El artista urbano Alfredo “Pelado” Segatori cuenta que a los ocho años decidió darle a su mamá un regalo especial: un puñado de tornillos oxidados que encontró en las vías del tren. Este mismo espíritu lo convoca hoy a recorrer las calles en busca de deshechos para sus obras. Desde chico, Segatori creía en la potencia estética de las cosas que dejan de usarse.

Alguna vez Gaudí dijo que “la originalidad es volver al origen” y en la obra del pelado esto es cierto de una manera total. No sólo porque recupera el ciclo vital de los objetos, sino también porque la energía de la infancia actúa como guía para la creación de un lenguaje propio.

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Foto: Gentileza Paula Pons

 Lo que mueve su obra es el impulso de desjerarquizar -porque encuentra joyas en el descarte- y “enchastrar” los espacios. Esto último es propio de los “exabruptos de color”, una serie que dialoga con conceptos del expresionismo abstracto como la improvisación total, la mancha o el gesto de sacudir el gris de las paredes de la ciudad de manera brusca y repentina; el disfrute de una libertad inesperada, casi como en la infancia. “Hacer magia y que quede pintado un mural”, dice.

Una de sus últimas incorporaciones es una escopeta que tira tiros de pintura, le sirve para hacer trazos gruesos, jugar con texturas y colores. Pero aunque parezca improvisación total, hay una cuota de cálculo. “No te podés pasar con los exabruptos”, explica el artista. En un parpadeo, sobre las paredes de la ciudad, la magia del color fácilmente puede transformarse en marrón. “En el arte la clave siempre está en saber cuándo parar”, dice.  

La medida precisa que encuentra para sus obras no es la misma que lleva en su agenda de actividades. En efecto, Segatori no para nunca. Este año participó en eventos tan diversos como la apertura del Bailando 2023, fue artista insigne de la feria de arte BADA, cerró el Fashion Week, reversionó los murales “Por una Cabeza” y “Exabrupto de color es tango”, ubicados sobre las cuatro paredes bajo los dos puentes de Avenida Bullrich y Libertador, y estuvo en los premios Martín Fierro en Miami con un traje exabrupteado. “Cool outfit”, le decía la gente cuando lo veía pasar.

Foto: Gentileza Paula Pons

Segatori en Miami

La ciudad de Miami fue, precisamente, el escenario de su última intervención artística. En la Art Week, durante el 7 y el 10 de diciembre, convocado por Nido/Refuge of Senses y City of Miami Human Services, Segatori realizó una instalación de arte público en Midtown, a pocos minutos del aeropuerto internacional de Miami. La instalación, que ocupa una manzana completa, consiste en una mezcla de los dos grandes sellos distintivos del artista: el exabrupto de color y el reciclaje.

El piso y las paredes se llenan de arte en una experiencia que Segatori no duda en catalogar como “inmersiva”. Pero, aclara, es producto de la “inteligencia natural”, porque interviene la tecnología humana -el rebusque, la invención espontánea- y no los aparatos electrónicos.

Para hacer la instalación, el pelado se pasó días enteros explorando la ciudad de Miami en búsqueda de residuos. Es una “meca”, un “paraíso cartonero”, dice.

Foto: Gentileza

Hay una exacerbación del consumo que hace que la gente tire cosas que están en perfecto estado. Lo cual nos lleva a preguntarnos por la ecología, la sustentabilidad y los sistemas sociales en los que vivimos”, apunta, crítico. Frente a esta voracidad, Segatori pone un espejo y hace cosas con lo que otros creen “chatarra”. No es la única intervención que tiene de trasfondo una mirada social.   

La otra obra, denominada “Unicornio de Troya”, completa la instalación en Miami. Se trata de una estatua de 4 metros de alto hecha con material reciclado. Ruedas de bicicleta, partes de autos y computadoras son algunos de los elementos que conforman al unicornio de Troya: un regalo aparentemente inocente golpeando las puertas del conservadurismo. La pieza, que saldrá pronto a la venta, es una colaboración con la ONG UNIQUEER. Los fondos recaudados se destinarán a colaborar con acciones sociales de la comunidad LGBTIQ+ local.

Las dos intervenciones se enmarcan en “De Norte a Sur”, un proyecto de intercambio artístico entre Miami y Buenos Aires, coordinado por la Fundación Cultural Andén 2222 y Nido Refuge Of Senses.

Las influencias y el lenguaje propio

Segatori reconoce dos grandes influencias. Berni y Regazzoni, “el Diego del arte palabras suyas. Con Regazzoni tenía, como muchos tuvieron, una relación tensa, picante. Pero un día, Carlos lo ungió como su sucesor: “Ese pelado de mierda va a ser mi heredero”, cuentan que dijo. La cosa no quedó ahí. Rápidamente, Segatori entendió que tenía que hacer algo más con esa herencia. “En el arte urbano había un lugar vacante. Había mucho figurativo y abstracción geométrica pero faltaba la onda Pollock. Esa cosa explosiva quise empezar a hacer porque estaba faltando”, dice.  

Para encontrar este lenguaje propio, Segatori atravesó muchos caminos. A principios de los ‘90, cuando terminó la escuela, hizo el profesorado de Educación Física. Paralelamente, empezó a moverse en el ambiente del Parakultural, un mundo que fue despertando su recorrido por las artes plásticas. Incursionó en el graffiti hip hopero hasta que empezó a pintar murales con pintura, como hace hoy en día.

Pero en todo ese trayecto, hizo cosas muy diversas: fue organizador de fiestas y hasta visitador médico. Esta última experiencia la canalizó en la pandemia con una serie de performances fotografiadas por Jonas Papier en las que se lo puede ver a él mismo disfrazado de visitador médico con el traje exabrupteado. “En cuarentena quedé pintado”, se llamó la pieza. Para el año entrante, los proyectos continúan. Además de las actividades de la Fundación Cultura Andén 2222 que dirige, habrá murales, performances, estatuas e intervenciones de todos los colores y en todos los lugares.