La serie de homenajes televisivos que están previstos para este 25 de noviembre dan cuenta del fenómeno imposible de mensurar que es Maradona. De todos los tributos al Diez que inundan las pantallas, quizás el más esperado es el estreno del último capítulo de la biopic del año. En efecto Maradona. Sueño bendito cierra su primera temporada el mismo día en el que se cumple el primer aniversario de esa muerte de Dios que no previó Nietzsche. Los sentimientos estarán a flor de piel. Y quienes esperan emoción no se sentirán defraudados. No por remanida resulta oportuna la advertencia: preparen los pañuelos.  

Como balance, se puede afirmar que, a lo largo de sus capítulos, la biopic del barrilete cósmico tomó una decisión estética que suele ser tendencia en las series contemporáneas: el fin de la linealidad narrativa. Así, situada en dos planos temporales, se mostraban alternativamente dos imágenes de Maradona: el pletórico de vida y de sueños, desmesurado dentro y fuera de la cancha en la niñez y la juventud, por un lado, y el cuarentón decadente que parecía haber perdido su esencia e intentaba sobrevivir a una sobredosis en una clínica de Punta del Este, por el otro. Esas alternancias entre el dolor y la gloria eran útiles para reflejar la idea del ídolo con pies de barro o tal vez esa morbosa tendencia argentina de querer ver el apogeo y la caída de sus dioses. A su vez, parecía querer suscitar en los televidentes sentimientos catárticos de admiración y piedad por aquel personaje que fuera ensalzado por Eduardo Galeano como “el más humano de los dioses”.

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El último capítulo titulado oportunamente “Dios” difiere de los anteriores. Si bien está situado en dos tramos de la existencia maradoniana, ya no aparece el Diego del ocaso, sino que se centra en sendos momentos épicos: el apoteósico triunfo en el Mundial de México ‘86 y la multitudinaria despedida del fútbol en la Bombonera en aquel otro noviembre de hace veinte años. En este último caso, ya no se trata de un Maradona entre la vida y la muerte sino de aquel que, como Dionisio o Cristo resucitó y, en pocos años, incluso legaría un programa de televisión tan desmesurado que parecía hecho a su medida.  

De todos los episodios de la serie dirigida por Alejandro Aimetta, éste tiene la particularidad de ser el que más apela a la docuficción. De manera casi alternativa, vemos superpuestas las interpretaciones de Nazareno Casero y Juan Palomino con aquellas imágenes de Maradona que perduraron en la memoria colectiva y le valieron la amorosidad eterna de sus incondicionales. Así, en clave documental, la serie recorre en su totalidad los goles de Maradona en México, para encontrar obviamente su cúspide -casi exactamente en la mitad del capítulo- en el considerado gol del siglo contra los ingleses. Y también se van superponiendo, entre la realidad y la ficción, algunas de esas tantas frases del ídolo popular destinadas a hacerse célebres: “Si hubo una mano, fue la mano de Dios” o “La pelota no se mancha”.  

Sin embargo, esta decisión de recurrir de manera más frecuente a la imagen de Maradona no va en desmedro de la ficción, sino por el contrario, la fortalecen y la llenan de emotividad. Es más: la serie parece hacerse cargo del sentimiento colectivo de cuánto extrañamos a Diego.

Como era previsible, la línea narrativa de la juventud culmina en aquel momento en que ideal y estéticamente quisiéramos que terminara la vida o en el final feliz que se suele buscar en toda creación artística: cuando se cumplen los sueños de los protagonistas. Entonces, al ritmo de Manu Chao (“Si yo fuera Maradona, viviría como él”), quizás se llega a comprender un ápice del fenómeno Maradona. Quizás, se llega a comprender que su existencia merece más envidia que conmiseración. Porque muchos, demasiados mortales, sin dudas, darían al menos diez años de la propia vida por un solo día de la vida de Diego: aquel día en que besa la Copa del Mundo. O aquel supremo instante en que le hace el segundo gol a los ingleses y logra lo que casi nadie: el amor de un pueblo y la admiración de millones en el mundo.

Último capítulo de la primera temporada de Maradona. Sueño bendito. Estreno: jueves 25 de noviembre en Amazon Prime Video.