Walter Biot andaba con problemas para llegar a fin de mes, según explicó Claudia Carbonara, su esposa. “Su sueldo de 3000 euros no alcanzaba para una familia con cuatro hijos, cuatro perros, que cada mes debe pagar una hipoteca de 1200 euros”, recalcó. Es así que este Capitán de Fragata italiano de 56 años que trabajaba en el Estado Mayor de Defensa de Roma y tenía acceso a documentos secretos de la OTAN, parece haber hallado la manera de hacer una diferencia que le permitiera un respiro.

La salida apareció cuando conoció al agregado militar de la embajada rusa en la capital italiana, el oficial Dmitri Ostroújov. Al menos esa es la acusación con que las autoridades detuvieron a Biot y expulsaron del país a dos funcionarios rusos.

“Los rusos jugaron con sus debilidades, con sus problemas personales”, dijo un colega del marino italiano. “Lo que hizo es muy grave para la seguridad del país y para la OTAN. Si realmente se vendió, no tiene disculpas y arruinó su vida. Corre el riesgo de pasar al menos 15 años en la prisión”.

“Estaba desesperado. Desesperado por nuestro futuro y el de nuestros hijos. Walter estaba desde hace tiempo en crisis, temía no poder cubrir nuestros gastos. Además, por el Covid nos hemos empobrecido”, dijo la esposa, psicoterapeuta especializada en terapia de pareja, al Corriere della Sera.

Biot se convirtió en el protagonista de un nuevo cruce entre Roma y Moscú, esta vez en relación con la OTAN, la organización creada por Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría. La cancillería rusa rechazó los cargos contra sus súbditos y dijo que estudia represalias.