Una vaquita de San Antonio de la especie Coleomegilla quadrifasciata escala el tronco de un arbusto en la localidad salteña de Los Toldos, frontera con Bolivia. Otra paciente cascaruda –Hyperaspis matronata, dorada con manchitas amarillas– camina sin prisa pero sin pausa por un sendero que se bifurca en algún jardín de la provincia de Córdoba. No se guíen por el nombre, Eriopis connexa es una vaquita bien porteña, nacida y criada en el barrio de La Boca. Ni azul ni oro sobre las pétreas alas: ataviada de clásico rojinegro posa cerca del cruce de Brandsen e Irala.

Las postales aisladas de la vida secreta de estos coloridos y suertudos coleópteros pueden parecer información irrelevante, pero no lo es. Estos seres, asociados en la cultura popular a la buena suerte y que en los últimos años parecerían verse menos en los ambientes que nos rodean, forman parte de un proyecto de ciencia ciudadana.

Abierto a toda la comunidad por fuera de las fronteras académicas, busca mapear su generosa diversidad en la Argentina. También persigue el objetivo de protegerlas: las vaquitas de San Antonio locales están amenazadas por la degradación del hábitat, los venenosos insecticidas y la introducción de especies invasoras. La iniciativa se llama Proyecto Vaquitas, nació en 2019 y es piloteada por investigadores, becarios, personal de apoyo y estudiantes de universidades e instituciones públicas.

La doctora en Biología Victoria Werenkraut es la madre del proyecto. En diálogo con Tiempo desde Bariloche, donde vive, la experta del Instituto de Investigación en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA), que depende del Conicet y la Universidad Nacional del Comahue, hace genealogía: «Venía estudiando las invasiones biológicas de insectos, con foco en una especie que se llama vaquita asiática multicolor. Las vaquitas se usan para el control de plagas, comen pulgones y otros bichos que afectan a los cultivos. Esta especie se introdujo en los años ochenta en Mendoza para combatir la plaga del duraznero. Así arranqué».

Invasora

La Harmonia axyridis es una vaquita muy polenta: depredadora generalista, voraz, capaz de sobrevivir a un amplio rango de hábitats y climas. Morruda, mide hasta ¡8 milímetros!, lleva tatuada una «M» o «W» en el pronoto, la parte superior de su tórax. Con el tiempo ganó terreno en estos pagos, se volvió invasora y su arremetida pone en riesgo a las otras 200 especies del gremio de San Antonio que pueblan el suelo nacional.

Detalla Werenkraut: «En 2018 estaba con una beca en Inglaterra y decidí estudiar el impacto del avance de la vaquita asiática multicolor, pero me llevé una gran sorpresa: más allá de algunos trabajos académicos en relación a su vida en los cultivos, no había investigaciones sobre la distribución y diversidad de vaquitas en Argentina. La información que teníamos era de estudios regionales o de colecciones de hace mucho tiempo, como las recolectadas por Darwin. Algo había que hacer. En paralelo hacía talleres de ciencia ciudadana. Junté las dos experiencias y a puro pulmón arranqué».

Correos electrónicos a colegas para conseguir manos, un flyer para compartir por fuera de las aulas magnas y laboratorios, una web casera. Esa fue la semilla del Proyecto Vaquitas en la prepandemia: «Y la gente se re copó. Las fotos empezaron a llegar, se fue construyendo este mapa colaborativo. Para hacerte una idea, cuando arrancamos había 34 especies mapeadas en todo el país, hoy tenemos unas 90. Existían 680 observaciones registradas, ahora tenemos 20 mil. Creo que el éxito tiene que ver con abrir la investigación a toda la sociedad. Esa es la base de la ciencia ciudadana: hacer participar a cualquier persona que no tenga formación científica o académica en una investigación. Hay familias que, más allá de la imagen, te mandan la historia de cómo la consiguieron, muchos chicos y chicas fascinados con las vaquitas».

¿Será por su popularidad atada a la buena suerte? Werenkraut, enamorada de los insectos en general y de las arañas en particular, dice que las vaquitas y las mariposas son las estrellas del reino de los invertebrados: «Si fuera un proyecto sobre cucarachas, no sé si la gente se engancharía tanto. Las vaquitas tienen buena prensa y a su historia la atraviesa cierta creencia popular sobre la suerte, una idea que se basa en la Biología, justamente por su rol al combatir las plagas. Antes no había insecticidas, y si se veían vaquitas en los cultivos era una buena señal, un indicio de una posible buena cosecha».

En tiempos oscuros para la ciencia por el desfinanciamiento que impulsa el gobierno de Javier Milei, Werenkraut echa luz y pide un deseo: «Es triste el presente, que se saquen recursos a los científicos, que se desfinancien proyectos, que se ponga en discusión el rol de la ciencia. Con nuestro trabajo defendemos la biodiversidad, generamos conocimiento sobre las funciones de los ecosistemas. Estudiar a las vaquitas ayuda a cuidarlos y conservarlos. Queremos seguir ampliando ese conocimiento».

El rol del Estado y el desfinanciamiento de la ciencia: «Los becarios se están yendo del país»

El Proyecto Vaquitas también sufre los recortes de la motosierra libertaria. Detalla Werenkraut: «En el contexto actual, los becarios, que son un aporte fundamental, se están yendo del país porque no ven futuro acá. Buscan nuevos horizontes por el desfinanciamiento. Me dicen que quieren seguir dando una mano estén donde estén, porque tienen el corazón puesto en el proyecto, pero se están yendo».
Para imaginar el complejo futuro, la investigadora hace memoria histórica: «Al principio fue todo a pulmón y tuvimos una mano de la National Geographic. Después llegó el apoyo del Estado, con un subsidio del Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FONCYT), también del Conicet, y luego se creó un programa de ciencia ciudadana del Ministerio de Ciencia. Hubo una línea de financiamiento que recibimos el año pasado y no creo que venga ahora. Esa plata se terminó. Tenemos otros tres fondos de financiamiento estatal, y no se está girando la plata. Me mata cuando hablan de ‘ñoquicet’, no saben el esfuerzo y la dedicación que ponemos los científicos en nuestros trabajos. No sé cómo vamos a seguir».