La acusación pública contra el conductor Jey Mammon puso nuevamente en la agenda mediática el debate sobre los abusos sexuales en niños, niñas y adolescentes.

De acuerdo al informe emitido por la Línea 137 (destinada a brindar contención, asistencia y acompañamiento a víctimas de violencia familiar y/o sexual y de grooming) entre 2017 y enero de 2023 se registraron 14.912 niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual: es decir, casi 2500 víctimas por año y aproximadamente 7 por día.

A pesar de los debates, las críticas y el efecto de horror que parece producirse, aparecen también dudas y planteos que ponen el foco en las víctimas. ¿Tenía o no tenía la edad para ser abusado? ¿Es verdad o está extorsionando? ¿Por qué no denunció antes? Esos planteos, de algún modo, demuestran que todavía no existe una conciencia real de lo que implica esta problemática.

“Esto pasa con mujeres, niñas, niñes, niños, adolescentes y personas trans travesti. O sea, los cuerpos subordinados. Comparten una situación en la sociedad patriarcal que es la desconfianza hacia ellos por parte de las instituciones. Eso no es más que la desconfianza que históricamente ha sembrado y ha generado la sociedad patriarcal”, explica a Tiempo Argentino, el psicoanalista Enrique Stola. “Éste es un prejuicio sostenido socialmente, pero que está replicado también en el Poder Judicial por una cantidad de funcionarios y funcionarias machistas”, agrega.

Dudar, ante todo

La actriz Thelma Fardin denunció en 2018 que fue abusada cuando tenía 16 años por su compañero de elenco (y adulto responsable en el grupo), el actor Juan Darthés. Esa denuncia pública, respaldada por la justicia, aumentó de manera exponencial la cantidad de denuncias y consultas. Sin embargo, la actriz una y otra vez es víctima de fake news que niegan la culpabilidad de Darthés y lo intentan convertir en víctima.

Esto se repite en muchos casos de abusos sexuales. “El gran conflicto con los abusos sexuales es que son delitos que suceden sin testigos. Esto vuelve fundamental comprender el estándar probatorio y no igualarlo con las investigaciones de otro tipo de delitos. Las pericias son importantes, psicológicas, y si es reciente el abuso, físicas. Son duras y revictimizantes pero necesarias”, dice a Tiempo, Thelma Fardin. “Socialmente es un espejo que nadie quiere mirar, ya sea por haber sido víctima o por el temor de haberse manejado mal. O simplemente por no soportar el horror de esa perversión que genera el propio sistema opresor en el que vivimos”.

La docente, escritora y poeta Sol Fantin es sobreviviente de abuso sexual. Su historia fue plasmada en el libro Si no fueras tan niña que editó Paidós en 2022. En se sentido, analiza: “hay algo que debería ser parte del sentido común y es que denunciar nos lleva tiempo. Primero tenés que sobrevivir, después vivir, después entender lo que nos pasó y después denunciar. Ese tiempo es largo precisamente por la naturaleza del delito. Y el delincuente lo sabe. Ha hecho cosas en nuestra subjetividad para que no podamos acceder a nuestra memoria sin quedar derrumbadas o sumergidas en la culpa, la vergüenza y el terror”.

Y agrega: “los efectos del trauma que produce el abuso sexual en la infancia y la adolescencia tienen consecuencias que pueden ser devastadoras. Algunas sobrevivimos y somos las que podemos tomar la palabra y contar. Y podemos hacerlo porque sobrevivimos y logramos estar lo suficientemente bien como para tomar la palabra y contar. Entonces, se nos ve a nosotras que estamos bien y pareciera que no pasó nada”.

Edad y amor: excusas habituales de la agresión sexual

Cuando el exconductor de La peña de Morfi decidió hablar públicamente de la acusación de Benevenuto puso en cuestión la edad del joven y habló de haber tenido una relación de pareja.

“Hay que correr del medio el asunto de la edad y detenerse sobre si el adolescente estaba o no estaba en condiciones de consentir. Y la respuesta es no. Porque un niño, una adolescente no está en condiciones de consentir una relación sexual con un adulto”, manifiesta Fantin. Por su parte, Stola afirma. “Cuando una persona de 16 y 18 años aparece teniendo un vínculo con alguien que tiene una marcadísima diferencia de edad es una situación de riesgo”.

Para Thelma Fardin, el conductor intentó “romantizar un abuso”. “Hablar de la diferencia de época no salda la cuestión de que era una relación con absoluta disparidad de poder. Y los abusos siempre se tratan de eso, el poder en disputa. Para el código penal uno es menor de edad hasta los 18. Por ende, todo el debate de 14 o 16 y amor o no amor es inocuo”, dice la actriz.

Por su parte, Sol Fantin explica que hablar de “relación de pareja marca el eje de lo que sucede cuando un niño, niña o niñe es abusado. “Amor y confianza es lo que necesita el delincuente para consumar su delito. El agresor se aprovecha de la inmadurez de su víctima para para realizar un acto que lastima y vulnera al niño, al adolescente. En los delitos sexuales, el acto se produce en el cuerpo pero el daño en sí no. El daño se produce en la sexualidad, en la subjetividad. Por lo tanto, cuando está en juego el amor el daño es muchísimo mayor.”

Los debates en la sociedad

Jey Mammon hizo un descargo en sus redes sociales y dijo que su denunciante fue su pareja y mintió la edad.

Son indiscutibles los avances sobre la problemática de los abusos sexuales, todavía falta. “El sentido común instalado está muy lejos de entender lo que implica el abuso sexual, tal como lo entienden las leyes. Sufrí abuso de adolescente, mi agresor entró en contacto conmigo cuando yo tenía 13 años y los abusos comenzaron un poco después. Tenía 37 años cuando entendí -porque fui a leer la ley- que lo que me había hecho esta persona constituía un delito penal cuya pena era homologable a la del homicidio. Hay un desfasaje total entre lo que dice nuestra ley nacional y el sentido común. Ni hablar con los tratados internacionales de derechos humanos y de niños, niñas y adolescentes, donde queda claro que el abuso sexual es tortura y por lo tanto se trata de delitos imprescriptibles. Pero eso ni siquiera lo aplica la ley en el ámbito nacional. En mi caso no lo aplicaron”.

Para comprender, afirma Fantin deben darse varios debates. Uno de ellos tiene que ver con la falta de garantías de las personas presas. “Circula la idea de que una persona que cumple una pena en la cárcel por haber cometido abuso sexual con acceso carnal es violada o torturada de otras maneras. Eso a mí, en mi caso, constituyó un obstáculo para que yo acceda a mi derecho a la justicia”.

Hay que dar un debate colectivo sobre cuál es el rol de los adultos y las personas adultas en la crianza. Urgente. Porque eso es lo único que puede proteger a un niño, a una niña, de ser víctima de abuso sexual. La única manera de evitar que un abuso sexual se produzca y se prolongue en el tiempo es ofreciendo a los niños una crianza libre de violencia. Tenemos muchos documentos, como todos los que componen la Ley de Educación Sexual Integral para reflexionar, debatir, pensar y crear colectivamente estrategias de crianza que protejan a nuestras infancias”.

Ante los abusos: ESI

Stola, Fantin y Fardin acuerdan en que la educación sexual integral es fundamental para debatir y trabajar sobre los abusos sexuales.

Las sociedades en general, no sólo la Argentina, están atravesadas por algo así como un manto de hipocresía y a la vez de buenas voluntades. Miles de personas tienen a rasgarse las vestiduras ante las agresiones sexuales a niños, niñas y adolescentes, pero resulta que muchísimas de ellas se oponen a la ESI, una herramienta que daría capacitación de acuerdo a su edad para que puedan entender cuándo los están agrediendo físicamente. ‘Con mis hijos no’ es una consigna famosa con la que esta gente terminan colocando a sus hijos e hijas en una situación de vulnerabilidad”, enfatiza Stola.

Fardin expresa. “La base es la importancia de la ESI. Somos los adultos quienes debemos cuidar a las infancias. La información es poder y si los empoderamos podrán rápidamente detectar si sufren abusos”.

No creer ni en les niñes ni en sus madres

La Justicia valida el descreimiento en la palabra de las, los y les chiques que denuncian los abusos a través de diversos mecanismos que recaen sobre la mamá que denuncia. El caso de la niña Arcoiris es un claro ejemplo de esto.

Stola explica. “No sólo se sospecha de esos niños, niñas y adolescentes que denuncian, sino se sospecha de sus madres. Y el Poder Judicial tiene dispositivos que no están reconocidos científicamente pero que son diagnósticos exclusivamente judiciales para castigar a las madres protectoras. Y algo que viene ocurriendo cada vez más sistemáticamente es que les sacan, les arrancan hijos e hijas a esas madres que protegen y se las entregan a los acusados de violencia o a los acusados de incesto paterno filial.”

“Los chicos y las chicas que denuncian agresiones sexuales y fundamentalmente que denuncian incesto paterno filial entran en un campo de sospecha y la principal de la sospecha recae sobre sus madres, que suelen ser acusadas de alienadoras. Algo así como ‘lavarle la cabeza’ al hijo y meterle la idea de abuso sexual o de agresión sexual. Cuando todos los profesionales que trabajamos seriamente esta temática sabemos que los niños no mienten cuando de agresiones sexuales se trata”.

 

Datos

Desde 2017 hasta enero de 2023, la Línea 137 registró 14.912 niños, niñas y adolescentes víctimas de violencia sexual: casi 2500 víctimas por año y aproximadamente siete por día.

El Ministerio Público Fiscal emitió datos que fueron publicados por La Garganta Poderosa. De acuerdo a ellos:

El 80% de abusos suceden dentro del ámbito familiar.

Entre el 87 y el 90% de abusos son perpetrados por varones.

De cada 1000 abusos solamente 100 llegan a denunciarse y sólo uno tiene condena. 

Para denuncias o consultas: línea 102, línea 137 (para violencia familiar o sexual) o al WhatsApp 11 3133-1000.