Como si sucediera en otro país, los actores y comunicadores no se salieron de libreto a la hora de dedicar el premio, los destinatarios sólo fueron sus familias o los auto homenajes. Como si durante el año en que se evaluó el trabajo no hubiese habido público del otro lado. Como si no hubiera aumentado la pobreza. Como si no se hubiese retrocedido años y años en la historia. Y mucho más, como si esta entrega no sucediera en pleno conflicto irresuelto con el INCAA, entidad que tanto ha aportado a la televisión estos años. 

Hace algunos años, durante la entrega de premios en el teatro Colón, realizada casi a puertas cerradas, Jorge Lanata trajo al medio el concepto de la grieta. Y todos lo asimilaron y adoptaron. Por eso es tan curioso que en la noche del domingo, desde el presidente de Aptra, Luis Ventura hasta la misma memoriosa Mirtha Legrand hablen de ese concepto con desprecio, como cuando aluden al lado de la grieta donde ellos no están.

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 El origen y la circulación de esa idea salió de Lanata, desesperado ese año ante los actores que se pronunciaban o destacaban lo adquirido por esa entidad durante los años del kirchnerismo.  

Ventura, Legrand y Novarescio repudiaron fastidiosos la grieta quien sabe si esperando despertar alguna simpatía a la presencia polémica y tal vez desubicada de la noche: la de Hernán Lombardi, el ministro de Medios Públicos de la Nación. 

No es habitual ver a un funcionario en la entrega del Martín Fierro. Cuál es el motivo por el que Lombardi decidió ser parte de esa ceremonia reservada para los actores y trabajadores de la televisión. Su presencia se suma a aquellos rumores (que salieron no se sabe de dónde) de que esperaban que algunos actores no reciban su premio porque temían los discursos al momento de recibirlos. Juntas ambas cuestiones parecen una bajada de línea.  

¿Llegó finalmente la era Cambiemos a los Martín Fierro? Ceñidos al pedido de Ventura en las palabras inaugurales “queremos celebración, no queremos grieta, queremos respeto y valoración de nuestros colegas”, se vieron a muchos actores mirar para el otro lado, escuchar a los conductores que nutren su carrera en el minuto a minuto hablando de la realidad, pero guardando silencio en la ceremonia.  

Fue llamativo también el otro síntoma de época: plegarse y agradecer hasta el cansancio a los patrones: directivos de canales, productores y dueños de productoras fueron los más nombrados durante la ceremonia. Será que volvió la era de los patrones. Qué si no es esto un síntoma de época en la que el miedo a perder el trabajo provoca el agradecimiento perpetuo.  

Suar (que ganó un premio como ¿mejor actor?) deslizó en su discurso la base de la meritocracia: “La cultura del trabajo es la que me hizo mejorar y llegar acᔠdijo el productor como si no existiese en este país la desigualdad de oportunidades. Pero más allá de lo que enunció en su discurso, es extraña la elección de los miembros de Aptra cuando el productor estaba nominado junto a Luis Machín y Juan Minujin. No sólo en talento son incomparables estos tres miembros de la terna, también lo es el trabajo por el cual fueron nominados. Y hablamos acá de peso dramático a la hora de construir la complejidad de los personajes. Sólo basta ver un tráiler para darse cuenta. 

Por suerte, hacia el final aparecieron otros artistas que integran ficciones que no hablan de espejos de colores ni de cuentos de hadas. Tanto El Marginal como La Leona se preocuparon en dar cuenta de una realidad terrible que una gran mayoría de los habitantes de este país viven día a día. Y sus actores, en esta entrega también lo hicieron. 

Fueron los que ponen el cuerpo, los que les temen al disenso, los que ponen el cuerpo más de una vez a pesar de las acusaciones y operaciones mediáticas que van y vienen sobre sus vidas. Miguel Ángel Solá abrió una pequeña puerta cuando expresó qué sentía al haber participado de La Leona, una de las mejores telenovelas que se vio en los últimos años en la televisión argentina. Recordó además aquel nefasto boicot en enero de 2016 que venía de la mano con las famosas “listas negras” que José Crettaz publicó sin pudor ni buenas intenciones en La Nación, y donde ponía bajo la lupa el trabajo y el sueldo de cientos de actores argentinos.  

Después Romano, escueto y concreto llamó a sumarse al frente Ciudadano, que presentó la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner.  

Luego fue el turno de Pablo Echarri y Nancy Dupláa. La pareja, denunciada, fotografiada en aeropuertos, acusada de miles de malversaciones jamás comprobadas fueron quienes por fin, demostraron que pueden ver más allá de Aptra y del discurso de un nuevo gobierno que niega todo y que tan bien representado estaba en la noche con Lombardi.  

¿Por qué fue clave que hablaran los productores y actores de La Leona

Porque la telenovela marcó la tevé argentina, con un guión excelentemente diseñado y comprometido por Susana Cardozo y Pablo Lago. 

Porque el sector trabajador vivió el verano de 2016 desesperación y tristeza, cuando los despidos de la Nación eran multitudinarios, esta ficción apareció en la escena con cierto dejo de esperanza pero sobre sobre todo con sensibilidad. 

Porque a la ficción argentina los problemas parecen no llegar nunca. La Leona fue en ese contexto la oportunidad de pensar otro tipo de realización, de reflexionar sobre la cultura y repensarnos a nosotros como sujetos sociales. 

Entonces, la voz de sus realizadores fue doblemente valiente al sostener esta coherencia.  

Al comienzo de la fiesta, la alfombra roja pretendía imponer otro modelo de mujer con preocupaciones tales como quién tenía el vestido más elegante o si habían llegado a la gala acompañadas o no del diseñador que las vistió. 

En ese marco, Nancy Dupláa demostró que hay otra manera de ser mujer. 

Hermosa, elegante pero sensible, fue quien trajo la voz más contundente de la noche. Con esta otra belleza más firme y real, desde arriba del escenario levantó bien alto el Martín Fierro y por fin hubo la sensación de que alguien hablaba en serio: “Se los dedico a las leonas que paran la olla en esta nueva argentina que desde hace un año y medio cierra fábricas”. 

Por suerte, fue la voz que quedó resonado en una de las entregas de premio más lavada de los últimos años.