Ante mil y pico de personas sobre tablones de madera en el Parque Sarmiento, Carlos Berlocq y Leo Mayer sufren hasta el último punto del quinto set ante la pareja italiana y estiran para hoy la definición de la primera ronda, esa que puede depositar a Argentina en los cuartos de final o en el repechaje para no caerse del Grupo Mundial. 

La temperatura es superior a los 30 grados, la maleza se mezcla entre la estructura tubular y una pareja formada por el 84º y el 147º del mundo representa, aunque no parezca, al campeón vigente de la Copa Davis.

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Poco más de dos meses pasaron desde la épica victoria de Juan Martín del Potro y compañía en Croacia y de la vuelta olímpica más esperada con el equipo más impensado. La fiesta de coronación en casa no se parece en nada a lo soñado: poco público, una cancha improvisada, jugadores de segundo o tercer orden y la posibilidad de irse a la B, a pesar del triunfo de ayer por 6-3, 6-3, 4-6, 2-6 y 7-6 (9).

Entonces, ¿cuál es la realidad del tenis argentino? ¿La del equipo que gana la Davis sin jugar de local y que elimina, entre otros, al campeón defensor en Gran Bretaña? ¿O la del que sufre en su casa para no ser vapuleado por un rival al que superó el año pasado con relativa facilidad en Pésaro? ¿La del que copa el Aeropuerto de Ezeiza de fanáticos para recibir a los campeones? ¿O la del que despierta tan poco interés que ni atrae a los trapitos a las inmediaciones del Parque Sarmiento? Probablemente ni una ni la otra.

A pesar de que hubiera sido más lógico ganar la Davis con la famosa Legión, esa que mantuvo durante años a más de un Top Ten, la conquista llegó de la mano de la espectacular vuelta de Del Potro a la competencia, cuando ya casi nadie lo tenía en cuenta. También es cierto que la posibilidad de dejar el Grupo Mundial, por calidad y cantidad de jugadores, hubiera sido más posible hace unos años, cuando a la Legión le pesaron los años y a Delpo, las lesiones, y el recambio no aparecía. Por eso, y pase lo que pase hoy en los singles que restan jugarse, parecería fuera de lugar que Argentina tuviera que defender su puesto en la elite por equipos, no por ser el último campeón, sino por tener, además de un jugador extraordinario, a dos entre los mejores 60, y a una dupla de dobles experimentada y que en las Davis suele dar más que en circuito. No le sobra mucho, pero tampoco le falta tanto para dar pelea y así como un cúmulo de circunstancias lo llevaron a conquistar la Copa el año pasado, algunos cambios lo podrían dejar este año en el fondo.

Con la baja de dos jugadores, como Del Potro y Delbonis, la altura del equipo pareció disminuir demasiado, pero su presencia no le hubiera asegurado una serie tranquila: solo la Torre de Tandil es seguridad de victoria en singles y el resto de los partidos habrían sido parejos, como el de ayer en dobles, que le dio al equipo argentino la oportunidad de evitar o retrasar pasar de un extremo al otro tan rápido.