El reclamo de medidas contra la violencia de género en general y el abuso sexual en particular estuvieron entre las consignas alzadas en la masiva manifestación por el Día Internacional de la Mujer. El caso de la violación grupal en Palermo, hace menos de dos semanas, sigue generando repudio y el pedido de justicia formó parte del grito de una marea que volvió a las calles. En tanto, la defensa de uno de los seis jóvenes acusados cuestionó al juez que le negó la excarcelación, y argumentó que lo hizo por el “clamor popular” contra los imputados y por temor a los medios.

«A criterio de este magisterio, (el juez) no hizo más que sustentar el clamor popular anticipando una culpabilidad, un anticipo de pena en la producción de la acción típica del delito enrostrado a todos los coimputados», planteó la defensa de Thomas Fabián Domínguez, uno de los seis detenidos, al apelar el rechazo a la excarcelación que había solicitado para su cliente. Y agregó: «Pero con un dejo amargo que nos lleva a sostener que el titular del órgano jurisdiccional ordinario temía elevadamente que si en el hipotético y supuesto caso hubiera otorgado la medida liberatoria estaría en las portadas de los diarios de más tirada en la Argentina, lo cual lleva a pensar a esta defensa que las resoluciones judiciales están guiadas en algunos casos que se hacen públicos y notorios por el clamor popular y no por la letra de la ley».

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Así lo expresaron los abogados Jorge Alfonso y Silvina Fernández Rosarno, quienes presentaron ante la Cámara del Crimen un recurso de apelación a la decisión que el lunes pasado tomó el juez en lo Criminal y Correccional 21, Marcos Fernández, cuando negó la excarcelación de Domínguez. El joven de 21 años está señalado como uno de los dos que hacía de ‘campana’ fuera del auto, mientras otros cuatro violaban a la víctima.

En el escrito de los letrados, según consignó Télam, usaron como argumento que su cliente “es un ciudadano honrado y de bien, sin antecedentes penales ni policiales, y un muy buen integrante familiar, buen hijo, comprometido con su núcleo familiar conviviente, que posee arraigo establecido y es conocido en el barrio como una buena persona”. Usaron estos elementos para cuestionar al juez Fernández, quien consideró que existía riesgo de fuga –ante el alto monto de la pena en expectativa, con un máximo de 20 años de prisión para los delitos de «abuso sexual con acceso carnal, agravado por la participaron de dos o más personas y lesiones leves, los que concurren de manera real entre sí»-. Además, el magistrado remarcó que en el caso también hay riesgo de “entorpecimiento de la investigación”, ya que “se verifica en autos la existencia concreta de indicios que justifican la grave sospecha de que el imputado podría amedrentar o amenazar no sólo a la víctima, sino también a los testigos (…) contra quienes ya se ejerció violencia al momento del hecho”.

Lo dijo en referencia a denuncias de testigos que declararon haber sufrido amenazas y amedrentamientos tras intervenir para asistir a la joven violada o para tomar imágenes de los acusados aquel lunes 28 de febrero, a plena luz del día, en un auto estacionado en Serrano al 1300. La vecina que llamó a la Policía y contribuyó a rescatar a la joven en el momento, de hecho, está con custodia policial.

Metanfetamina en el cuerpo de la sobreviviente

Más allá del “clamor popular”, se siguen sumando evidencias que complican la situación de los imputados. Se conocieron resultados de estudios sobre el cuerpo de la joven que indicaron que ella tenía residuos de marihuana, metanfetaminas y anfetaminas en su organismo. Así lo revelaron los últimos peritajes toxicológicos de la causa.

Esto se suma a lo declarado por una testigo en las últimas horas: contó que en el “after” donde la joven de 20 años conoció a sus abusadores, el grupo de imputados hacía circular un trago mezclado con pastillas de “meta”. Así lo informaron fuentes judiciales a la agencia estatal Télam.

“Lo único que en su declaración la víctima reconoció haber consumido esa madrugada es alcohol y marihuana. La presencia de metanfetaminas y anfetaminas en su orina refuerza la hipótesis de que algo le dieron, de que la drogaron para dejarla en el estado de vulnerabilidad del que después se aprovecharon para abusar de ella», dijo una fuente con acceso al expediente. Y detalló que si bien la testigo no pudo precisar si la víctima del abuso consumió del vaso que circulaban los acusados, sí ratificó que tenían esa bebida con “meta” en su poder.