La noticia apareció publicada en Clarín el domingo pasado. Se tituló: “La NASA le puso fecha a la posible ‘destrucción de la Tierra’”. Y agregó: “El viernes 6 de mayo de 2022, a las 5:12 (hora Argentina), puede chocar contra la Tierra el asteroide 2009 FJ1, que tiene el tamaño de la Gran Pirámide de Giza, y podría ocasionar una explosión equivalente de 230 kilotones de dinamita”.

En pleno boom de Don’t Look Up, la película satírica protagonizada por Leonardo Di Caprio en la que un cometa destruye el planeta, la llegada de un asteroide real parece el condimento perfecto para el Fin del Mundo. Pero, ¿cuánto hay de verdad?

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El 2009 FJ1 efectivamente existe. Figura en el top 5 de riesgos de asteroides de la Agencia Espacial Europea (ESA), está registrado por el sistema de supervisión de colisiones automatizado Sentry, de la NASA, y lo tienen controlado. Según estimaciones de la ESA, mide 13 metros de diámetro, y no 130 como se dijo, y con una probabilidad bastante baja de impacto en la Tierra: una entre 4166.

Tiempo apeló a lo básico: buscar a alguien que sepa. Mariano Ribas, coordinador del Área de Divulgación Científica del Planetario de Buenos Aires, es el indicado. “Lo que hay es una exageración. Es completamente real, no es imposible que impacte, pero sí altamente improbable. Y si lo hiciera, su tamaño no tiene potencial de destrucción”. Si entra en la atmósfera, se vería como una estrella fugaz.

¿Puede un asteroide en el futuro chocar la Tierra con gravedad? Sí, claro. Pero para eso necesita ser de un tamaño tan grande que no muchos lo pueden lograr, y son los más identificables. El que hizo desaparecer a los dinosaurios, que cayó en la Península de Yucatán, en México, era de diez a 15 kilómetros de diámetro.

Cuenta Ribas: “Es un escenario plausible, porque tenés no menos de 2200 asteroides potencialmente peligrosos, son aquellos que particularmente se acercan a menos de siete millones y medio de kilómetros de la Tierra, lo que se considera una distancia crítica, y que miden más de cien metros de diámetro. Se conoce prácticamente uno nuevo por semana, y a veces dos o tres pasan a pocos kilómetros, es algo rutinario y regular de la astronomía, pasa que mayormente no salen en los medios, y cada tanto alguno llama más la atención. Pero no hay ninguna posibilidad real de impacto en el corto plazo, quizás en 50 u 80 años alguno de la lista ya tenga un 10 o 20% de chances de estrellarse y sería algo más preocupante”.

En numerosas ocasiones estas noticias se atribuyen a la NASA, y en gran parte de los casos no es tarea de la Agencia norteamericana. Hay en el mundo una veintena de sistemas de búsqueda de asteroides y cometas a través de telescopios y patrullas robóticas. ¿Cómo se actúa ante un asteroide peligroso? Similar a la película, las grandes potencias y agencias espaciales poseen mecanismos de defensa, lo que hace que “se pueda saber con décadas de anticipación si va a haber un impacto. Hay protocolos, de acuerdo al tiempo que tengas para actuar y a la dimensión del objeto”.

Ribas enumera: lanzar cohetes con cargas nucleares, sistemas “más suaves” que operan a largo plazo como “remolcadores gravitacionales”, esto es: si hay 30 o 40 años de plazo, se anticipan enviando naves que vayan acompañando por el espacio al asteroide y el “juego gravitatorio muy sutil” lo desvía para que no impacte.

También menciona explosiones localizadas con misiones tripuladas robóticas o “velas solares” que son llevadas por naves y se acoplan “para que el viento solar las empuje”.

¿Podría aparecer un cuerpo cerca de la Tierra que no haya sido identificado? “Sí, pero sería muy pequeño, de 20 o 30 metros. Puede pasar que alguno venga en dirección del Sol a la Tierra, entonces los detectores no los agarran. De hecho, cada tanto, en la atmósfera ingresan pequeños asteroides de 5 metros pero se destruyen en el aire y no pasa nada”.

¿Cuánto tiene que tener un asteroide para poder generar devastación? “Más de un kilómetro, dos o tres. Uno de 500 metros te destruye una ciudad como Buenos Aires. En la lista de los 2200 hay varios así, pero no está dentro de lo previsible a corto plazo. Y ninguno destruiría el planeta, aunque puede generar daños localizados serios y un dominó de efectos colaterales como energía liberada, tsunamis, millones de toneladas de polvo en el cielo y largar miles de rocas ardientes a cientos de kilómetros”. «

Vuelta por el Universo

Además de asteroides, la astronomía busca responder otros grandes enigmas: agujeros negros, posible agua líquida en lunas de Júpiter y Saturno, la búsqueda de exoplanetas (ya se encontraron más de 4000), acercarse lo máximo posible al Sol y telescopios inéditos que den cuenta del origen de la vida son algunos, “pero la exploración planetaria en Marte se lleva la mayor parte de los esfuerzos en esta década, porque tiene montón de cuestiones profundas a ser analizadas, como la chance de vida, no pasada, sino presente –remarca Mariano Ribas–. Así sean unas miserables bacterias en el subsuelo marciano, que es bastante probable que existan, eso solo sería la noticia del siglo XXI. Es un planeta que se nos pareció demasiado y se ha encontrado gas metano, tengo el pálpito de que pronto vamos a hallar evidencia de vida primitiva”.