Las elecciones del último domingo en Ecuador terminaron con un duro golpe al proyecto de la Revolución Ciudadana, cuyo nombre proscripto obligo a renominarla como UNES en esta elección. Este golpe es el más duro de las últimos años. . Por primera vez desde 2006, una mayoría en una elección presidencial decidió no respaldar la propuesta del ex presidente Rafael Correa.

Como en cualquier elección no hay una sola causa para explicar un resultado, sino múltiples y se pueden agrupar en este caso en tres criterios concurrentes: la persecución que se vivió en los últimos años, los aciertos de diseño de la campaña electoral de la derecha y los errores de la campaña de Andres Arauz.

En Ecuador se vivió durante la presidencia de Lenin Moreno, con su gradual alejamiento primero y con su abandono pleno de los compromisos de su contrato electoral ciudadano luego, la poco habitual situación de un presidente que decidió encarcelar a su propio vicepresidente -Jorge Glass, aun detenido- y desatar un lawfare indiscriminado hacia los principales dirigentes de Alianza País, la fuerza política que lo llevase a la Presidencia del Ecuador, Rafael Correa incluido.

Una campaña organizada, constante y amplificada internacionalmente, desde los medios de comunicación sobre la supuesta “corrupción” del gobierno anterior sirvió de prólogo, como en Brasil y Argentina a las decisiones judiciales, que cual sicariato de toga y código, terminarían con gran parte de la dirigencia de Alianza País, detenida, proscripta, perseguida o exiliada.

En segundo lugar, cabe mencionar los aciertos del diseño de la campaña electoral la derecha. Un viejo conocido de Argentina, Jaime Duran Barba tendría un gran protagonismo en la operación. Con un conjunto de herramientas comunicacionales que no excluyeron noticias falsas, campaña sucia y manipulación de redes, regada de fondos inagotables, instalaron la idea de “correísmo versus anti correísmo”, expresión política difusa pero que permitió unificar en la antinomia a poco más del cincuenta por ciento del electorado y que ofreció la candidatura de Guillermo Lasso como vehículo catalizador de ese odio construido. Las similitudes con la elección de segunda vuelta de Argentina en 2015 fueron muchas, resultado incluido.

Por último, es necesario admitir críticamente los errores propios de UNES. Prácticamente sin experiencia política y como un candidato creado en la campaña, Andrés Arauz hizo una buena elección, sobre todo expresando en votos el buen recuerdo que tiene una parte importante de la población de la buena gestión del gobierno de Correa, pero su grupo político no acertó en la construcción de mayores alianzas, con una mirada demasiado endogámica sobre la sociología del país. La imposibilidad de construir una alianza firme con el movimiento indígena ya en primera vuelta – tarea para la que Evo Morales colaboro desinteresadamente – seria determinante al final del recuento de votos del último domingo.

Cerca del dieciocho por ciento de los votantes no admitió votar a Lasso a pesar de sus diferencias con el correísmo, que sin embargo no leyó esta situación y poco hizo para atraerlos hacia su opción electoral. Poca eficacia también se verificó en las estrategias de seducción política para con los votantes de la Izquierda Democrática, que había obtenido un dieciséis por ciento de los votos en la primera vuelta. Además, la omnipresente figura de Correa dejo por momentos a Arauz como un “candidato delegado” ampliando la eficacia del impacto de la estrategia de “correísmo versus anti correísmo” impulsada por la derecha. La idea de renovación que implico la candidatura de Arauz fue fagocitada por la propia estrategia, tal vez involuntaria, de su fuerza política.

Le queda por delante al movimiento popular elaborar el balance de esta experiencia. Se ratifica una vez la idea de que nuestra región sigue en disputa, la que incluso no adquiere formas similares en todos los países. La radicalización de las opciones políticas también es un dato a considerar en el diseño de las estrategias del campo popular latinoamericano, como se vio sobre todo en el Perú el último domingo.

Sin embargo, en una pelea política permanente, las conclusiones no pueden ser permanentes. Habrá éxitos de la derecha y logros de las propuestas nacional populares, de izquierda y progresistas. La tentación de sacar conclusiones de tendencias ante cada elección no parece saludable y los análisis deben regirse por la rigurosidad de cifras y antecedentes y por la prudencia en la proyección de tendencias coyunturales.

Para imponerse en el futuro cercano, el movimiento popular debe pensar que la derecha va a concurrir unida, y que para tener posibilidad de lograr éxitos electorales debe constituirse en unidad, reuniendo a los que piensan de manera similar pero buscando la amplitud de juntarse con los que no piensan en todo igual, aunque sin perder de vista que con solo diferencias cosméticas con la derecha difícilmente se genere apoyo popular. Habrá que confluir con lo diverso pero coherente, para enfrentar a lo antagónico de la derecha y su modelo neoliberal.

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