Chile representa a una economía pequeña. Es del 0,4% de la economía mundial y se trata de un país que durante 200 años ha tenido siempre una estructura política centralista, nunca federal. Un país que tuvo, además, durante ese más de dos siglos, constituciones siempre hechas por hombres, inevitablemente, blancos, de dinero y más bien conservadores.

Y que en 1980, en plena dictadura de Augusto Pinochet, coronó una nueva Constitución con un programa económico de los Chicago Boys, donde el Estado es esclavo del mercado, donde no se reconocen a los pueblos originarios, etcétera. Esa Constitución, que es en realidad un programa económico, estableció por tanto que los derechos sociales no los debería garantizar el Estado sino la tarjeta de crédito de los consumidores. Eso explotó en octubre del año 2019 con las protestas más grandes de nuestra historia, protestas que desembocan en un acuerdo de las clases políticas por un proceso constituyente, que culmina este 4 de septiembre con un plebiscito con una pregunta: ¿Usted aprueba o rechaza el nuevo texto que reemplaza la Constitución del dictador?

Y en cuyo nuevo texto aparece un Estado laico, se confirma un Estado plurinacional, se subraya la necesidad de que el Estado garantice 23 derechos, se otorgan a las regiones -equivalentes a las provincias argentinas-, autonomías regionales como nunca antes.

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Además de un largo etcétera en un texto que tiene más bien cosas buenas que malas. Que tiene problemas, sí claro que los  tiene, pero que es infinitamente mejor intencionado que el texto anterior.

Y que tiene, por lo demás, artículos de la mayor vanguardia, el primero de la humanidad hecho en paridad de hombres y mujeres. Ese plebiscito en realidad no lo es por el texto, sino por sobre una representación del texto.

Por otra parte, es un plebiscito sobre el gobierno de Boric que hoy es impopular y sobre la Economía que conoce hoy día la inflación más alta en 28 años y con una delincuencia muy protagonista en el debate público. Es por eso que a esta hora pareciera difícil ganar el plebiscito aunque estoy convencido de que habrá una sorpresa democrática, republicana, progresista este domingo.   «