La película ya había sido un éxito en Polonia, por ese motivo, Netflix compró los derechos para distribuirla en todo el mundo. 365 DNI es una película polaca basada en la novela homónima de Blanka Lipinska y dirigida por Barbara Bialowas y Tomasz Mandes. La sinopsis oficial describe: Massimo es miembro de la mafia siciliana y Laura es una directora de ventas. Massimo la secuestra durante 365 días para que se enamore de él.

Este film ocupó el puesto número seis en la lista de contenidos más vistos en Netflix Argentina y, en muchos países europeos, ocupó y aún ocupa el puesto número uno.

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Sin embargo, usuarios en redes sociales protestaron por esta inclusión y lanzaron una petición para que el largometraje sea bajado de las propuestas de Netflix. Los motivos fueron el abordaje de la imagen de la mujer y además porque consideran que incita a la violencia de género y romantiza el síndrome de Estocolmo. La misma lleva ya cerca de 100 mil firmas en change.org.

La película fue también repudiada por la cantante inglesa Duffy, que fue víctima de secuestro y abuso sexual.  Además de pronunciarse abiertamente al respecto, envió una carta al CEO de Netflix reclamando que el tipo de violencia que se ve en el film “glamoriza la brutal realidad del tráfico de la mujer, el secuestro y el abuso. Esto no debe ser idea de entretenimiento de nadie”.

Por su parte, la plataforma Netflix no contestó directamente a las críticas que le hicieron al film, sino que se expresó a través de un comunicado: “Creemos firmemente en dar a nuestros miembros de todo el mundo más opciones y control sobre su experiencia de visionado en Netflix (…) los miembros pueden elegir lo que quieren y no quieren ver determinando los filtros de madurez en los perfiles y eliminar títulos específicos para protegerse de contenido que crean demasiado adulto”. Apenas unas semanas después de este petitorio, la plataforma debió responder por otro film que fue denunciado por “justificar la pedofilia” (ver recuadro)

Es imprescindible analizar 365 DNI y desenredar su contenido sexista. La teoría feminista no puede desentenderse del aparato cultural que reproduce y perpetúa estereotipos de género y amor romántico y es necesario advertir de contenidos que romantizan la violencia.

Durante las casi dos horas que dura la película, Massimo acorrala a Laura, él es el amo quien controla todas las situaciones. Laura mantiene una actitud sumisa y sexy a la vez, cumpliendo el rol de amenazada y luego de enamorada, sin siquiera un cambio en el comportamiento y dinámica de la pareja, es decir, sin justificación argumentativa. No hay síndrome de Estocolmo que justifique tal viraje ya que no hay en toda la película una condena del protagonista: Massimo la secuestra, la acosa y la viola, y nunca se arrepiente de sus actos.

El largometraje arranca con un hecho de violencia: Massimo viola a una azafata en su viaje en avión sin que exista una condena desde la narración a este acto. En paralelo, una escena donde  Laura se masturba. La misma situación se da más tarde en la película: otra mujer le practica sexo oral y él la trata con violencia, esta vez delante de Laura, que está atada a una cama, como una sugerencia de un juego sexual sadomasoquista, donde se omite un aspecto fundamental: el consenso.

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Tristes estereotipos

Los personajes protagónicos cumplen con los estereotipos de género cinematográficos más clásicos. Massimo es alto, con músculos, típico “macho italiano”, tiene autos importados, mucho dinero, avión privado. Ella es flaca, hegemónica, más joven que él y siempre está maquillada y vestida con ropa ajustada o sugerente. No falta la escena de Laura con miles de bolsas de ropa por las calles, en la que muy contenta de repente olvida que está secuestrada.

En la construcción del relato, permanece la hegemonía de los personajes; secuencias eróticas dominantes e industriales, donde vemos una repetición de cuerpos ideales. Laura no es la única “coqueta”. Hay superávit de chicas jóvenes, flacas, blancas, acompañadas siempre por Massimo, a veces teniendo sexo con él o simplemente acompañándolo. Nunca hay otro varón teniendo sexo en la película.

La trama es realmente alarmante. En el encierro forzado ella dice que “tiene novio”. No importa que Massimo esté cometiendo un crimen; ella ya “pertenece” a otro varón. Hacia la mitad la narrativa vira y Laura se entrega sexualmente a Massimo sin mayores reparos. El hecho que desencadena esto es todavía más preocupante: Massimo mata a un hombre que quiso violarla, y luego la culpa por tener un vestido muy corto y sugerente. Más tarde tienen sexo desenfrenado en un yate durante cinco minutos. Laura le dice “te amo” y se convierten en una pareja enamorada.

Como espectadores, no podemos olvidar lo que pasó en la primera mitad de la película: una relación enfermiza entre un hombre posesivo y una mujer manipulada que se convierte en un vínculo consensuado entre amo y sumisa. Hay una secuestro y un abuso institucionalizado en la película.

En resumen, 365 DNI romantiza la violación, el amor romántico, los celos, el secuestro por obsesión, el abuso verbal y las dinámicas de pareja enfermizas. Cuando muchas veces se dice que la “corrección política” está ganando en el ámbito de las artes, es importante ilustrar que no es lo que pasa en todo el mundo y que los productos sexistas se siguen consumiendo en magnitud. Para que esto no pase, se necesita exponer que estos contenidos están mal y productores y programadores de películas deberían adquirir herramientas de cine con perspectiva de género. Es hora de que las pantallas dejen de reproducir violencia haciéndola pasar por un relato romántico. «

Piden cancelar el estreno de otro film en Netflix

Más de 110 mil personas habían firmado hasta la semana pasada un petitorio a través del sitio Change.org en reclamo de la cancelación de la película francesa Guapis, que tiene previsto su estreno en Netflix el 9 de septiembre.

Dirigida por la cineasta francesa de ascendencia senegalesa Maïmouna Doucouré, Mignonnes -tal su título original- sigue a Amy, una chica de 11 años que se une a un grupo de bailarinas de la escuela. La película trata de un grupo de niñas de 11 años vestidas como showgirls y bailando como bailarinas exóticas para el placer de los adultos. 

El área de comunicación de Netflix emitió un escueto comunicado en el que reconocían la equivocación en la elección de la imagen original: “Lamentamos profundamente las imágenes inapropiadas que utilizamos para Mignonnes/Guapis. Hemos actualizado las imágenes y la descripción”. Por el momento, y más allá de la polémica, no plantea la posibilidad de dar de baja el contenido.