Se inaugura hoy a las 19.30 el Bar Piglia en el Espacio Cultural de la Biblioteca del Congreso de la Nación. Su apertura será encabezaa por la Diputaa María Teresa García. En este marco tendrá lugar el lanzamiento del ciclo literario Palabra viva, coordinado por la escritora y periodista María Moreno. Durante el acto se dará lectura al texto que Piglia había escrito para la ocasión. Producida su muerte el 6 de enero, se trata entonces del último o uno de los últimos textos del escritor. 

Según lo informan los organizadores “La idea de bautizar al bar de la Biblioteca con el nombre de Ricardo Piglia, surgió con el escritor en vida, iba a ser él quien diese inicio al ciclo literario como primer invitado. Para ello, Piglia escribió unas palabras acerca de la importancia del rol de la Biblioteca del Congreso de la Nación en su vida y en la política. Hoy, con su fallecimiento, este homenaje se trasforma en un compromiso con su memoria. El texto será leído en la presentación y se hará circular entre todos los presentes. El bar Piglia- agregan- contará con la colección completa de libros del escritor que estará a disposición del público.”

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 María Moreno escribió: “¿Por qué bautizar “Piglia” a un bar? La pregunta debería ser otra: ¿Cómo no llamarlo así? Porque para Ricardo Piglia los bares de las ciudades en que vivió fueron también escritorio abierto–allí escribió los borradores de sus novelas, tomó apuntes para las colecciones de libros que dirigió, bosquejó ensayos destinados a las revistas literarias de las que participó–, sala de encuentro con otros conspiradores de la trama cultural y política–David Viñas, José Szabón, Roberto Jacoby, Héctor Schmucler… –biblioteca personal –para leer desde Dostoievsky a García Márquez o estudiar el fetichismo en El Capital de Marx (confitería La Modelo de La Plata ) y refugio de activista como cuando, durante una manifestación de protesta contra la invasión de EEUU a Santo Domingo, ante el ataque de los cosacos, corrió desde Congreso hasta La Opera de Corrientes y Callao. La primera entrada de Los diarios de Emilio Renzi , “Nuestros años felices”, se titula “En el bar” y comienza con el protagonista acodado en la barra de El cervatillo. Toda su obra parece el fruto de un deambular entre lugares como El rayo, La modelo, el Teutonia, Don Julio, La Paz, el Ramos, La Opera, el Florida y otros bares que no nombra pero que se cruzan en sus desplazamientos entre La Plata y Buenos Aires . Y él lo sabía . En el primer tomo de los diarios declara: “Tengo una gran experiencia en la disposición de los cafés en los que he trabajado. Son para mí un anexo del lugar donde vivo, una mezcla de escritorio y de sala de recibo. Sé a qué hora los bares están vacíos y se pueden ocupar sin problemas, gozando de la tranquilidad de un lugar limpio y bien iluminado. Como siempre, en casos así, vengo con el libro que estoy leyendo y con un cuaderno de notas y eso me alcanza para pasar la tarde” . Poco antes de morir Ricardo Piglia nos envió un texto entrañable donde rinde su homenaje a la Biblioteca del Congreso como espacio de investigación y lectura –en sus salas estudió la vida de Enrique Lafuente, miembro del Salón Literario, personaje en quien se basaría para crear el Enrique Osorio de Respiración Artificial– pero también como guarida nocturna para disidentes políticos, autodidactas apasionados pero sin tiempo, pobres en busca de los mates cocidos servidos a la madrugada por empleados amables y eficaces, cuando la dictadura militar parecía detenerse ante ese espacio que contenía para ellos la seguramente intimidante palabra ”congreso”. 

La inauguración está abierta a todo público. Sólo basta haber disfrutado alguna vez de un texto de Piglia.