Es malo y va a ser peor. El sistema de Alerta Hidrológico de la Cuenca del Plata (INA) pronosticó tres escenarios probables sobre el impacto de la bajante del río Paraná y en cada uno de ellos el nivel del agua está por debajo de los 1,04 metros, la marca de 1944 que se convirtió en la más severa desde el comienzo de los registros de la bajante, en 1905.

“Acostumbrémonos a que, hacia adelante, los extremos van a ser lo común”, advirtió a la agencia Télam el ingeniero y subgerente de INA, Juan Borús, y agregó: “La consecuencia más grave es la provisión de agua, y pueden generarse problemas en muchas ciudades”.

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Por su parte, el investigador del Conicet, Juan José Neiff, afirmó que “la situación continuará hasta diciembre” y que, en consecuencia, “puede ocurrir que en el verano tengamos cianobacterias debidas a algas que son tóxicas”.

El Paraná, que nace en Brasil, recorre casi cinco mil kilómetros hasta su desembocadura en el Río de la Plata –una extensión que solo es superada en Sudamérica por el río Amazonas–, y cuenta con un caudal promedio histórico de unos 16 mil metros cúbicos por segundo. La actual bajante extraordinaria también marcó un récord temporal: hace más de 730 días que las aguas del Paraná permanecen en niveles subterráneos.

“Lo que está ocurriendo en el río Paraná es un auténtico holocausto ambiental y es el resultado directo de una serie compleja de intervenciones antrópicas asociadas a la expansión del extractivismo agroindustrial, ganadero, forestal, fluvial y minero”, opinó Rafael Colombo, miembro de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas. “Está ligada –continuó– al modelo agroproductivo argentino de expansión de la frontera agropecuaria, que trae un permanente incremento de superficies de cultivo como la soja, el maíz o el trigo, que son al mismo tiempo parte de un modelo agroindustrial que trae muchísimos impactos sobre la tierra a partir del uso de millones de litros de insecticidas agrotóxicos”.
Con respecto a las imágenes que circularon en la última semana en redes sociales y en donde se ven bancos de arena en lugar de agua, el abogado explicó que es una situación “que se está registrando en casi todo el Paraná, que comprende varias provincias: Corrientes, Misiones, Santa Fe, Entre Ríos, Buenos Aires”.

Sobre las consecuencias que puede generar la persistencia de este fenómeno, Colombo concluyó que “estamos yendo hacia un proceso de sabanización de nuestros ecosistemas, es decir, se vuelven sabanas, que son ecosistemas secos, áridos, típicos de zonas tropicales y subtropicales”.