“No puedo con tanto dolor”, dijo ante la prensa Priscila en la puerta de la Escuela Almafuerte N° 60, en Lanús. Y rompió en llanto. Habían pasado pocas horas desde el crimen de su mejor amiga –Morena Domínguez, de 11 años– en el marco de un violento robo cuando iba al colegio. Igual que Priscila, otros nenes y nenas lloraban al marchar para exigir justicia. La conmoción que causó el hecho entre compañeros y compañeros de la víctima y en toda su comunidad educativa aún es difícil de medir. ¿Qué pasará en ese grado que deberá convivir con la ausencia? ¿Cómo se abordarán los miedos generados por un hecho atroz en los alrededores de la escuela?

Psicólogas, psiquiatras, pediatras y educadoras consultadas por Tiempo coinciden en que la escucha y el acompañamiento serán claves en una comunidad que ya no volverá a ser la misma. Advierten que podrá haber reacciones diversas y cambios de comportamiento, y que el rol del entorno escolar –también atravesado por el dolor- será fundamental para que amigos, amigas, compañeros y compañeras de Morena puedan procesar lo que acaba de sacudir sus vidas, a tan corta edad.

Dispositivo de acompañamiento

“Los seres humanos no estamos completamente preparados nunca para enfrentar la muerte. Pero más aún cuando se trata de la muerte de un niño. Es inimaginable. Y cuando la causa de esa muerte es un ataque atroz como el que ha ocurrido con Morena, nos sentimos indignados y profundamente desprotegidos. Nos quedamos casi sin palabras”, define Alba Flesler, psicoanalista especializada en niñez.

“Así, los adultos. Pero más aún los otros niños, los que en la niñez esperan una protección mayor de sus mayores. Seguramente cada uno de los niños, amigos, compañeros cercanos a Morena sentirá terror. Porque cómo no pensar que podría haberles pasado a ellos. Desde la familia, la escuela y la sociedad toda, algo debemos hacer por ellos”, plantea.

Foto: Eliana Obregón / Télam

Y propone “en principio, darles posibilidad para hablar. Y preguntarles qué saben, qué sienten, qué quieren decir frente a esto. Escucharlos. Y sobre todo, darles respuestas concretas de protección. Acompañarlos. Si necesitan compañía en las calles, que los padres hagan turnos, que la presencia de los maestros pueda darles tranquilidad, que el reclamo a las instituciones públicas esté presente para que todos podamos sentirnos cuidados. Transmitirles que estamos haciendo algo, que no estamos totalmente impotentes frente a una situación que nos deja en manos de la violencia de otros”.

Desde la Provincia crearon un dispositivo de acompañamiento para la Escuela 60, a la que asistía Morena. «Está compuesto por profesionales del área del trabajo social, educación y psicología. El propósito es ofrecer un espacio de escucha, acompañamiento y contención, a familias, estudiantes, docentes y auxiliares; hay visitas a las casas, articulación con el área de Salud Mental y también con la secundaria a la que asiste el hermano de Morena», relatan a Tiempo.

Señales de alerta y espacios de escucha

Para Ángela Nakab, médica especialista en pediatría y adolescencia, miembro de la Subcomisión de Medios y Comunicación de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), puede haber reacciones muy diversas ante una situación tan traumática como el crimen de Morena. “Estamos hablando de una muerte violenta. Los efectos sobre la población escolar y sobre los chicos en general dependen de la edad, del desarrollo emocional y de las experiencias previas. Lo que estamos viendo es una tragedia tanto a nivel familiar como social, comunitario y sobre todo en la comunidad escolar. Tenemos que pensar en el impacto emocional que genera sobre los chicos”, sostiene.

Nakab advierte que “van a presentar una amplia gama de emociones que pueden ir desde la tristeza y el miedo, hasta la confusión y el enojo. Algunos niños puede ser que estén muy conmocionados, muy angustiados con la noticia. A otros les puede resultar muy difícil procesar estas emociones”.

Foto: Alejandro Santa Cruz / Télam

En algunos casos, “pueden empezar a sentir miedo a su propia seguridad o la de sus seres queridos. Esto puede generar en algunas personas aumento de la ansiedad, del estrés, y esto puede afectar todo su espectro de vida: su capacidad de concentrarse, de vincularse. El miedo genera ansiedad y las personas adultas tienen que estar muy atentas para ver cómo tratarlo”.

Incluso, según la especialista se pueden ver cambios en el comportamiento de chicos y chicas afectados por la muerte de su compañera: “Dificultad para dormir, cambios en el apetito, aislamiento social. Puede alterarse su vida cotidiana. Es importante ver si se retraen, si tienen regresiones. O si después de unos días no tienen interés en las actividades escolares o no quieren ir a la escuela o les da miedo estar en la calle. Y puede repercutir en el desempeño académico, que en este momento no sería lo más importante”.

Poner en palabras

Ante este panorama, para Nakab “es muy importante el apoyo emocional. Tanto los educadores como el personal escolar van a desempeñar un papel crucial en el apoyo del alumnado, porque sufrimos una muerte violenta que traspasa a todos los grupos. Es muy importante que los educadores –que también van a estar afectados- sean sostén y acompañamiento, que generen contención. Tendrán que ver estrategias, de modo individual y grupal. Y crear espacios seguros para hablar sobre las emociones, con recursos para poder hacerlo. Tenemos que tener en cuenta el gran impacto emocional que esto genera, y va a haber que alivianarlo de alguna manera a través de apoyos psicoterapéuticos, con gente que esté especializada en situaciones de tragedia, muy extremas”.

Foto: Eliana Obregón / Télam

En el mismo sentido Nora Koremblit de Vinavur, especialista en niños, adolescentes y familia de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), remarca que “es importante que la escuela dé la oportunidad a los niños de poder conversar sobre lo que ha ocurrido. Y que cada uno pueda tener la posibilidad de poner en palabras sus propios impactos emocionales. Más que bajar línea desde el adulto sobre qué hay que hacer, me parece que es importante que la escuela sea el espacio donde los chicos puedan hablar, expresarse y ser contenidos”.

“Es un duelo donde el horror se mezcla con los sentimientos más puros de la infancia. Una catástrofe familiar y para la vida de otros niños. Hay que sostener a estos niños que pueden identificarse con la niña que murió. Fortalecer la unión y reflexión desde la realidad donde se juntan la agresión, la violencia y la parte infantil de la vulnerabilidad que no se puede defender. Se tiene que contener el miedo de los niños que recuerdan a su amiga y compañera. Sin victimizarse, para superar de a poco la pérdida por agresión. Es difícil. Se necesita ayuda desde el sentimiento más hondo del amor”, apunta Josefina Saiz Finzi, psicoanalista de APA y especialista en crianza.

“Los chicos están atravesados por la violencia estructural”

Ayelén Bicerne es docente, especialista en ESI y ex subsecretaria provincial de Géneros y Diversidad del gremio Suteba. Ante el drama ocurrido en Lanús, la charla no tardó en generarse con sus estudiantes, como directora de la Secundaria Número 7 de San Vicente. “El caso de Morena impacta en todas las comunidades educativas. Los chicos y chicas ven los noticieros, comentan. Hoy hablábamos en la escuela de estas situaciones que ponen en peligro la vida de niñas, niños y adolescentes. Lo expuestos que están. Las sensaciones que expresaban eran que ven que su vida vale poco. Ante un robo u otro tipo de situaciones: están atravesados por la violencia estructural”.

Bicerne remarca que “el fallecimiento de una compañera o compañero es traumático. No se transita de manera solitaria. Requiere del acompañamiento de toda la comunidad educativa”. Para eso, señala, se apela a una “guía de intervención de situaciones conflictivas y de vulneración de derechos en el ámbito escolar”, que establece modos de actuación, con un equipo distrital de infancia y adolescencia que hace un seguimiento.

“Se articula con psicología, con el área de adolescencia de los hospitales, con varios actores, para fortalecer las trayectorias educativas, porque lo emocional incide en la continuidad pedagógica de los estudiantes”, dice. Para el después del hecho, resalta la necesidad de que “se generen espacios de escucha, de reflexión. Que puedan expresar sus miedos y angustias tanto estudiantes como docentes. Y cranear medidas de prevención. Aceitar las políticas de prevención y cuidado hace que se geste la co-responsabilidad dentro de la comunidad educativa”.

Foto: Eliana Obregón / Télam
La ausencia de policías y corredores seguros en la escuela

Morena, de 11 años, vivía con su padre, su abuela y su hermano (que va al secundario) en una zona de casas bajas emplazado entre Villa Jardín y Eva Perón. Cuando la atacan los delincuentes en moto ella estaba yendo con su abuela hacia un kiosco, a metros de la entrada de la escuela, donde solían juntarse los chicos antes de ingresar. La zona ya tenía antecedentes de robos a personal del establecimiento. Sin embargo, no solía haber presencia policial ni «corredores seguros», anunciados en su momento por el Municipio de Lanús.

De hecho el dispositivo de acompañamiento que dispuso el gobierno bonaerense para la Escuela Primaria 60, a la que asistía Morena, contempla la solicitud de la Provincia a la Secretaría de Salud municipal, a cargo del candidato a intendente (JxC), Diego Kravetz, para que haya «presencia de personal de seguridad en los horarios de ingreso y egreso a la institución educativa».

En cuanto a la causa, la fiscal Silvia Bussano avanza con la prisión preventiva de los hermanos Miguel y Darío Humberto Madariaga, acusados de provocar la muerte de la niña por golpes en su abdomen. Podría caerles una pena de 25 años de prisión. En las últimas horas la funcionaria judicial refutó la afirmación inicial de las autoridades municipal de que estuvo implicado un menor de 14 años que supuestamente se autoincriminó. Eso nunca ocurrió.