El 17 de noviembre de 2000 Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota editó Momo sampler, su último álbum de estudio. Las tensiones internas y las dificultades para tocar en vivo terminaron de agotar la vida activa de la banda. Pero el Indio Solari, Skay y compañía no se privaron de lanzar un álbum que articuló la tradición estética que el grupo supo construir y experimentación sonora. Entre lo pagano y la tecnología, Momo sampler extiende la liturgia ricotera sin caer en facilismos.

Se trata de once canciones que, en menos de 50 minutos, representó el final de la carrera de la agrupación que fundó un estilo musical inconfundible pero, principalmente, un sentido identitario para millones de fanáticos que nunca más serían testigos de una expresión artística popular de tal magnitud.

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Se trata de un disco complejo, oscuro, que desde su título pone en primera plana al rey del carnaval y al instrumento musical electrónico que es protagonista de la placa. “Momo sampler” auspiciaba el fin de una época no sólo para Los Redondos, sino para la sociedad argentina en general, que se precipitaba hacia una de las crisis más profundas de su historia. El disco fue grabado en Buenos Aires y Nueva York, aunque en el estudio estrictamente estuvieron el cantante Carlos “Indio” Solari, el guitarrista Eduardo “Skay” Beilinson y el tecladista Hernán Aramberri. Las grabaciones del resto de los músicos -Daniel “Semilla” Bucciarelli (bajo), Walter Sidotti (batería) y Sergio Dawi (saxo)- se grabaron con anterioridad y después fueron mezclados, justamente, mediante el uso del sampler.

La placa abre con “El templo del Rey Momo”, título que mixtura en un único concepto al grupo en general y al disco en particular; se trata de una canción fiel a su estilo rockero con un tempo claramente marcado por la guitarra de Skay. Lugo es el turno de “Morta punto com”, que desde el irónico nombre se ríe del milenio que estaba comenzando pero, paradójicamente, abraza a sonidos electrónicos que le serían propios y que hasta entonces eran vistos con recelo por gran parte de la escena musical. La tercera canción es “La murga de los renegados”, con una sonoridadal mejor estilo… ¡Bon Jovi! que constituye una lacónica crónica que narra lo que supo ser una celebración, ahora perdida. “Dr. Saturno” profundiza los sonidos distorsionados y una voz cada vez más oculta del Indio Solari entre capas instrumentales. Dicho track es precedido por otra referencia carnavalesca: “La murga de la virgencita”, una nueva demostración de que la fiesta puede ser cada vez más triste.

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La sexta canción es “Pool, averna y papusa”, un blues digno heredero de los inicios del rock and roll. Con “Murga purga” ya se podría afirmar una suerte de fijación de Patricio Rey con esa celebración popular, pero principalmente con las resignificaciones de las cuales era plausible; de todas formas, es aquí cuando los elementos murgueros se hacen presentes de forma más evidente. El octavo tema, “Sheriff”, con sus seis minutos es el más extenso del disco, y el más tétrico. Luego, otro regreso al sonido más característico de la banda que, a los pocos segundos, muta nuevamente a recursos electrónicos y oscuros: “Pensando como una acelga” actúa como una metonimia de su trayectoria. La anteúltima canción se convirtió, automáticamente, en el hit: “Una piba con la remera de Greenpeace”. El disco cierra con “Rato molhado”, una de las piezas más particulares de la partida, que incluye hasta gaitas en su instrumentación.

Así, con un disco tan celebrado por sus fanáticos más dispuestos a la experimentación pero muy resistido por sus seguidores más tradicionales, Patricio Rey abandonaba para siempre los estudios para, luego de tres conciertos -dos en Montevideo y uno en Córdoba-, hacer lo mismo con los escenarios. Las disputas internas, especialmente entre Solari y Bellinson, sumadas a los crecientes hechos de violencia que se sucedían en sus presentaciones en vivo, derivaron en que el 2 de noviembre de 2001 se oficializara su separación, que legaba una carrera musical excepcional, un fenómeno sociocultural inédito y una vacancia artística irremplazable en el marco de un colapso social latente.

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