A la Confederación Sudamericana de Fútbol le gusta repetir el eslogan de que la Copa América es el torneo de selecciones más antiguo del mundo. Tan antiguo que llegó a convivir con la pandemia del siglo pasado. En 1918, Brasil debía organizar el tercer Sudamericano, después de que lo hicieran Argentina (1916) y Uruguay (1917). La gripe española, que golpeó fuerte en Río de Janeiro, obligó a suspender el torneo.

Más de cien años después, la Conmebol parece obsesionada en no repetir la historia de 1918 y de 2020: la Copa América se debe jugar sí o sí en 2021. Aunque primero Colombia le cerrara las puertas. Y luego la Argentina. Brasil apareció como la sede para sostenerla a flote. Sin embargo, a una semana del supuesto partido inaugural en Brasilia, late con fuerza la idea de un boicot promocionado por los propios futbolistas brasileños, disgustados con la decisión inconsulta de llevar la Copa a un país arrasado por la situación sanitaria, con más de 470 mil muertos desde que comenzó la pandemia.

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“No podemos hablar todavía, pero nuestra posición ya se conoce. Estamos todos juntos y es unánime”, dijo Casemiro, el capitán brasileño, que aseguró que darán a conocer la postura después del martes, cuando se cierre la doble fecha de Eliminatorias. A siete días, es difícil adivinar si la pelota rodará en Brasil.

Más allá de la particularidad de la pandemia y de la obsesión de la Conmebol por llevar adelante esta Copa, no es una situación nueva para el fútbol sudamericano. En los últimos dos años la región estuvo atravesada por distintas crisis políticas y sociales. Y el fútbol no quedó al margen. En Ecuador, Chile, Colombia, Uruguay y Bolivia la pelota se detuvo por distintos motivos en el último lustro.

La Selección argentina jugará este martes en Barranquilla, con 10 mil personas en las tribunas. Será apenas el segundo partido en un mes en Colombia, todavía atravesada por el estallido social que comenzó en abril. Futbolistas, clubes y los propios hinchas estuvieron activos en estas cinco semanas de paro nacional y movilizaciones. Después de que Conmebol insistiera en jugar la Copa Libertadores entre gases lacrimógenos, la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales pidió que se suspendiera la Liga Dimayor. “Llevamos total apoyo al clamor expresado por el pueblo colombiano en su protesta y nos unimos a esas voces que piden un país más justo, equitativo e inclusivo, en el que se nos garanticen a todos  las condiciones mínimas para vivir con dignidad”, decía el comunicado. Desde aquel 13 de mayo no hubo fútbol hasta que este viernes se retomaron los cuartos de final de la Liga Dimayor.


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(Foto: Daniel Munoz / AFP)


La Selección colombiana llegará a enfrentar a Argentina con la moral en alza. Viene de vencer 3-0 en Lima a Perú, que marcha último en las Eliminatorias. Hoy Perú irá a elecciones: Pedro Castillo y Keiko Fujimori llegan a un balotaje con propuestas enfrentadas. Doce futbolistas de la Selección de Ricardo Gareca hicieron campaña pública a favor de Fujimori, hija del expresidente Alberto, preso a los 82 años, condenado por delitos de lesa humanidad y todavía con 13 años de prisión por cumplir. “Ponete la camiseta contra el comunismo”, pedían los jugadores en el video. Son la camada que devolvió a Perú a un Mundial después de 36 años. Ídolos nacionales. Pero en un país dividido en vísperas de la elección, millones de hinchas no les perdonaron el video. Y tampoco la derrota.

Ahora, los de Gareca deberán viajar a Ecuador para intentar enderezar el rumbo de las Eliminatorias y recomponer el idilio con sus hinchas. Será en Quito, donde hace apenas dos años se vivió un estallido similar al que sucede en Colombia. La revuelta ecuatoriana, en octubre de 2019, coincidió con la organización de la Copa Libertadores femenina en Ecuador. Conmebol resolvió en aquel momento con otra lógica a la que usa este año: “La Confederación decide aplazar los encuentros agendados de la jornada de este sábado en la Libertadores femenina que se está celebrando en Quito, Ecuador, tras evaluar la situación con la Policía ecuatoriana, la Federación Ecuatoriana de Fútbol y diferentes autoridades locales, quienes no pueden garantizar las condiciones de seguridad”.

Los últimos años fueron agitados en el sur de América. “¿Es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza? ¿Condenada por quién?”, se preguntó el escritor uruguayo Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina, en 1971. Medio siglo después la respuesta se sigue escribiendo. Y acaso uno de los mejores ejemplos sea Chile.

Este martes, en Santiago, la Selección chilena jugará ante Bolivia por las Eliminatorias. Será, de algún modo, el amistoso que no se pudo jugar en noviembre de 2019, cuando “Chile despertó”, como se cantaba en las calles. “Hay un partido más importante, que es el de la igualdad, el de cambiar muchas cosas para que todos los chilenos vivan en un país más justo”, dijeron los jugadores al negarse a participar del amistoso programado en plena crisis. Aquel estallido que comenzó con protestas por el aumento del boleto de subte y que terminó con una reforma de la Constitución Nacional vigente desde el pinochetismo también sacudió la estructura del fútbol chileno. No solo por la cancelación de ese amistoso ante Bolivia y otro ante Perú. O porque Conmebol haya tenido que mudar la sede de la final de la Libertadores contrarreloj. La actividad del fútbol chileno estuvo suspendida durante tres meses debido a los conflictos sociales y a las protestas contra Sebastián Piñera.

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(Foto: Carl de Souza / AFP)

Bolivia, el rival chileno de este martes, también tuvo su fútbol parado. El torneo Clausura 2019 llegó a las seis fechas suspendidas durante el golpe de Estado que encabezó Jeanine Áñez. Cuando Áñez pudo estabilizarse en el cargo luego del exilio de Evo Morales en México, el ministro de la Presidencia y expresidente de Blooming, Jerjes Justiniano, pidió que volviera el fútbol “para contribuir a la pacificación y normalizar el país”. Con cacerías en todo Bolivia y más de 30 muertes, el gobierno destinó a militares para que abrieran las rutas que debían recorrer los equipos para retomar el torneo.

Son distintas situaciones que llevaron a que la pelota se detenga en diversos puntos del continente, que no tienen que ver con la pandemia. Este año, la Conmebol está dispuesta a que haya fútbol a cualquier costo. La Copa América se debe jugar. A no ser que no haya jugadores. ¿Estrellas del fútbol sudamericano que se planten? Tampoco sería la primera vez en el corto plazo. En Uruguay, por caso, el movimiento Más Unidos que Nunca, que involucraba al 90% de los futbolistas locales con el apoyo de Luis Suárez, Diego Godín y las figuras de la Celeste, paró a finales de 2017 el torneo uruguayo en reclamo contra las condiciones que imponía Tenfield, la empresa dueña de los derechos de televisación. Algo de eso, cuentan los medios desde Brasil, parece estar cocinándose. No se trata solo de Casemiro, Neymar y compañía. Hay diálogo entre los diez capitanes de las selecciones sudamericanas, que ya tienen un recorrido en conflictos y fútbol.