El seleccionado de rugby seven se colgó la de bronce tras imponerse en el duelo por el tercer puesto a Gran Bretaña, por 17-12. Para Los Pumas fue el cierre soñado para un torneo fantástico, que tuvo su punto más alto en la victoria de cuartos de final ante Sudáfrica, con cinco jugadores, una desventaja enorme en una disciplina tan dinámica y con tanto espacio como es el seven. Es la medalla número 75 que consigue la Argentina en toda su historia olímpica. La primera que aporta el deporte de la pelota ovalada, en su segunda participación.

A partir de esa hazaña se construyó el sueño. En semis, chocaron con la magia de Fiji, el bicampeón olímpico. Pero Argentina se enfocó rápido. Y jugó un partidazo ante Gran Bretaña. Lautaro Bazán Vélez, Marcos Moneta (el máximo anotador del equipo en el torneo) e Ignacio Mendy marcaron los tries del conjunto argentino. El pateador Santiago Mare aportó una conversión para el elenco que se subió al último escalón del podio. Los Pumas no contaron con Gustavo Revol, que fue sancionado por cuatro partidos por una infracción ante Sudáfrica, ni con Matías Osadczuk, que sufrió una rotura de ligamentos en su rodilla izquierda.

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El arranque del partido por el bronce también fue adverso. Cuando no se habían cumplido siquiera 2 minutos, Ben Harris escapó al tackle de Bazán Vélez y apoyó la pelota en el ingoal adversario para decretar la apertura: 5-0. Enseguida reaccionaron Los Pumas ‘7, apoyándose no sólo en el juego de manos sino también en la chance de provocar infracciones. Así, dos tries sucesivos de Bazán Vélez (5m.) y Moneta (6m.), más una conversión de Mare, permitió irse al descanso con la ventaja 12-5.

El cansancio hizo su aparición y, entonces, un espacio otorgado al adversario le permitió a Lindsay-Hague enfilar por el centro y marcar el segundo try británico. El partido quedó empatado 12-12, a falta de 4 minutos. Todo era tensión, en un deporte que se define en un pestañeo. Sin embargo, en la siguiente jugada, después de ganar la bola en la salida, Argentina volvió a facturar, a partir de la velocidad de Ignacio Mendy, quien se sacó un jugador inglés de encima y se fue derecho al ingoal rival.

Los dos minutos finales fueron jugados con inteligencia por Los Pumas ‘7. Sin otorgarle ventajas a Gran Bretaña. El equipo argentino se abrazó a la victoria y logró subirse al tercer y último escalón del podio. Objetivo cumplido que aporta la primera alegría al medallero nacional y sirve de desquite ante Gran Bretaña, que había sido el rival que frustró a la Argentina (le ganó por 5-0 en tiempo suplementario) en los cuartos de final de Río 20016.

“No fue un camino fácil. Pasamos muchos contratiempos, pero esta medalla es la recompensa. No es fácil cumplir los sueños, pero hoy lo logramos”, sostuvo el DT Gómez Cora a la TV Pública, una vez finalizado el cotejo. “A nosotros no nos importan las individualidades: jugamos por el que tenemos al lado. Los que no pudieron estar son el motor de todo esto”, aseguró el capitán Santiago Álvarez, en un resumen de lo que se vio en estas tres jornadas del equipo.

El rugby le da una alegría a la Argentina en un contexto particular, después de algunos acontecimientos que sacaron a la superficie tradiciones violentas de un deporte con sesgos elitistas, como fue el asestinato a patadas de Fernando Baéz Sosa, en Villa Gesell, de parte de una patota de de diez rugbiers del Club Náutico Arsenal de Zárate o la aparición de algunos tuits viejos con contenido misógino y xenófobo de algunos jugadores actuales de Los Pumas. Después de aquello, el rugby nacional abrió una puerta a la autocrítica y al trabajo para revisar esas cuestiones que antes se reducían a “los valores del rugby”. Esta victoria del seven, esta primera medalla argentina en Tokio, puede servir para continuar en el camino de cicatrizar esas heridas.