Hace casi 40 años atrás, entre clases de actuación en el Conservatorio de Arte Dramático y los partidos de rugby en el club Alumni, Julián Weich llegó a la televisión. Fue en Pelito, el programa que resultó un éxito total para los pibes y pibas de ayer, hoy todo un ícono cultural vintage. Surfeando la popularidad, a Weich le sucedieron dos cosas: la primera, que no le quedó otra que desistir de tantas actividades, así que eligió quedarse delante de la cámara; Clave de sol, La banda del Golden Rocket, y tantos otros envíos son ejemplos de esa era prolífica. Más adelante dio el batacazo como conductor de, entre otros, el recordado Sorpresa y media. Desde hace 30 años es Embajador de Unicef, y en ese camino vinculado a las causas solidarias, fundó la marca Conciencia, que vende una serie de productos cuyas  ganancias se destinan, en un 50%, a distintas ONG como Fundación Huésped y la Coperadora del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, entre otras. Multitasker de cepa, Weich también cruzó los Andes, escaló el Aconcagua, y hoy está al frente de Vivo para vos, junto a Carolina Papaleo, por El Nueve.


-¿Cómo arranca un día tuyo?

-Muy temprano, a las 7 o a las 8 ya estoy levantado. Son todos días distintos, salvo los que entreno. Hago de todo, mucha tarea doméstica; me gusta estar en mi casa y lavar los platos, la ropa, llevar el coche al taller o arreglar algo.

-Sos muy activo, como se te ve de este lado…

-Si me quedo quieto, me aburro. También trato de ir a lugares en bici, para moverme todo lo que pueda.

Dijiste que hacés cosas en tu casa: ¿el último descubrimiento en ese terreno?

-Estoy estudiando carpintería. Y en la casa, acabo de sacar un clavo antes de que alguien se desangre pasándole por al lado (risas). Mi hijo me cargaba, porque fui con mil herramientas y se necesitaba una pinza, nomás (risas).

-¿Una amistad que tengas de hace muchos años?

Un amigo  que conocí a los 15, el más allegado, desde que jugábamos al rugby juntos.

-¿Dónde jugaste al rugby?

– En Obras Sanitarias y en Alumni. Después dejé, porque ya estudiaba en el Conservatorio, trabajaba en la tele y no se podía hacer todo. Ahora corro maratones, hice carreras de aventuras, fui al Aconcagua dos veces… Siempre hice mucho deporte.

-¿Cómo se sobrelleva la amistad tanto tiempo?

– En el caso de esta amistad, es poco exigente. Nadie le reclama nada al otro, no hay reproches, sólo afecto, entonces es fácil.

Foto: @MujerHoy

-¿Qué puede ser lo más plomo de un amigo? ¿Que se vuelva aburrido?

-No, creo que sería eso de “no me llamaste más”, o los celos, cosas que no tienen que ver con la amistad, sino con inseguridades propias.

-¿Vos sos un tipo apegado?

-Por ser de Cáncer, soy muy nostálgico y tengo mucha memoria. Digamos que, quiera o no, soy de acordarme, por ejemplo, de cómo se hacían las cosas antes. Pero son recuerdos me causan placer, no es que machaco con cosas feas, sino lindas y divertidas.

-Te copa la astrología, por lo que veo…

-Sí, totalmente.

– Hace años que laburás con proyectos relacionados con la solidaridad. ¿Cómo definirías ser solidario?

-Para mí, es darle al otro lo que el otro necesita. Se suele decir que la solidaridad es el momento en que dos personas se ponen a hablar de ayudar a una tercera, que no está. Pero cada uno lo ve como quiere. La cuestión es hacer algo. Y no hacerlo una vez, sino la mayor cantidad de veces que se pueda; algunas horas, en la semana, en el mes, Para mí, es una manera de vivir.

-¿Siempre fuiste así?

-En mi casa siempre fueron solidarios mis padres, mis abuelos, pero no me bajaban línea. Yo lo defino como ”la gauchada”; antes se usaba mucho esa palabra. Es algo básico, como cuando le empujás el auto a alguien hasta que arranca, se va, y chau, no esperás nada a cambio. Es una gauchada y punto.

-En el otro extremo: ¿qué despierta a tu Hulk interior?

-La mentira. No me gusta cuando mienten, diciendo cosas que supuestamente dije, o que hice, o que no hice. No me molesta que digan cosas que yo sí hice y no me gustan, eso me lo banco; pero cuando mienten, me pone de la cabeza.

-¿Una tentación?

-Soy fanático del helado, tengo siempre en casa.

-¿Qué te gustaría hacer, pero no te animás?

-Mi frustración es no haber podido cantar. Quise aprender pero no pude, no estoy dotado para eso. Pero no me angustia.

-Como actor que sos, ¿imitás a algún cantante?

-No, yo imito cómo camina la gente, me sale muy fácil, pero lo hago para mí. Este pone los pies así, o va rápido, o pega las rodillas…

-¿Y eso funciona como un “sacaficha”?

-No, es sólo observación y lo hago porque me divierte.

-Desde tu experiencia: ¿Cómo ves el futuro de la tele?

-No tengo claro qué va a pasar, pero creo que nunca va a desaparecer, porque sigue teniendo peso en nuestras vidas, aunque ahora haya redes, plataformas y demás. Pero la gente sigue creyendo en la televisión, lo que no quiere decir que todo lo que pasa en la tele sea verdad.

-¿Cuál dirías que es su magia?

-Son muchas cosas, pero la tele sigue siendo una compañía. Nunca escuché que alguien se sienta acompañado por el teléfono, o por una plataforma. La tele tiene más personalidad y arraigo. Ves tus canales, tus actores, ves algo propio; en las redes o en el streaming, ves algo ajeno: películas de todo el mundo, en otros idiomas, cosas que no conocés o que resultan enigmáticas.

-¿Algún personaje qué te gustaría hacer?

-No, diría más bien que me sirvieron de estímulo Pepe Biondi, Jerry Lewis, Los tres chiflados… Actores que me inspiraron, pero sus talentos son inimitables.

-¿Hace cuánto que empezaste a laburar formalmente?

– Treinta y siete años. A los 19 arranqué en Pelito y no paré. Era el ’85.

-Trabajaste, te cansaste, ¿qué ganaste?

-Desde hace mucho siento que sólo hago lo que me gusta, no que trabajo. Estoy ocupado, sí, pero no es una sensación de estar trabajando, sino una manera de vivir.

-¿Cuál fue la bisagra para tomarlo así?

-No sé, pero  hace rato ya no me pongo ansioso o temeroso, simplemente digo: ¡Yo soy así y lo hago así!