La pandemia impuso el cierre de los cines y ahuyentó buena parte de los estrenos pautados para el 2020. Las grandes productoras globales decidieron replegarse, desensillar hasta que aclare y guardar sus lanzamientos hasta la reapertura. Las películas independientes tendieron a apostar por estrenar vía plataformas de streaming locales y en muchos casos lograron llegar a un caudal de público hasta hace muy poco impensado. Aunque la monetización de la atención que lograron y su relación con la inversión que requirieron todavía es una ecuación de resultado incierto. Pero también existe algo así como una no tan ancha avenida del centro. Ni tanques, ni producciones independientes, películas con respaldo que decidieron salir a la cancha de la mano de una plataforma de difusión global tan potente como Netflix. En este grupo se encuentra El cuaderno de Tomy, la flamante película de Carlos Sorín (Historias mínimas, El perro) que se estrenará este martes.

Lo nuevo de Sorín tiene todo para transformarse en uno película trascendente. Parece ser una de esos films –más allá de gustos personales y de las opiniones a favor o en contra– destinados a conmover a la opinión pública. Se trata de la historia de Marie y su cáncer terminal, incluye a Federico, un esposo abnegado, un hijo pequeño del cual despedirse y un coro de amigos presentes. Pero hay bastante más. Esa mujer es dueña de una valentía atronadora, un humor mordaz –que expresa en vivo y por Twitter– y de una gran ternura que asentará en el cuaderno que escribirá para su hijo. Pero todavía falta: Marie es encarnada por Valeria Bertuccelli, lo que presupone una gran decisión de casting para uno de esos papeles que la industria suele entender como consagratorios o que marcan un antes y un después. Por si faltaba algo, la película está basada en hechos reales: es la historia de María «Marie» Vázquez (autora del libro El cuaderno de Nippur) y –de alguna manera– propone un debate sobre la eutanasia.

Las horas previas al estreno encuentran a Valeria Bertuccelli visiblemente entusiasmada. En diálogo exclusivo con Tiempo, revela los pormenores de un proyecto que vivió con una dimensión emocional muy diferente a todos sus otros proyectos.

–No es difícil encontrar múltiples motivos para aceptar un papel como el que hiciste en El cuaderno de Tomy. ¿Pero cuál fue el que más te impactó?

–Es verdad que la propuesta incluía muchas cosas interesantes. Pero decididamente lo que me atrapó fue la historia de Marie, la persona. Porque en este caso no podemos hablar de un personaje: la película cuenta una parte de la vida de una persona de carne y hueso que vivió hasta hace muy poco. Yo no tengo redes y en su momento no me enteré de nada. Conocí su historia a partir de la película. Y me conquistó de inmediato su valentía, su humor en los momentos más difíciles, su creatividad y su necesidad de ir siempre con la verdad, no importa lo que los demás piensen. Para mí ella es como una heroína.

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–La película desarrolla una historia muy dura y triste, pero la atraviesa con bastante humor. ¿Hasta qué punto ese tono entre el drama y la comedia estaba pensado desde el primer momento y hasta qué punto lo fueron encontrando?

–Es algo que se buscó desde el primer momento, más allá que a medida que avanzaba el proceso de la película se fue afinando todo. Para nosotros cruzar el drama con el humor era inevitable porque tiene una relación directa con la personalidad de Marie. Desde el primer momento Carlos (Sorín) tenía claro que no quería golpes bajos y estuvo muy atento a eso durante toda la etapa de preproducción y el rodaje.

–¿Cómo armaste tu versión de Marie?

–Más allá del guión y el laburo constante con Carlos y todo el equipo, tuve un par de charlas muy buenas y profundas con Sebastián, el  marido de Marie. Creo que fue algo muy loco para los dos, pero percibí tanto amor y respeto que fue muy revelador. También me encontré y hablé mucho con Vanesa, su mejor amiga. Pasamos un día completo juntas hablando de Marie y seguimos en contacto. Todo eso me sumó muchísimo, además de leer El cuaderno de Nippur, claro. Creo que el carácter de Marie marcó hasta el rodaje. Todos los actores y el equipo estábamos muy metidos y podíamos pasar de las risas al llanto en cuestión de segundos.

–Tu personaje pasa gran parte de la película en cama y muy enferma. Eso te quita muchas posibilidades expresivas. ¿Cómo trabajaste el personaje para expresar desde una paleta mucho más acotada?

–Te obliga  a trabajar con menos elementos, incluso con tonos muchos apagados, en determinados momentos sólo le queda un hilo de voz. Pero lo lindo es el desafío de transmitir con menos y que resulte igual de potente. Incluso hay una escena, por ejemplo, en la que ella mira por la ventana y no dice nada. Tampoco hay una voz en off que diga lo que piensa. Pero yo sé que pensaba y me gustaría creer que la gente lo va a intuir. Considero que contar con menos despliegue me obligó a trabajar con otras herramientas y eso siempre está bueno porque te empuja a buscar más.

“Esta película nació de una necesidad muy genuina y no negocié nada”

¿Cuestión de peso?

La gran industria cinematográfica suele regirse por patrones bastante conservadores. La carrera de los actores tiende a ceñirse al registro que les dio mayor popularidad y el salto de «andarivel» puede no llegar nunca o ganar dimensión de riesgos fulminantes. En ese contexto, Bertuccelli demostró una sana habilidad para eludir los encasillamientos. Desde sus inicios en el cine independiente (Los guantes mágicos en 2003) a su primer película como protagonista y directora (La reina del miedo, 2018), pasando por el éxito major del personaje de La Tana en Un novio para mi mujer (2008), Bertuccelli se las arreglo para encontrar su propio camino en un mar de corrientes turbulentas. Pero su María de El cuaderno de Tomy expresa lo que la industria o algunas audiencias interpretan como un papel que puede marcar un antes y un después. De esos que imponen, por ejemplo, bajar siete kilos, raparse e interpretar una agonía. 

–Sé que mucha gente lo toma así, pero no me enganché por ese lado. No es tan difícil bajar de peso o raparse. Pero entiendo que genera ciertas expectativas. Lo que sí me enganchó y me preocupaba era respetar el espíritu de Marie: ser fiel a su naturaleza. Esa siempre fue mi mayor preocupación. Por eso hablé con su marido y con su mejor amiga. No me habría perdonado si sentía que traicioné su espíritu.

–La película muestra diversos temas que nos atraviesan como sociedad y uno de ellos es la eutanasia.

–Creo que es un tema muy profundo que tiene que ser observado y debatido. Yo creo que el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos también debe incluir la eutanasia. Son temas que las sociedades occidentales no suelen abordar mucho porque los transforman en tabúes. Creo que es otro aporte fuerte de la película. Hablar de la enfermedad, de la muerte y de decidir cómo cada uno quiere que sea.

–Nuestras sociedades tienden a negar hasta el envejecimiento.

–Exactamente. No se muestra que la gente envejece, casi no se habla, se trata de tapar. Como si no fuera algo inexorable con lo cual deberíamos convivir de una forma más abierta y natural. Creo que, de alguna manera, la pandemia reveló que cuidamos y cuidan poco nuestra salud. Eso debería cambiar.

–Uno efecto curioso de la pandemia es que facilitó la proliferación de stickers de WhatsApp de tu personaje de la Tana. ¿Cómo convivís con ese hit? ¿Te pasa como a algunos músicos que les incomoda tocar sus temas más exitosos?

–Me da cariño. Te diría que con el tiempo y la distancia empecé a quererla más a la Tana, su carácter y forma de expresarlo. Y me hace reír cuando veo algunos de esos stickers por WhatsaApp o me cuentan que mucha gente los usa.

–Algunos actores juegan mucho con el imaginario que la gente tiene de ellos. Por ejemplo, Larry David se interpreta como una persona desvergonzada y muy políticamente incorrecta, y genera la sensación de que él es así. ¿Te pasó que alguna gente cree que tenés un carácter parecido a la Tana?

–(Risas). Quizás algunos proyectan o tienen esa fantasía, es normal. Pero no tengo mucho de la Tana. Soy mucho más tranquila. Pero también soy público y me pasan cosas similares. Me encanta Larry David y no puedo dejar de pensar: «este tipo es terrible, no le importa nada, seguro que en su vida es exactamente igual» (risas). Es algo muy humano. Los actores no son sus personajes, aunque a veces… (risas).

–El Ejecutivo envió al Congreso un nuevo proyecto para legalizar el aborto. ¿Pensás que esta vez se va a lograr su sanción?

–Espero que sí. Es necesario que así sea. Es un tema que involucra muchos aspectos, pero también la salud. Por eso es urgente que se sancione y sueño que así sea. «

El cuaderno de Tomy

Dirección y guión: Carlos Sorín. Elenco: Valeria Bertucelli, Esteban Lamothe, Mauricio Dayub, Malena Pichot y Catarina Spinetta. Estreno martes 24, por Netflix.

Planes para una película y una serie

La pandemia tiene un impacto global y también uno personal. Entre las posibilidades laborales y económicas de cada uno, se cruzan mandatos, etapas emocionales y más. Hace algunas semanas Vicentico (pareja de Bertuccelli) contó en Tiempo que la llegada del Covid-19 lo hizo fanático de andar en bicicleta y bastante remolón para componer.

–¿Cómo llevás la pandemia? ¿A vos también te dio por salir a andar en bicicleta?

–No, no tanto. A veces salgo con Gabriel, pero no le puedo seguir el ritmo (risas). Debería agarrar la bicicleta más seguido. Pero sí me dio por escribir. Me puse a full y avancé mucho en un guión para una peli que quiero dirigir y en otro para una serie. Ya estoy en alguna tratativa para la serie, pero no puedo adelantar más porque no hay nada cerrado. También aproveché y leí algunos guiones que me mandaron, pero bastante menos.

–Vivimos un momento de gran auge de las series. ¿Cuánto te atrae el formato?

–Me atraen mucho las historias. Para contarlas y para verlas. El formato pasa a un segundo plano. Puede ser una película, una serie de pocos capítulos, de muchos, una miniserie… No importa. Incluso, como espectadora, si una serie me atrapa miro todos los capítulos que tenga. No me resulta un problema. Lo importante es la historia.

–Pero como realizadora tenés que negociar con la industria en qué formato se va a contar.

–El secreto es convencerlos de que la historia está buenísima y que acepten hacerla tal cual querés (risas).

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Añoranzas y la realidad

Una película como El cuaderno de Tomy nació para ser vista en una sala de cine. Pero la pandemia decidió otra cosa y el estreno fue directo a Netflix. Un símbolo de los tiempos que impone ventajas y desventajas.

–Me hubiera encantado que la película se estrena en los cines. Es imposible no sentir añoranza de cuando podíamos ver películas en las salas. Lo extraño también como espectadora. Pero bueno, estamos atravesando una situación muy inusual y hay que adaptarse. Las películas para tener sentido tienen que ser vistas y Netflix también nos da la posibilidad de llegar a todo el mundo en forma instantánea. Eso no deja de ser increíble y una oportunidad muy importante. Ojalá que la película guste. Todos dejamos lo mejor que teníamos, el casting fue genial y cada detalle fue cuidado al máximo. La mano de Carlos se nota en cada segundo y eso nos ayudó a todos para que nuestros aportes sean más precisos.