Su obra pasó por múltiples búsquedas y encuentros para establecerse como una referencia ineludible de la música argentina. Pianista, compositor, intérprete, productor cultural, programador, y docente. Todas esas facetas y muchas más determinaron la figura de Manolo Juárez, un músico integral que más allá de su formación siempre abrazó la cultura popular.

En el seno de una familia de artistas, su formación rápidamente adquirió un fuerte acento académico. Esas herramientas junto a su gusto por el jazz le permitieron darle nuevas perspectivas a su amor incondicional por nuestro folklore. El maestro Juárez es nuevamente noticia por el relanzamiento de su amplísimo catálogo que da cuenta de una labor que abarcó más de medio siglo de dedicación y que estará disponible desde este viernes en todas las plataformas musicales y también en su sitio personal vía .

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En todos esos trabajos que se encontraban descatalogados lo que emerge es una obra que abarca múltiples estilos. Entonces y a solo un “play” de distancia será posible encontrarse con composiciones de folklore, obras de cámara, tango, trabajos sinfónicos y más. Pero siempre desde su singular mirada. En esa heterogeneidad de sonidos y universos no faltarán discos y conciertos memorables de su carrera (como el que ofreció en el Teatro Colón en 2003), álbumes de solo piano (Solo piano y algo más, de 1984) y sus recordadas asociaciones discográficas junto con Lito Vitale (2 pianos, de 1983), Daniel Homer (Juaréz y Daniel Homer Cuarteto, de 2008), o los cuatro álbumes del trío que llevaba su nombre, todos editados en la primera mitad de la década del setenta.

Juárez también fue un reconocido formador de músicos. Fue jefe de cátedra de la materia Composición de música clásica para la Universidad de La Plata y estableció en 1986 la piedra fundamental de la Escuela de Música Popular de Avellaneda, un espacio del que fue uno de los padres fundadores –junto a Horacio Salgan, Rodolfo Mederos, Hugo Pierre, entre otros–. Allí diseñó currículos de estudio especialmente pensados desde y para nuestra música. Su actividad como docente particular también resultó muy reconocida e influyente.

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(Foto: Edgardo Gómez)


Primeros acercamientos

“Mi primer contacto con Manolo fue por sus conciertos, porque siempre que podía lo iba a ver en vivo”, rememora el pianista Adrián Iaies. “Pero la primera vez que lo escuché fue junto al Chango Farías Gómez y Marian Farías Gómez en un bolichito en San Telmo. Es un gran recuerdo porque son de esas cosas que no te olvidás más”.

En ese contexto iniciático, es la pianista, compositora y también docente Lilián Saba quien como exalumna de Juárez trae desde la emoción un recuerdo fuerte: “Me acuerdo que escuché en la radio una versión hermosísima de una cueca que me conmovió. Era el tema ‘La bacha’, de Eduardo Lagos, pero la interpretación era de Manolo Juárez y su trío. Eso fue a una edad temprana de mi vida, así que esos nombres se transformaron en pilares y referentes para mí. A partir de ahí es que comencé a seguir a Manolo, especialmente en sus programas de radio. Ahí presentaba pianistas de distintos estilos, así que para mí seguía siendo importante escucharlo porque tenía mucho conocimiento de distintos géneros musicales. Y posteriormente me enteré de que estaba relacionado con la música de cámara y sinfónica, así que desde mi juventud se volvió alguien más que interesante para mí”.

Todos los consultados mencionan la influencia de Juárez en el mundo de la música local. Para Lito Vitale, fue un músico único y de gran influencia. “Tenía una gran sabiduría, una gran cabeza, de esas que no abundan. Es un compositor que hizo mucho por la música contemporánea, sinfónica… (piensa) un músico enorme. Tuvo una faceta muy fuerte como pedagogo, pero sobre todo fue un revolucionario. Metió armonías modernas en el folklore, entre otras hermosas audacias. Su perfil es decididamente diferente y creo que por eso muchos se beneficiaron de eso. Porque fue un gran docente es que fue influyente, y eso se notó en sus alumnos. Ahí encontramos a grandes músicos que pasaron por el filtro de su sabiduría, como Diego Schissi, Adrián Iaies, Leo Sujatovich y tantos otros. Yo nunca fui alumno de él pero aprendí mucho, me beneficié a su lado, y ahí vi esa influencia, ese filtro por donde pasó mucha gente que hizo folklore con cierta vibra diferente, como pueden ser Acá Seca Trío, el Negro Aguirre, o como tantos músicos de los años ’80 que estuvieron influenciados por la manera de armonizar de Manolo”, sostiene Vitale.

Habiendo sido uno de sus alumnos más notorios, Iaies no duda en sostener que el trabajo influyente de Juárez “es enorme”, fundamentalmente porque supo trasladar sus vastos conocimientos pedagógicos a cientos de alumnos. “Se tomó el trabajo de formar a muchos músicos que con el tiempo hicieron sus cosas. Así que su música no solo está en lo que personalmente hizo, sino también en lo que hicieron sus alumnos. Manolo pertenece a una camada chica del folklore que ha construido un camino que aún hoy sigue, enriqueciendo las formas más conservadoras, tradicionales y festivaleras que el folklore tenía. Él es parte de una generación de músicos que le han encontrado la quinta pata al gato, junto al Chango Farías Gómez, Eduardo Lagos y Ariel Ramírez. Sin dudas lo de Manolo es una influencia fundamental en la sofisticación en las formas del folklore sin que este pierda su esencia. En lo personal, fue determinante en mi encare hacia la hora de componer y en tener en cuenta ciertas reglas que no había que dejar de lado nunca. También te pedía mucho de vos mismo para ver si no te estabas repitiendo o recorriendo la misma fórmula. Creo que su influencia en mí está como el maestro que fue, así que difícil sería tener algo más fuerte que eso”.


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Su trabajo en la EMPA

La Escuela de Música Popular de Avellaneda fue pionera en nuestro país y Latinoamérica en ofrecer bajo el paraguas de un contexto académico un centro de enseñanza práctica y teórica de música popular. El nacimiento de esa institución encontró en Manolo Juárez a uno de sus fundadores. De ese espacio nacido en 1986 emergieron cientos de músicos de múltiples estilos que observan en la figura de Juárez un elemento central de ese nacimiento. “Es muy importante mencionar que una de las obras fundamentales de Manolo, paralelas a la de su música, era la de pensar en la necesidad que había en los primeros ’80 de mantener la música popular en la memoria de la gente. Veníamos de la dictadura y la promoción de nuestra música era muy poca. Entonces él vio esa necesidad y trabajó para generar nuevos espacios educativos. Fue escuchado y de ahí nació la Escuela de Música Popular de Avellaneda (EMPA). Esa iniciativa resultó tan importante que todavía hoy sigue generando músicos de todos los niveles y estilos. Ahí también está la huella de Manolo”, sostiene Lilián Saba.

“Estuvo ahí, en la génesis misma, en el nacimiento mismo”, dice Lito Vitale sobre los comienzos de la EMPA. “La importancia de ese factor que lo tuvo como creador de la escuela lo hace más grande. Él pregonaba por la importancia en la formación de los músicos populares, que hasta entonces –en su gran mayoría– eran autodidactas porque tenían escasas posibilidades de ingresar a un espacio académico. Su jugada fue buenísima porque creó un nuevo perfil, algo inédito hasta entonces”, concluye Vitale.  «


Una carrera sin descansos y un fuerte compromiso docente

-Nació en Córdoba, el 22 de abril de 1937 en una familia de artistas.

-Su padre fue el escultor Horacio Juárez, quien se encargó de que el niño Manolo tomase clases de música a muy temprana edad. Así, estudió teoría musical, composición y se perfeccionó en Italia junto a Doménico Guaccero.

-Fue miembro fundador de la Asociación de Jóvenes Compositores de Argentina. Luego sería su presidente durante tres años, hasta 1975.

-En 1969 funda el recordado Trío Juárez, con el que grabaron cuatro discos en los que resaltan De aquí en más (1975), un álbum ampliamente celebrado por la crítica local. Poco tiempo más tarde grabarían Tiempo Reflejado (1977), donde participaron Dino Saluzzi, Chango Farías Gómez y Litto Nebbia, entre otros. El disco fue muy celebrado por los más diversos sectores del ámbito artístico local.

-En 1969 la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires estrenó su obra Elegía, en el Teatro Colón. En 1974 la Orquesta Filarmónica de la misma ciudad estrenó Maremágnum, también en el mismo teatro. Nueve años más tarde el Colón recibiría y le daría cobijo a su obra Cánticos, especialmente pensada para la performance del ballet.

-En los ’90 fue programador de la Orquesta Sinfónica Nacional y director del Fondo Nacional de las Artes.

-Murió el 25 de julio pasado, producto de una complicación cardíaca y un posterior contagio de coronavirus. Tenía 83 años.


Un rescate al alcance de todos

Por Mora Juárez

Productora

El material que estará disponible en plataformas y en el sitio web de mi padre fue recuperado en términos de derechos hace unos 12 años. Comenzamos con ese camino porque la mayoría de los discos estaban descatalogados y si queríamos que la gente pudiera volver a escucharlos no teníamos otra opción. Al no contar con las cintas originales comenzamos a trabajar con los vinilos como registro y para eso se trabajó con Gustavo Segal como técnico y luego, por un periodo de dos años, junto a Mario Breuer, quien masterizó todo el material.

En este año, en pleno proceso de pandemia, nos pusimos a trabajar para la edición final, y para eso filmé muchas horas de charla donde mi padre analiza su obra, algo que también estará disponible en su página web junto con el lanzamiento. Para llegar a este presente tuvimos que realizar un gran trabajo de archivo que implicaba muchas cintas, reportajes y material que Manolo atesoraba. Reponer su obra completa es vital porque los cuatro discos del Trío Juárez, por ejemplo, inician una mirada estética, pero un álbum como Tiempo reflejado (1976) sorprende todavía más con la frescura en la improvisación de “Chacarera sin segunda”. Dos pianos (1983), por su parte, es un disco junto a Lito Vitale que tiene mucha interacción y swing. Lo mismo pasa con Solo piano y algo más (1984), con temas que entran en diálogo con otros discos y donde resalta Litto Nebbia. Ya en otra etapa, una obra como Grupo de familia (1997) lo mostró con una lucidez y fuerzas extraordinarias. Es muy interesante también su disco Teatro Colón (2003). Todo este rescate afortunadamente estará al alcance de todos. «