Lorena Reydett sale de su casa todas las mañanas a las 5.40 para llegar a tomar el colectivo de las 5.55 que la deja en la Ruta 7 y allí alcanzar la traffic que sube a la meseta de Añelo, donde empieza a dar clases de inglés a las 8 en el Centro Provincial de Enseñanza Media (CEPEM) 39. Vive en Centenario, a 100 kilómetros del corazón del circuito petrolero erigido en torno a Vaca Muerta, en Neuquén. Su historia es la de muchas docentes que comparten el periplo, tras largos reclamos hasta conseguir medios de transporte y dejar de hacer dedo a la vera de la ruta petrolera para llegar a las aulas.

Cuando Reydett tomó sus primeras horas en ese CEPEM, ni siquiera tenía claro dónde quedaba Añelo. Aún estudiaba para ser profesora de inglés y aceptó el desafío. Luego sabría cuán difícil era llegar. Durante largo tiempo tuvo que hacer dedo, hasta que comenzó a haber servicios de transporte público o traffics, pero las dificultades para llegar continuaban. El mes pasado, tras un nuevo reclamo de la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN), se llegó a un acuerdo con el Consejo Provincial de Educación (CPE) y comenzó a implementarse un sistema mixto de ómnibus de media distancia y traffics que completan el recorrido. El mecanismo está siendo monitoreado hasta esta semana. “Es un derecho adquirido, tuvimos mucha lucha por el transporte, hasta que el gobierno respondió a nuestras necesidades”, dice la docente. Y pide: “No quiero volver a hacer dedo, por los peligros. No sabés quién te lleva, es un riesgo”. De hecho, hubo maestras que denunciaron situaciones de acoso y robos en ese contexto.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

A la vuelta, si toma el primer colectivo de la tarde, Reydett llega a su casa 19.20. Pero, los días en que da clases hasta más tarde, debe esperar el de las 18.35 para llegar a Centenario a las 20. A sus hijos de 6 y 18 años recién los ve para la cena. “Hay docentes que vienen dos veces y renuncian, porque se dan cuenta que es muy lejos, que hay que viajar dos horas. Y hay que bancarse la ruta petrolera: los camiones, las camionetas, ahora se ha puesto peligroso. Cuando empecé en 2008 no había el movimiento que hay ahora”, compara. El viaje incluye cargar un bolso con viandas para todo el día, porque los precios petroleros de Añelo no son aptos para el sueldo docente. “Me llevo fruta, mate, mi comida. Miércoles y jueves trabajo todo el día, los martes preparo todo y salgo con un bolso, porque hay que llevarse todo. La ciudad petrolera es muy cara”, comenta. Y acota: “Cuesta, pero me gusta ir allá. Es mi escuela, mi lugar”.

“Fue una conquista de 2016 este beneficio de la movilidad y transporte docente”, dijo a Diario Río Negro Silvana Olivares, la referente de ATEN en Añelo, en relación al fuerte reclamo por transporte que se dio aquel año. El conflicto, que retornó tras la pandemia, generó nuevas protestas hasta el mes pasado. “Desde 2016 nos pagan el pasaje porque antes debíamos ir a dedo o en autos particulares. Hasta la pandemia funcionó con traffics, el tema es que este año, al implementar el transporte público, se complicó no solo por ir parados, sino porque no funcionó en cuanto a horarios: no llegaban a tiempo todos y todas para las clases que había que cubrir”, amplió la docente. El panorama mejoró con el acuerdo para un sistema mixto.

Mariela Farías trabaja desde el año pasado en la escuela más nueva de la región, la Escuela Provincial de Educación Técnica (EPET 23), creada en 2019 ante el reclamo por formación técnica en una zona repleta de empresas. Vive a 90 kilómetros de Añelo y pasa más de 12 horas fuera de su casa, donde vive con su hija de nueve años. “Soy madre soltera. Es toda una organización familiar venirme para acá”, describe.

En pleno centro del circuito petrolero trabajan más de 500 docentes –la gran mayoría, mujeres- en dos secundarias, dos primarias (a la que pronto se sumará una tercera) y dos jardines. Pero “no hay docentes de la zona, muy pocos viven acá –cuenta Farías- Por eso tenemos que venir la mayoría de Centenario, Neuquén capital o Chañar o Plottier. Incluso más lejos de lo que vengo yo”. Alquilar en Añelo no es una opción viable: “La mayoría de los alquileres son por día, porque le alquilan a las empresas para que alojen a sus operarios. Hay monoambientes chiquitos y caros, uno no muy bueno sale algo así como 60 mil pesos por mes y ni siquiera tienen servicios básicos. Si quisieras comprarte algo o conseguir un terreno, tampoco hay, por la cantidad de demanda”, explica la profesora. Y agrega: “Que no hay docentes en el lugar viene de hace un montón. Hay gente que viaja desde hace 20 años. No hay institutos de formación docente ni oferta universitaria. La técnica surge de la demanda social, porque con formación técnica puede haber salida laboral”.

Eso fue lo que impulsó a Mariela Zurita a tomar horas de docencia en la EPET 23 de Añelo: la apertura de una escuela técnica, donde podría dar prácticas de carpintería e instruir sobre las importancias de las energías renovables, en un ámbito construido en torno a una fuente de energía no renovable como el petróleo. “Cuando salen estos cargos digo ‘al fin’, era algo necesario para la democratización de los saberes de la población”, destaca.

Igual que la mayoría de sus pares, Zurita vive en Centenario, a 100 kilómetros de Añelo. Por el momento no logró conseguir dos turnos allí, por lo que cumple uno en Neuquén capital y otro en el corazón de Vaca Muerta. “El primer año no contábamos con transporte, hacíamos dedo o bajábamos de la meseta caminando varios kilómetros. Después nos incluyeron en el sistema de transporte de pasajeros, o a veces nos ayudaban los padres que buscaban a sus niños y nos dejaban en el pueblo”, recuerda. “Los 100 kilómetros se hacen en una hora como mínimo, pero vamos con todo el circuito petrolero y la ruta se carga mucho. Salgo de mi casa a las 6.30 y vuelvo 7.30”, señala.

Paradójicamente, la escuela de la zona de Vaca Muerta donde trabaja no tiene gas y no hay dónde calentar la comida que se lleva desde su casa. Las viandas las come en el viaje entre una y otra escuela, porque no tiene margen horario entre clases. “No tenemos el recurso para calentar allá ni para comprar, por los precios”, dice y concluye: “El plato del día no lo podés pagar con el sueldo docente”.