El tiempo puede pasar, pero más allá de los calendarios al protagonista de estas líneas siempre se lo escucha en estado de rock permanente. No importa tanto si está al frente de Viticus, ofreciendo pistas sobre una vieja y recordada reencarnación de Riff o feliz por haber retornado a los ensayos después de haber recibido su segunda dosis contra el Covid-19. Lo cierto es que Víctor Bereciartúa (Vitico, el Canciller, para todo el mundo) exuda rock and roll en cada palabra que enuncia. Y eso siempre se nota.

Por estos días, lo suyo tiene mucho de mirada retrospectiva sobre tres de sus discos solistas que renacieron de la mejor forma. Se trata del relanzamiento Ha llegado la hora (1985), Vitiken Enterteinment (1988) y No sé si voy a volver (1994), todos títulos descatalogados desde hace mucho, pero que ahora pueden escucharse en plataformas musicales y también conseguirse en formato físico de CD editados por el sello RGS. En plena entrevista con Tiempo, el Canciller destaca fechas, pistas y datos certeros sobre estos álbumes a los que él llama “Los ocultos”, ya que rescatan su universo como solista menos conocido. “Soy un animal de ruta, de salir a tocar y todo este tiempo estuve caminando por las paredes. La semana pasada volvimos a los ensayos y en breve volveremos a tocar, algo que me muero de ganas por hacer. Me encantaría que nuestro primer show sea en Córdoba porque es un lugar al que quiero, y que sea al aire libre”, devela el bajista y cantante.

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No fue hace mucho tiempo que la propuesta por resucitar tres discos de su catálogo lo tomó por sorpresa. Así lo recuerda: “A esos discos yo los escuchaba y pensaba que sonaban bien, pero al mismo tiempo creía que era una lástima que no hayan sido todo lo conocidos que merecían en su momento. Las casualidades no existen pero un día me llamaron del sello RGS para proponerme reeditar esos tres discos. El Ceo del sello es Andrés Galante y me habló sobre sus ganas de volver a lanzarlos porque le parecían atemporales y ahí me entero que él tiene como factor sanguíneo RH Negativo como yo, así que a eso lo consideré una buena señal, sobre todo porque los que tenemos ese factor somos muy pocos, un 7 por ciento en todo el mundo”.

Avanzando sobre ese tríptico recién editado, Vitico (72 años) revela algunas características que él mismo aclara no haber contado en su momento cuando salieron los discos: “Ha llegado la hora lo grabé con la primera batería electrónica que andaba por el país, marca Linn. Tocó las guitarras rítmicas y el bajo, pero también tenía en guitarras a Boff y Botafogo. Hoy lo escucho y me siento orgulloso de cómo suena. Los tres discos fueron grabados con el gran Jorge Da Silva y siento que envejecieron muy bien, no se pegaron a las modas de la época.”

Los discos hoy reeditados fueron publicados en períodos en los que Riff, el principal proyecto de Pappo y Vitico, se encontraba fuera de funcionamiento. A propósito de esto, el bajista revela: “Nunca pensé en diferenciarme de Riff, sino más bien hacer mis discos. Tanto Pappo como Michel Peyronel habían lanzado sus discos solistas y yo quería hacer el mío. Ahí cantaba: ‘Los que quieran salir seguido en esas revistas que se hagan muy amigo de los periodistas. Los que rompan conjuntos por sus propios asuntos que mejoren su carrera solista’. Era así y eso es algo que todavía pienso. Por eso me siento orgulloso de los discos y de todo lo que dicen más allá del tiempo transcurrido”, reflexiona Vitico.

Riff y Pappo sobrevuelan la entrevista, casi como una situación inevitable. En un momento, Vitico recuerda que el gran momento de la banda fue a principios de los ’80, cuando el grupo creció exponencialmente en términos de convocatoria y donde la violencia abajo del escenario no estaba ausente durante los shows. Sin embargo, el Canciller aclara muy seriamente que esa no fue la razón de la primera separación del cuarteto: “Todos creen que cuando nos separamos en el ‘83 fue por el quilombo que se armaba en nuestros shows, pero en realidad fue por algo que metió la compañía de discos. El contrato que teníamos estaba por terminar y entonces desde la compañía comenzaron a decir que debíamos tener otro cantante para salir al exterior, porque Pappo estaba bien para ellos en la Argentina, pero no para otro mercado. Ahí llegó Danny Peyronel en teclados al grupo, pero él no tenía nada que ver con nosotros. Eso fue lo que explotó Riff porque de esa forma no pudimos seguir más. A su vez, eso fue lo que terminó disparando los primeros discos solistas de Pappo, Michel Peyronel y los míos. Y fíjate vos como sigue la historia que ahora estamos hablando de Ha llegado la hora, ese primer disco solista mío donde ya mucho decía sobre cómo es la vida en un grupo de rock exitoso como el que teníamos en ese momento”.

La última reencarnación de Riff se dio en 2018 con Vitico (bajo), Luciano Napolitano (guitarra), Juanito Moro (batería) y Jaf (guitarra y voz) para volver a tocar el material de Riff VII en diferentes escenarios del país. Para el Canciller, las sensaciones de esos conciertos es algo que todavía recuerda de muy buena manera. “Una maravilla, así recuerdo a esos conciertos que dimos con esa formación. Estuvieron muy bien”, dice de manera directa. “Si Peyronel no estaba fue porque pidió 300 mil dólares para moverse de su casa creyéndose imprescindible, aunque me di cuenta que él no podría haber hecho shows por una cuestión de su edad y falta de training. Ojo, esto no es una crítica porque es una realidad, pero lo concreto es que quise darme el gusto de volver con las canciones de Riff en vida, y fue tanto por algo personal como por la gente ya que hay mucha gente joven que nunca vio a Riff. Todavía me acuerdo de la conferencia de prensa que hicimos para presentar esa formación, porque ahí dije que los shows que daríamos en ese entonces serían un experimento sobre genética y cromosomas (risas). En ese entonces explicaba que tanto Pappo como Oscar Moro tuvieron un hijo único que se dedicó a lo mismo que ellos. El resultado del experimento estuvo a la vista, con un baterista como Juanito Moro que es una persona divina y un músico tremendo, aunque la otra parte del experimento no fue tan así”, confiesa.

Es de rigor preguntar si habrá a futuro un hipotético regreso del grupo. A propósito, Vitico es contundente: “No hay ninguna posibilidad de una vuelta de Riff, ninguna. El nombre Riff fue mío durante 20 años, luego fue de Pappo pero más tarde cuando él muere legalmente el nombre pasa a Luciano. Mi trato con Pappo, a quien extraño terriblemente más allá de los años en que no está con nosotros, es que él no usaría el nombre de Riff sin mí, y viceversa. No estando él lo hice con lo que más se parece, con Luciano. Una vuelta es imposible porque es algo que ya hice, y estoy satisfecho porque todos los shows que hicimos en su momento estuvieron llenos, a pleno. He visto gente llorar, gente grande, que no pensaba que iba a volver a tener esa sensación de Riff en vivo. Aunque no estaba Pappo el sonido estaba ahí, y eso no se olvida nunca”. «

Pionero y emblema del rock local

La historia de Vitico “El Canciller” Bereciartúa (Buenos Aires, noviembre de 1948) puede presumir de haber sido parte de ciclos más que vitales del rock local. En plena década del ’70 y con menos de 20 años, su impronta como bajista ya era parte de la escenografía naciente de la escena, pero sería con Alta Tensión -el grupo en el que compartiría espacio con Héctor Starc, otro histórico del rock local- cuando su carrera no se detendría en términos de consideraciones populares. Si dejar una marca en un álbum que recuerden todos es siempre difícil, en 1970 Vitico pondría su bajo en el primer disco de Billy Bond y la Pesada del Rock and Roll, el mítico debut de un proyecto (considerado ampliamente como uno de los mejores álbumes del rock nacional de todos los tiempos) que lo exhibía en un gran momento junto a Pappo, Spinetta, Javier Martínez y un seleccionado de músicos locales. Poco más tarde y luego de un paso por Inglaterra -donde tocó informalmente con The Who y hasta llegó a probarse para ser un Bad Company, uno de los grandes tótems del rock inglés de ese tiempo-, volvió al país cuando los ’70 se cerraban para sentar las bases del rock pesado local en plena dictadura militar. Junto a Pappo coincidieron en que el rock no existía en la Argentina -al menos, tal como ellos lo sentían-, y fue entonces a finales de 1980 cuando ambos formaron Riff, el celebrado monstruo del rock pesado argentino que tuvo múltiples reencarnaciones. Desde comienzos de este siglo está al frente de Viticus (su otra banda fetiche), recorre el país y continúa grabando discos donde es imposible separarlo de una matriz donde vive el rock.

REEDICIONES SOLISTAS

Ha llegado la hora (1985)
Este primer álbum del Canciller no podría ser más confesional. Desde la canción que le da título al álbum hasta el resto de los tracks, Vitico no se calla nada, al mismo tiempo que se diferencia del sonido de Riff. Se trata de un álbum ganchero y directo que no pierde su toque roquero en ningún momento, al mismo tiempo que usa la tecnología de su tiempo (baterías de ritmo y el clásico sonido comprimido de época), que nunca le juega en contra.

Enterteinment (Vitiken, 1988)

Junto con Rano Sarbach (guitarra), B.B. Peña (batería) y Mario Curcio (voz), Vitico se mete a full con un pack de canciones que tienen mucho del oxígeno del hard rock de finales de los ’80, plena época del hair metal. Imposible descontextualizarlo de esos días, en el disco resalta tracks como “Quiero volver a la autopista” y “Yo soy el gallo”, donde el rock de linaje californiano siempre está presente.


No sé si voy a volver (1994)
Con el rock clásico bien al frente, sin baterías electrónicas ni sonidos californianos, este álbum es todo lo que esperaría un fan del Canciller. Hablamos de un disco de hard rock que desde el primer tema no intenta ofrecer nada más que lo que emergerá de los parlantes al minuto de escucha. Resaltan temas como “Texas rock”, la confesional “Voy a tratar de cambiar” y el track que le da nombre al disco.