Se saldó una deuda con la sociedad riojana y argentina, se hizo Justicia por tantos que trabajaron y entregaron lo mejor de sí para construir una patria mejor”, afirmó en un comunicado oficial la Diócesis de La Rioja tras la sentencia que condenó a prisión perpetua exalférez de Gendarmería, Eduardo Abelardo Britos. Éste fue hallado culpable de crímenes de lesa humanidad perpetrados contra, al menos, 42 victimas durante la última dictadura militar y por el homicidio del dirigente campesino Wenceslao Pedernera, colaborador del obispo Enrique Angelelli.

Wenceslao Pedernera, un dirigente campesino

Un grupo de tareas acribilló a Wenceslao Pedernera, colaborador cercano de Angelelli, la noche del 25 de julio de 1976. Lo hicieron en su domicilio y frente a su mujer Marta Cornejo y sus hijas María Rosa, Susana y Estela, niñas en aquel entonces. Murió en un hospital de Chilecito y, según se afirma en la web de la Diócesis, sus últimas palabras fueron pedir a su familia que no odiaran.​ Se trató, para la Fiscalía, de un eslabón más en la cadena de hechos violentos contra la obra del Obispado. Durante sus testimonios, tanto Cornejo como sus hijas y demás testigos expresaron que había un compromiso social y religioso en Pedernera por lo que correspondió encuadrar su asesinato con el de los sacerdotes Carlos Murias, Gabriel Longueville y Angelelli.

Wenceslao tenía 30 años cuando fue asesinado. Era puntano pero había migrado a Mendoza para trabajar en la empresa vitivinícola Gargantini. En 1962 se casó con Marta Cornejo, con quien tuvo tres hijas. Según puede leerse en la web de la Diócesis, en 1968 comenzó a participar activamente en la Iglesia Católica, en 1972 conoció al obispo Angelelli y su acción pastoral comprometido con los pobres. Por esta razón se mudó con su familia a Sañogasta, La Rioja donde formó parte del Movimiento Rural Diocesano y asumió tareas pastorales hasta su asesinato.

El Papa Francisco reconoció oficialmente que la muerte de Wencesaleo tuvo el carácter de “martirio en odio de la fe” y por eso, el 27 de marzo de 2019, fue beatificado junto a Angelelli y los sacerdotes Longueville y Murias.​ “En el acto de beatificación, se estableció que la memoria litúrgica en su honor sea el 17 de julio y nombrado patrono de la Pastoral Campesina por el actual Obispo de La Rioja, Monseñor Dante Braida”, reza la web oficial.

Britos, a cargo del centro clandestino IRS

El juicio oral comenzó el 28 de abril de 2023 y, sin embargo, ya habían transcurrido más de 47 años desde los crímenes perpetrados en el Instituto de Rehabilitación Social (IRS), una cárcel que funcionó como centro clandestino de detención en La Rioja.

Britos fue oficial de Inteligencia de la Gendarmería, lideró el Escuadrón 24 “Chilecito” de La Rioja y fue jefe del Instituto en dictadura. En la etapa de alegatos, la fiscal federal María Miguel Carmona y los abogados querellantes resaltaron que en la provincia hubo un plan sistemático represivo “con el agravante de que uno de los objetivos fue la Pastoral de (Enrique) Angelelli” que había sido calificada como “subversiva al querer cumplir con los decretos del Concilio Vaticano II y desarrollar su misión evangelizadora”.

De esta manera, Carmona aseveró que “La persecución, tortura y asesinato de diferentes personas en La Rioja tuvo la particularidad de centrarse con encono en la figura del obispo Angelelli y las personas relacionadas con él”.

Los testimonios de 60 testigos coincidieron que el trato cruel e inhumano se profundizó cuando Britos asumió la jefatura del IRS. “Las torturas significaban bajar al infierno pero dominado por hombres con abuso de poder. Torturaban perversamente sin distinción de género ni edades y sin considerar el valor de la vida y el destino supremo de los detenidos”, aseguró la fiscal.

En su comunicado, la Diócesis riojana apuntó, además, que los testimonios coincidieron en que durante el terrorismo de estado de la época hubo “persecución por odio a la fe, el ataque sistemático a la Pastoral de Monseñor Angelelli, la imposición de privación ilegítima de la libertad, torturas, tormentos y violaciones a los detenidos en el Instituto de Rehabilitación Social”, a cargo de Britos.

Cabe recordar que el exgendarme pasó dos años prófugo de la justicia argentina hasta que fue extraditado desde Paraguay en 2011. Asimismo, en 2013 había sido condenado a 15 años de prisión por imposición de tormentos contra seis presas y presos políticos.

Una sentencia sin agravante por odio religioso

El tribunal integrado por los jueces José Quiroga Uriburu, Mario Martínez y José Asís falló por unanimidad al considerar los hechos como delitos de lesa humanidad y, por lo tanto, imprescriptibles. Britos fue condenado por homicidio calificado, privación ilegítima de la libertad, allanamiento, imposición de tormentos agravados, violación calificada con el concurso de dos o más personas en grado de tentativa, asociación ilícita y abuso deshonesto agravado cometido por un encargado de su guarda. No obstante, el tribunal desestimó el pedido de agravante por odio religioso que habían efectuado las querellas.

Tampoco hizo lugar a los planteos del abogado defensor, José Nicolás Chumbita, en lo relativo a la solicitud de nulidad de la extradición de Britos. Asimismo, ordenó diferir la modalidad de ejecución de la pena hasta que quede firme la sentencia y se pronuncie el cuerpo médico forense de la Corte Suprema respecto del estado de salud actual de Britos, para el cumplimiento de la condena en una unidad del Servicio Penitenciario Federal. En este sentido, los magistrados solicitaron con carácter de urgente la realización de una junta médica integral. La lectura de los fundamentos de la sentencia será el 12 de marzo próximo.

Organizaciones, militantes y la Diócesis acompañaron el fallo

Acompañaron la sentencia familiares, amigos de las víctimas y sobrevivientes del terrorismo de estado. También monseñor Dante Braida, en representación de la Diócesis de La Rioja, una de las querellantes en la causa. Se hicieron presentes, también, funcionarios de las Secretarías Provincial y Nacional de Derechos Humanos, medios de prensa y público en general.

Susana Pedernera, una de las hijas de Wenceslao, dijo a Télam que la familia sintió alivio al poder declarar durante el juicio. “Nos sacamos muy de adentro todo, nos ayudó a estar más aliviadas”. A su vez, destacó la fortaleza de su madre de 83 años, quien “nunca decayó, siempre luchó y sigue luchando”.