El 29 de septiembre de 2013, con el episodio titulado “Felina” que escribió y dirigió Vince Gilligan, se despidió para siempre “Breaking Bad”, una serie que había comenzado sin mucho ruido en marzo de 2009 dentro de la señal AMC y que con el tiempo se convirtió en una de las mejores de la historia (figuró tercera solo detrás de “The Wire” y “Mad Men” en la encuesta organizada en octubre de 2021 por la prestigiosa BBC sobre las 100 mejores series de este siglo con el voto de más de 200 especialistas de todo el mundo).

Si bien en 2019 Netflix estrenó “El Camino: Una película de Breaking Bad”, film escrito y dirigido por el propio Gilligan que sin demasiados hallazgos cerró algunas cuestiones que habían quedado pendientes, los personajes de Walter White (Bryan Cranston), un profesor de química cincuentón al que le diagnostican un cáncer de pulmón y comienza a cocinar y vender metanfetamina para solventar el tratamiento en medio de una precaria situación económica, y de Jesse Pinkman (Aaron Paul), un joven alumno suyo que se convierte en su principal socio y asistente, ya eran parte de la historia grande de la televisión por aquella mítica serie que combinaba elementos de thriller, drama familiar y estética de western contemporáneo.

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Con “Breaking Bad”, Gilligan (hoy de 55 años) se convirtió en uno de los más celebrados showrunners (término de la industria con el que se define al creador, productor general, guionista principal y a veces también director de una serie), aunque hay que consignar que venía de tener un maestro de lujo: nada menos que Chris Carter, el responsable de ese clásico que fue “Los expedientes secretos X”. Bajo su supervisión, Gilligan escribió 30 episodios y dirigió un par entre 1995 y 2002. Luego, claro, se lanzó de forma independiente y ya no paró más.

El fenómeno de “Breaking Bad” fue arrasador. No solo fue mejorando en rating semana a semana, año tras año, sino que luego se convirtió en una obra de culto, de referencia, de estudios eruditos y hasta de libros. Cuando hoy algún neófito quiere incursionar en el universo de las series es muy probable que empiece por allí.

El siguiente proyecto y Gilligan sorprendió al anunciar que haría -con su viejo colaborador Peter Gould como socio- “Better Call Saul”, una suerte de spinoff y precuela de su gran creación, basada en el personaje de James «Jimmy» Morgan McGill, conocido posteriormente como Saul Goodman, un en principio patético abogado criminal e ingenioso estafador que había aparecido como personaje secundario de “Breaking Bad” al mantener una relación fructífera en lo financiero pero basada en negocios decididamente turbios con Walter White y Jesse Pinkman.

También ambientada en Albuquerque (principal ciudad del estado de Nuevo México), pero entre 2002 (seis años antes que la serie original) y 2004, “Better Call Saul” generó en principio cierto resquemor entre los fans de Gilligan, pero pronto demostró que tendría entidad y vuelo propios: McGill/Goodman pasó de ser una caricatura y un comic relief como había sido considerado en un principio para “Breaking Bad” (el contrato original era para aparecer solo en tres episodios) a un personaje con múltiples matices psicológicos y atractivos.

La serie fue mejorando con el tiempo no solo por la extraña y simbiótica relación que se establece entre el protagonista (brillante interpretación de un sociópata dominado por el resentimiento y el ansia de venganza a cargo de Bob Odenkirk) y la también abogada Kim Wexler (Rhea Seehorn), sino además por la subtrama que enfrenta a distintas facciones de mafiosos y narcos con personajes extraordinarios como Gus Fring (Giancarlo Esposito), el ex policía Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks), Lalo y Héctor Salamanca (Tony Dalton y Mark Margolis)) y Nacho Varga (Michael Mando), entre otros. En la citada encuesta de la BBC “Better Call Saul” figuró en el puesto 23°, pero seguramente con el tiempo su dimensión “histórica” siga creciendo.

“Better Call Saul”, que hace pocos días cerró la primera parte de su sexta y última temporada otra vez con récord de audiencia en los Estados Unidos en AMC y AMC+ (en Argentina está disponible en streaming por Netflix), sigue acercándose al final, que en muchos aspectos significa conectar con el inicio de “Breaking Bad”.

El episodio final (el 13) el próximo 15 de agosto, pero ahora los medios especializados (que manejan información exclusiva o se ocupan de detallar cada uno de los easter eggs y crossovers entre ambas series) indican que ambos estarán también en el capítulo 10 a estrenarse el 25 de julio.

Lo cierto es que estamos a la espera del regreso de la serie con el octavo episodio, dirigido por un tal Vince Gilligan y coescrito junto a Peter Gould, en poco más de un mes (lunes 11 julio en los Estados Unidos y martes 12 en Netflix) para ver cómo seguirá luego del impactante final de la midseason (mitad de temporada) que, claro, evitaremos spoilear para que el disfrute (y el impacto) de aquellos que todavía van un poco rezagados con el seguimiento de la serie sea absoluto.

Qué pasará con Kim Wexler, un personaje que jamás se vio ni se mencionó en “Breaking Bad” y cómo se resolverá la guerra de narcos son algunas de las muchas incógnitas que se develarán en pocas semanas más y que no solo darán la puntada final a una serie brillante como “Better Call Saul” sino que -como aseguran sus dos showrunners- resignificarán varias cuestiones que creíamos saber o entender sobre “Breaking Bad”.

  • Télam.