Gordo 1, Doctor, Tordo. Durante muchos años, sólo hubo apodos en torno a uno de los represores más buscados de Campo de Mayo. Recién en 2014 una foto tomada con perseverancia militante permitió confirmar su identificación, la misma foto que esta semana fue señalada en audiencia judicial por una sobreviviente. Costó más de cuatro décadas asociar esos apodos con el nombre de Carlos Francisco Villanova, uno de los jefes de los torturadores del centro clandestino que funcionó en El Campito. Tan confiado en la impunidad del anonimato que hasta fue candidato a intendente de Vicente López en 2003.

La imagen que contribuyó a su identificación, tomada por Gustavo Molfino, fue señalada esta semana en la Megacausa Campo de Mayo por la sobreviviente uruguaya Griselda Fernández. “Lo vi bastante cerca. Uno de los que me levantó la capucha. Era muy estridente, muy particular para describirlo. Gordo, cara redonda, bigotes, altanero. Se hablaba mucho de él ahí dentro. Era un carnicero”, lo calificó Fernández, detenida-desaparecida entre noviembre de 1976 y febrero de 1977. “En 2014 lo describo y digo quién es. Lo identifiqué después en Página 12 en la foto de Molfino. Y ahí lo vinculamos; en ese momento yo lo conocía como Tordo. Cuando veo esa foto y lo nombran como Gordo 1, ahí declaro que el Tordo es el Gordo 1, ahí vinculo el nombre con su fisonomía. La foto de Gustavo me devolvió el recuerdo de esta persona y lo puedo vincular. Era Villanova”, relató a este diario tras declarar en la audiencia del Juicio Unificado Campo de Mayo el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de San Martín.

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“Me preguntan cómo es que lo identifico y cómo sé que es el Gordo 1. Por esta foto puedo vincularlo. Es muy importante, porque con los distintos apodos a veces se piensa que son personas distintas. La foto es bien visible, espectacular, y aunque haya envejecido mantiene sus facciones. Y su voz me quedó muy grabada también. Era muy fuerte. Esto testimonié para reafirmar la identificación de este genocida”, remarcó.

“Mi idea siempre fue intentar fotografiar a estos cuadros que fueran la mano de obra directa y no los famosos, por decirlo de alguna manera, los que siempre se nombraron. Estos son los tipos que fueron operativos. Para mí siempre fue un compromiso desde lo militante y lo denunciante”, dijo Molfino sobre el peso de su foto. Y resaltó la importancia de visibilizar estas historias en el marco de los juicios de lesa humanidad en pandemia, cuando la virtualidad hizo que mucha más gente presencie las audiencias. “Siempre costó convocar a la gente: cuando se iniciaba un juicio había una ebullición, después decaía y para la sentencia aparecían todos. Eso fue siempre en lesa. Con esta nueva situación de pandemia y los compañeros de La Retaguardia logran la transmisión en vivo, se ha logrado pasar de tener a 100 personas como mucho a 1000 online. Que se reconozca a este genocida ahora tiene otra llegada y otro impacto”.

Un genocida que fue candidato a intendente

Para las elecciones del 14 de septiembre de 2003, el ex coronel carapintada Aldo Rico era candidato a gobernador bonaerense. Postulaba para intendente de Vicente López a un tal Carlos Francisco Villanova, que se decía referente del Partido Laborista. No tenía antecedentes en la política y abandonó la escena pública tras obtener poco más de cinco mil votos. Reaparecería más de una década después, al ser detenido por personal de la Policía de Seguridad Aeroportuaria luego de que sus apodos como torturador se unieran con su nombre y apellido.

Cuando fue llevado ante la jueza federal de San Martín Alicia Vence dijo, aparentando sorpresa, que era un vecino “muy conocido” y que había sido candidato años atrás. Luego, se negó a declarar. “Siempre fue un impresentable. Exhibía el arma 9 milímetros. Decía ‘si me joden…’ y sacaba el arma. Una vez dijo ‘estos Montoneros no sé qué’, pero nada más, no hizo nunca referencia a su pasado. Sí hacía alarde de que era de inteligencia de la Policía Federal o había sido. Después de esa elección, desapareció. No era un tipo que venía militando. Apareció de la nada y así como vino se fue, se borró”, contó en su momento el empresario Matías Cerdá, quien en 2003 fue candidato a cuarto concejal en la lista de Villanova. En 2004 Villanova se retiró de la Policía Federal como oficial mayor y se volcó al ámbito privado; se decía consultor de empresas.

“Fue sin dudas uno de los personajes más buscados de la represión en Campo de Mayo”, decía en aquel momento el abogado querellante Pablo Llonto, quien tras la audiencia de esta semana comparó el proceso que derivó en la identificación por parte de la sobreviviente Griselda Fernández con el que en 1984 permitió ubicar al represor Raúl Guglielminetti, a partir de una imagen que se difundió públicamente cuando era custodio presidencial.

“Cuando ves a este tipo (Villanova) hoy y ves las fotos de hace 40 años, son esos rostros que se avejentan pero mantienen las características esenciales. Quien ha quedado impactado fuertemente porque te interrogó, te torturó, ese rostro no se va a borrar”, dijo Llonto, y agregó que el torturador está procesado con preventiva y con prisión domiciliaria “por cuestiones de salud”. La sentencia en esta megacausa, la primera que lo tiene como imputado, llegaría recién a comienzos del año que viene.

Pedidos al tribunal

Además de la identificación de Villanova, Griselda Fernández testimonió sobre la violencia sexual en Campo de Mayo, que formaba parte de las torturas junto con la psicológica y la física. Habló sobre la frecuencia de esos abusos y la complicidad de los gendarmes que hacían guardia cuando se cometían las violaciones.

También, hizo un pedido al tribunal para que se incluya en la causa a su compañero, José Pedro Callaba Piriz, visto dentro de Campo de Mayo por al menos dos personas, según datos recabados en los últimos años. “Con esta nueva información, yo lo que solicito es que sean tomado por el Tribunal estos nuevos datos que yo estoy planteando para seguir investigando qué pasó, dónde está y para poder llegar también a la verdad”, pidió la sobreviviente.

Al decir sus últimas palabras tras completar su declaración, insistió sobre la necesidad de entender lo que pasó en la última dictadura cívico-militar como un genocidio, pidió que se evite la revictimización de los y las sobrevivientes, que se abran los archivos para saber dónde están los y las desaparecidas y los niños y las niñas nacidas en cautiverio; así como que se avance en la investigación de la responsabilidad empresarial.