Cuando en marzo de 2020 se anunció que Diana Zurco sería la primera conductora trans de un noticiero central de la televisión argentina se desató un efecto dominó cuyo alcance todavía no llegamos a mensurar. No se trataba sólo de un mensaje de inclusión e igualdad de oportunidades. Implicaba e implica un triunfo de Diana, del colectivo LGBT+ y de cualquier persona de bien. Al mismo tiempo, se hacía indisimulable un grave problema estructural: las identidades trans habían sido sistemáticamente invisibilizadas. Diana comprende a la perfección el valor simbólico y concreto de su presencia en la TV Pública, y desarrolla su trabajo con una gran dedicación profesional y un irrenunciable compromiso con la equidad de derechos. Mañana se cumplen diez años de la aprobación de la Ley de Identidad de Género en la Argentina, un motivo de alegría y orgullo para Diana, pero también un recordatorio de que no hay margen para detenerse: ella sabe muy bien que las leyes dan derechos, pero que la verdadera igualdad se juega todos los días y necesita más voluntades que las que puede expresar un marco normativo.

Sus primeros pasos relacionados con la comunicación comenzaron, sin saberlo, en la infancia, donde suelen aparecer los trazos iniciales de lo que después serán grandes pasiones. Amaba escuchar la radio y las voces de los locutores y locutoras le generaban un efecto subyugante. Diana recuerda particularmente cuando con once años grabó junto a sus hermanos un cassette para regalarle a su madre el día del cumpleaños: aquel obsequio era una gran expresión de cariño y, al mismo tiempo, una forma de acercarse a un sueño. Pero hubo más: “Me acuerdo que más o menos para la misma edad con un grupo de la primaria teníamos que presentar un trabajo práctico en clase y se nos ocurrió hacerlo como si fuéramos los conductores de un noticiero. ¡Imitamos a Telediario y la maestra nos felicitó! En el colegio también hicimos un diario. Hasta íbamos a buscar publicidad a los comercios del barrio. Parece que algunos deseos se manifiestan a temprana edad”, reflexiona la locutora y periodista en diálogo con Tiempo.

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A Diana no siempre le gusta hablar de su pasado. Transita el presente con dedicación, se propone mejorar día a día e imagina un futuro mejor para todas y todos. No se trata de una negación o un tabú. Obedece –quizás– a su voluntad de crecer y ocuparse para que sus sueños se hagan realidad. Sin embargo, en una charla larga y distendida, donde no dudará en reflexionar sobre las tensiones sociales y políticas que marcan nuestro presente, aflorarán algunas heridas. Esas que en algún lugar todavía duelen y –al mismo tiempo– son testimonio vivo de su fortaleza y determinación.

Así aparecen angustias y recuerdos más tristes: bullying, maltratos, prejuicios, desprecios y la indiferencia de muchos que debieron protegerla. “Yo me di cuenta en el secundario que mi identidad no era la de un hombre heterosexual ni la de un hombre gay. Entendí que era Diana y en aquella Argentina me lo hicieron pagar de mil formas”. Esa “osadía” de seguir su deseo en un colegio religioso de Hurlingham se hizo tan asfixiante que tuvo que cambiarse de secundario. “Pasé a un colegio del Estado en quinto año. La situación no era tan agresiva, pero no me sentía bien y no pude terminar”, confiesa.

La vida de cualquier persona sin trabajo y sin la posibilidad de estudiar puede ser un calvario. Pero para una adolescente trans puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. “No digo que las cosas hoy sean sencillas, para nada. Pero sí que hace casi 30 años atrás eran mucho más crueles y difíciles. En aquellos tiempos, cuando una chica trans contaba quién era, lo más factible era que sus padres la echaran de la casa. ¿Y qué opciones quedaban? Sin plata, despreciadas por su familia y la sociedad, todo las empujaba a la noche, la prostitución, los vicios y estar expuestas a todo tipo de violencias. Un cóctel mortal. Muchas se suicidaban, desgraciadamente de eso se habla poco. Yo tuve la suerte, por decirlo de alguna manera, de que en mi casa me aceptaran y nunca me faltó el techo y la comida”, puntualiza.

Las estadísticas son apabullantes, conocidas, pero imposibles de pasar por alto. Un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) arroja que las mujeres trans son el grupo poblacional más vulnerable de la Argentina. La expectativa de vida promedio de los argentinos es de 77 años: en el caso de las mujeres trans, apenas llega a los 37, lo que las empuja a un escenario casi medieval. Diana logró conseguir trabajo en una peluquería gracias al dato de un amigo y se le abrió la oportunidad de sobrevivir: “Fue muy importante para mí porque me permitió tener un ingreso y ser Diana para todo el mundo. Era administrativa, aprendí rápido y al poco tiempo tenía personal a cargo. Fue un paso que en su momento me hizo muy bien.”

Pero Diana quería algo más para su vida y se permitió soñarlo. Se reconectó con el deseo de su infancia por la comunicación y decidió inscribirse en el Iser para estudiar locución. No fue sencillo. Antes debió rendir las materias de quinto año que le habían quedado pendientes y prepararse para un examen de ingreso reconocido por su exigencia. “Venía de un pozo depresivo, pero una vez más encontré las fuerzas para salir adelante. Vendía sánguches y empanadas para pagarme los gastos que me demandaba la cursada. Durante todo primer año hacía las tareas en un locutorio porque no tenía computadora. Pero en segundo pude comprarme una en doce cuotas. Me recibí y sentí una enorme satisfacción: había logrado lo que me propuse, contra viento y marea.”

Se recibió con muy buenas notas y dejó una huella importante en el Iser. Tanto que hoy varios de sus entonces profesores son sus amigos e –incluso– le comentan que varios alumnos la mencionan como una referente. Poco tiempo después se incorporó como locutora y redactora de noticias del Servicio Informativo de Radio Ciudad AM 1110 y hoy parte del equipo de Cosas que pasan y de Massaccesi que nunca. Pero su ingreso al noticiero central de la TV Pública la transformó en un símbolo y una esperanza. Se escribieron notas sobre ella en buena parte del mundo. “La repercusión fue impresionante y muy alentadora –confiesa–. Por supuesto no faltaron las agresiones, pero decido dejarlas de lado. Siempre recuerdo a una chica trans de Hong Kong que me escribió para contarme que siempre había querido ser periodista, pero que había abandonado ese sueño por los prejuicios. Cuando leyó sobre mí encontró la fuerza para volver a intentarlo. Esas cosas son conmovedoras.”

–¿Alguna vez sentiste la presión extra de ser una referente?

–Sí, sobre todo al principio. No lo digo por agrandada, ni mucho menos. Pero al ser la primera, me autoexigía y me autoexijo todavía más: quiero hacer mi trabajo de la mejor manera y me gustaría colaborar para que se abran las puertas para muchas más. Las mujeres y los hombres trans podemos hacer todo lo que nos propongamos. Necesitamos tener oportunidades como cualquiera y que no nos encasillen.

Mañana se cumplen diez años de la aprobación en el Congreso de la Ley de Identidad de Género y Diana lo vive como un momento muy especial: “La Argentina es otra en relación a cuando me criaron y eso me pone muy feliz. En cuanto a derechos, nuestro país es pionero en el mundo. Pero todavía falta mucho y necesitamos que los cambios se hagan lo más rápido posible. Pero ojo que no alcanza sólo con leyes. Necesitamos mayor consciencia social para que ya no exista el maltrato y la falta de solidaridad. Tengo una amiga que entró a trabajar en el Estado por la Ley de Cupo Laboral Trans, pero la ignoran y la desprecian. Se siente tan mal que por momentos prefiere volver a situaciones de marginalidad. Eso no debería pasar. Por eso festejamos las leyes y peleamos por otras como la Jubilación Anticipada para Personas Trans. Pero al mismo tiempo tratamos de sembrar conciencia, empatía, para que todos nos tratemos con el respeto que merecemos.

Diana recorrió un largo camino. Sabe muy bien todo lo que le costó, pero va por más. Sueña con tener mayor proyección internacional y hasta con un mundo menos injusto. Quiere contar su experiencia y ayudar en una construcción colectiva global. “Se avanzó mucho en el mundo, pero todavía falta. Y, al mismo tiempo, veo una reacción muy peligrosa. Me preocupan los discursos de odio que explotan en las redes y amplifican ciertos comunicadores y políticos. ¿Son fruto de la ignorancia o de una estrategia? Pareciera que es la segunda opción y creo que hay personas que se dejan llevar porque no comprenden las verdaderas implicancias de esos discursos. Algunos seres humanos hicieron el Holocausto, así que nada debería sorprendernos tanto… Pero debemos estar atentos. No podemos ignorar esos discursos, tenemos que difundir valores, empatía, tender puentes y dialogar con los que no piensan como nosotros. Sin negociar nuestros valores, claro. Yo no quiero cambiarle las creencias a una persona ultrareligiosa. Quiero que todo el mundo viva su vida como quiera, pueda tener su trabajo y vivir en paz. La lucha por la igualdad busca un mundo mejor para todas y todos.” «


TV Pública Noticias Central

Conducción: Diana Zurco, Felicitas Bonavitta y Horacio Embón. De lunes a viernes, de 18:30 a 20. Por la TV Pública.



En la Feria del Libro

Diana Zurco se presentará el próximo domingo a las 16:30 en el Espacio Infantil de la Feria del Libro, en el marco del Día de la Lucha Internacional contra la Discriminación por la Orientación Sexual e Identidad de Género. El encuentro es auspiciado por las embajadas de Países Bajos, Bélgica, Canadá, Suecia e Israel. La locutora y periodista leerá para público infantil y adulto historias que invitan a reflexionar sobre el grave impacto social de la discriminación.

“Será hermoso leer para chicas y chicos –confiesa–. Creo que las nuevas generaciones vienen con todo y con ellas podremos llegar a un mundo donde los prejuicios queden atrás. Al menos la mayor parte. Me parecen muy importantes estas tareas de militancia y difusión, siento que puedo aportar mucho, tanto en nuestro país como en otros. Que me hayan convocado de la embajada de los Países Bajos es muy interesante y me hace sentir muy agradecida:  son mensajes que deben llegar desde y hacia todo el mundo.”