Juan Pablo Vojvoda -46 años, cordobés de Cruz Alta- fue elegido en 2021 el mejor entrenador del Brasileirão, acaso el campeonato más revalorizado del mundo. En siete meses, con el humilde Fortaleza, ganó el torneo estadual Cearense, alcanzó la semifinal de la Copa de Brasil y terminó cuarto en el Brasileirão, clasificado por primera vez en la historia a la Copa Libertadores. En Argentina, dirigió a Newell’s, Defensa y Justicia, Talleres y Huracán. Fortaleza, un equipo del Estado de Ceará, Región Nordeste, venía de jugar entre 2010 y 2017 en la tercera división de Brasil. Enlazado a Marcelo Bielsa y Mauricio Pochettino, Vojvoda (“Duque”, en croata) prefiere mantener el perfil bajo, la baja exposición. Pero habla: del Brasileirão y el país do futebol, del fútbol moderno que viaja de los “sistemas tácticos” a las “situaciones de juego”, de sus estudios en Medicina, y de su trabajo y lucha en el fútbol sin querer ser un bicho raro ni dejar frases de sobrecitos de azúcar.

-¿Qué fútbol hay en Brasil?

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-Encontré un fútbol muy rico en la parte técnica. Brasil salió cinco veces campeón del mundo y los jugadores brasileños están por todo el mundo. No tengo un lenguaje muy raro. Pienso: “Este juega bien o juega mal”. Comprobé y certifiqué en el día a día lo que vemos, como que el lateral brasileño juega bien. El jugador brasileño tiene su carácter. Pero vas al exterior, y preguntan en qué se destaca un jugador argentino, y dicen que en la personalidad. El brasileño se destaca en que juega bien: el que gambetea hace una gambeta que nunca viste, el que remata al arco remata con una parte del pie y no sabés cómo va a bajar la pelota, o las chilenas y piruetas. Como entrenador ves todo, pero en determinadas situaciones decís: “Acá, en Brasil, estoy viendo el fútbol de la base”. El fútbol que se juega cuando sos un niño. Y me encontré con estadios y centros de entrenamiento muy buenos. Eso es lo que pude vivir en Brasil en los kilómetros recorridos en todo este año con Fortaleza, porque Brasil es un continente de lo grande que es.

-¿Cuál es la gran diferencia con Argentina?

-No hago comparaciones, siempre estoy en contacto con el fútbol argentino. Pero la gran diferencia está en la conformación de los planteles, porque el fútbol es de los jugadores. Están regresando gracias a las inversiones económicas jugadores brasileños muy importantes, a Atlético Mineiro, Palmeiras, Flamengo, Corinthians. Esos equipos marcan la diferencia. Y cuando se eleva el nivel, todo se eleva. Los demás clubes, como Fortaleza, nos preparamos para jugar contra los clubes grandes, que hay más que en Argentina.

Desde 2006, el Brasileirão es igual: 20 equipos, los de arriba clasifican a las copas, los de abajo descienden. En los últimos diez años, el formato en Argentina cambió 14 veces y en 2022 habrá 28 equipos en la Liga.

-Eso afecta al fútbol. Me gustan los torneos largos. Cuando jugaba en Argentina era Apertura y Clausura. En el Brasileirão está igualado todo: dos ruedas, una de visitante, otra de local. Jugás con frío contra Juventude, ahora venite a Fortaleza a jugar con calor. Es la justicia. El brasileño respeta mucho al fútbol argentino, pero después, cuando me piden explicaciones, como por qué el que salió segundo no clasificó a la Copa Libertadores, como Defensa y Justicia, es difícil. Y después es difícil para vender el producto al mundo. Lo que nos identifica hoy es un año una cosa, el otro otra, y el próximo veremos.

-“Al brasileño, sobre todo, le gusta jugar”, dijiste. ¿Qué significa?

-Juegan cada tres o cuatro días y todos quieren estar. Los jugadores se concentran, juegan, se concentran, juegan. Viven entre hoteles y aviones. Y también disfrutan de la vida. En los entrenamientos se hace de noche y siguen jugando. O ves que a las diez de la noche están jugando los partiditos en las playas iluminadas de Fortaleza. Adopté eso, pero en el día a día mi trabajo es profesional. Utilizo ese espíritu amateur del jugador brasileño para encauzarlo dentro de una metodología de trabajo, dentro de lo que pretendo. Cuando se entrena, se entrena, desde lo táctico a lo físico. No dejo todo librado a la inventiva del jugador, mi mentalidad no me lo permite. Quiero que mi equipo juegue como quiero, adaptándome a las circunstancias, a los jugadores. Pero sí, de tanto que les gusta jugar al fútbol, lo perfeccionan. Mejoran a través del disfrute.

-¿Qué es el fútbol moderno?

-El fútbol ha cambiado, y espero que no en su esencia. Pero cambió en profesionalización, logística, en la gente que trabaja detrás, desde los recuperados-fisiologistas hasta los videoanalistas. Yo aparezco como la cabeza del cuerpo técnico, que antes lo integraban el entrenador, el ayudante y el preparador físico. Hoy tenés más de 15 integrantes en un staff técnico. Y dentro del campo de juego también ha cambiado en intensidad y ritmo.

-¿No ser ofensivo ya no vende?

-A veces juego con línea de cinco, pero en esa línea de cinco defensiva a lo mejor hay sólo un marcador central de naturaleza, y después laterales reconvertidos a stoppers y carrilleros que a lo mejor eran delanteros. El fútbol va más hacia resolver situaciones de juego que a buscar sistemas tácticos, que son dinámicos. El jugador, antes, era N° 4 y jugaba de 4. Ya no: el 4 tiene que defender, posicionarse para un pase de salida, atacar espacios, conducir y llegar al fondo y echar un centro. Son diferentes situaciones de juego que el jugador va resolviendo en el partido. O paramos una imagen en una computadora y vemos que un equipo está parado con línea de cinco, pero cuando ataca, no queda así defensivamente. Ya va a llegar a la gente, que al final lo que ve es si un equipo juega bien, sus comportamientos. Muchas veces queremos encasillar lo que vemos para decir que sabemos. “Mirá, puso al enganche ahí para que gane ese espacio”. Y a lo mejor el entrenador no le dijo nada, el jugador sólo fue encontrando lo que el partido le proponía, recibirla en ese lugar.

-¿Por qué decidiste vivir en el predio de Fortaleza?

-Por comodidad, no para vender nada. Me levantaba, tenía el desayuno y mi oficina, y me sentía bien con la gente con la que compartía el día a día. En Defensa también viví en el predio. Me levanto y hago lo que me gusta. No sé si está bien o mal o si lo voy a volver a hacer o no. Las mejores ideas, el mejor trabajo, a veces no es mirar un partido y que termine y mirar otro y así, porque cuanto más horas trabaje mejor voy a ser. Muchas veces, en salir a caminar, o en reunirte con un amigo en un café, solucionás y aprendés más que mirando tres partidos seguidos. Me pasaba cuando estudiaba Medicina. En lugar de estudiar tres horas, quizá un compañero venía y me lo explicaba.

-¿A veces se habla demasiado sin saber en el fútbol?

-No sé. Yo leo y escucho y de todos aprendo. Como de Bielsa, Martino y Pochettino. Pero es lo que hace cualquier entrenador con otros entrenadores, no soy un bicho raro. Es mi cercanía de Newell’s. Cada uno va adoptando lo que le gusta del otro, pero después, para transmitirlo, lo tenés que sentir, tenerlo incorporado, porque si no sólo te va a servir un tiempito, o a quedar en la nada, sin efecto. Lo que sí, me gusta tener tiempo para hablar y respetarme y respetar al otro, y tratar de no decir cualquier cosa.

-¿Cómo fueron los días en el Hospital del Centenario de Rosario?

-Estudiaba Medicina cuando era jugador de Newell’s y dejé porque quería priorizar mi carrera y me fui a jugar a España. Y cuando regresé a Newell’s después de 12 años, como entrenador en las inferiores, intenté tratar de cerrar ese círculo. Tenía hasta cuarto año aprobado pero tuve que empezar de nuevo, de segundo. No me veía como médico, pero era buscar una vía de escape del fútbol, abrir la cabeza. Mi madre es bioquímica. Me faltaba un mes de la práctica final, ya había hecho ocho meses, y me sale la oportunidad de dirigir a Defensa y Justicia. No pude tener el título.

-“No me quieran porque gané, necesito que me quieras para ganar”, dijo una vez Bielsa. Les dijiste algo similar a los hinchas de Fortaleza.

-El fútbol es de la gente, de los hinchas. Quise decir que en los momentos buenos disfrutemos todos, y en los malos, cuando estemos sufriendo, necesitamos mucho más apoyo. Es lo que nos pasa a todos en la vida, y en el fútbol también me gustaría eso. Lo hemos conseguido en determinados momentos en Fortaleza. Es fútbol, no siempre se puede jugar bien, y en ese momento está el torcedor, como lo llaman ellos. Que pueda entender la situación, que quizá nos faltaron jugadores importantes para tal partido, ese entendimiento y no ese cuestionamiento. Si hay un trabajo detrás, que el verdadero hincha lo reconozca, y por eso tenemos que luchar lo que estamos en el fútbol. No quise decir una frase para que quede enmarcada.