Bosnia.

Por qué nos gusta el Mundial

Entre el smog de Ciudad de México igual llegué a ver y a disfrutar la resaca de la fiesta del jueves que vos presenciaste y contaste en este artículo. Aunque habían pasado 24 horas del triunfo, mucha gente eligió vestirse con la camiseta de la selección, desde oficinistas a vendedores de comida callejera, un paréntesis verde en medio de los dramas crónicos del país. Ahí estaban, y seguirán estando, en la avenida Reforma -una suerte de 9 de julio porteña-, las Madres Buscadoras que pegan los carteles de sus hijos desaparecidos, decenas de miles de México en los últimos años. «¿Y vos qué estás haciendo por los desaparecidos?«, incomoda un cartel. 

El fútbol, lo sabemos con el Argentina 2-Inglaterra 1, no recupera las vidas. Pero hay países -los nuestros, los menos favorecidos- que tienen pocos triunfos posibles, y uno de ellos es el fútbol. Esa debe ser la respuesta a una pregunta que se planteó El País, «Por qué les gusta el fútbol», planteada por la presencia de 120.000 mexicanos en las calles por un triunfo en la primera ronda.

Por qué nos gusta el Mundial

Sé que los mexicanos nos silbaron el jueves en el Azteca -como en casi todos los partidos del Mundial 1986- pero es inevitable rendirse agradecidos ante el único país futbolero que organiza el Mundial. Y que tiene, además, ese templo llamado Azteca: cuando fui por la tarde para retirar la segunda acreditación de Tiempo naturalmente pensé en la canción compuesta por el Cuino Scornik que canta Andrés Calamaro: «Me aplastó ver al gigante».

¿Y por Estados Unidos, en tus primeras horas, que viste? ¿El 4 a 1 a una Paraguay sin aforismos de Alfaro permite preguntar si, en el país que inventó «las pausas de rehidratación», el soccer le deja lugar al fútbol? ¿Y Argentina? ¿Cómo la pasa en Kansas? No te lesiones vos también que, en una de esas, terminas jugando contra Argelia el martes.

Por qué nos gusta el Mundial
Foto: Agencia Xinhua